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Automovimiento

Movimiento que tiene su fuente, su causa, en la propia cosa que se mueve. La concepción de automovimiento se ha contrapuesto desde un principio a la de «impulso exterior» como presunta causa única de las transformaciones que se operan en la naturaleza. En la historia de la filosofía, la categoría de automovimiento ha surgido y se ha formado debido, en primer lugar, al planteamiento del problema relativo al «comienzo» del universo, a la causa primera de los procesos universales; en segundo lugar, a las dificultades que se presentan para explicar los procesos reales del desarrollo. Los materialistas intentaban explicar el movimiento por fuerzas y propiedades inherentes a la propia naturaleza: unión y separación de primeros principios (filosofía jónica), «amor» y «odio» (Empédocles), átomos y vacío (Leucipo, Demócrito). Los sistemas idealistas (Platón) hacían depender las transformaciones de un principio ideal que situaban más allá de las cosas. El problema relativo a la manera de concebir la causa del movimiento se hizo singularmente agudo al aparecer el dogma cristiano de la creación del mundo. Para demostrar el automovimiento del mundo es necesario descubrir en este mismo la fuente y el mecanismo de su movimiento, mientras que la teología traslada dicha fuente fuera de él («actividad» de Dios). La inconsistencia teórica (metodológica) de la concepción mecanicista de la causalidad (y de las transformaciones) estriba en que tal concepción no puede oponerse a la idea del «primer impulso» (mecánica newtoniana) y no es capaz de aclarar los procesos reales de desarrollo. Para la elucidación científica del automovimiento, se requería una transformación radical del método del pensar: en ayuda del materialismo tenía que acudir la dialéctica. La idea spinoziana de «causa sui» (causa de sí mismo), el principio leibniziano de mónada como substancia actuante por sí misma, que se determina a sí misma, las ideas kantianas sobre el desarrollo del cielo, de la tierra y del hombre, la idea de evolución en la filosofía de Schelling y finalmente, la dialéctica idealista hegeliana, son hitos en el camino de la formación de la idea de automovimiento, la cual no consiste en otra cosa que en «cierta representación de las contradicciones» (Hegel). La filosofía marxista, que defiende la visión materialista del automovimiento, subraya el contenido dialéctico de esta categoría, su incompatibilidad con la concepción mecanicista del desarrollo (simple disminución, aumento, repetición) y su nexo indisoluble con la idea dialéctica del desarrollo como unidad de contrarios.





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