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Conocimiento

Proceso en virtud del cual la realidad se refleja y reproduce en el pensamiento humano; dicho proceso está condicionado por las leyes del devenir social y se halla indisolublemente unido a la actividad práctica. El fin del conocimiento estriba en alcanzar la verdad objetiva. En el proceso del conocimiento, el hombre adquiere saber, se asimila conceptos acerca de los fenómenos reales, va comprendiendo el mundo circundante. Dicho saber se utiliza en la actividad práctica para transformar el mundo, para subordinar la naturaleza a las necesidades del ser humano. El conocimiento y la transformación práctica de la naturaleza y de la sociedad son dos facetas de un mismo proceso histórico, que se condicionan y se penetran recíprocamente. El conocer mismo constituye un momento necesario de la actividad práctica de la sociedad, pues dicha actividad es propia de los hombres y éstos la realizan basándose en el conocimiento de las propiedades y de las funciones de cosas y objetos. Por otra parte, la actividad productiva social, la práctica de la sociedad, aparece como momento necesario del proceso mismo del conocer. Sólo la inclusión de la práctica en la teoría del conocimiento ha convertido a esta última en una ciencia real, que descubre las leyes objetivas del origen y formación del saber relativo al mundo material. En las fuentes del conocimiento, se encuentra la acción práctica, activa, sobre la naturaleza, la reelaboración práctica de su sustancia, el aprovechamiento de determinadas propiedades de las cosas con vistas a la producción. Lo que en la práctica se asimila y con ello pasa a enriquecer el saber humano, su acervo de conceptos y teorías, no es la apariencia del objeto, sino sus funciones –descubiertas gracias al hacer práctico– y, con ellas, la esencia objetiva de la cosa dada. El conocimiento constituye un complejo proceso dialéctico que se efectúa en distintas formas, posee sus estadios y grados, y en él participan distintas fuerzas y aptitudes del hombre. El conocimiento –que se apoya en la experiencia, en la práctica– se inicia con las percepciones sensoriales de las cosas que rodean al ser humano. De ahí que en el proceso de la cognición desempeñe un gran papel la «contemplación viva» la conexión sensorial directa del hombre con el mundo objetivo. Fuera de las sensaciones, el hombre no puede saber nada acerca de la realidad. La «contemplación viva» se realiza en formas como la sensación, la percepción, la representación, el estudio de los hechos, la observación de los fenómenos, &c. Las sensaciones proporcionan al hombre un conocimiento de las cualidades externas de las cosas. Diferenciando lo caliente, lo frío, los colores, los olores, la dureza, la blandura, &c., el hombre se orienta con acierto en el mundo de las cosas, distingue unas de las otras, adquiere diversa información respecto a los cambios que se producen en el medio que le rodea. La percepción de las imágenes de los objetos y el hecho de conservarlas en la representación permiten operar libremente con los objetos, captar el nexo entre el aspecto [81] externo del objeto y sus funciones. Mas, por importante que sea la forma sensorial del conocimiento, ésta, de por sí, no hace posible penetrar en la ciencia de las cosas, descubrir las leyes de la realidad. Ahora bien, es precisamente en esto en lo que estriba el objetivo principal del conocer. Los datos de la «contemplación viva», de la experiencia, son elaborados y generalizados por la facultad cognoscitiva superior del hombre, por el pensamiento verbal, abstracto y lógico, que se realiza en forma de conceptos, juicios y razonamientos. Los conceptos también aparecen en el hombre como producto de su actividad productiva social. Las propiedades, las funciones de las cosas, su valor objetivo para la práctica, fijándose en la actividad señalizadora verbal de las personas, se convierten en significado y sentido de palabras con ayuda de las cuales el pensamiento humano crea determinados conceptos sobre las cosas, sus propiedades y manifestaciones. La actividad lógica del pensar se realiza en distintas formas: inducción y deducción, análisis y síntesis, formulación de hipótesis y teorías, &c. Desempeñan asimismo un gran papel en el conocimiento, la imaginación, la fantasía creadora y la intuición, que permiten componer amplias representaciones generalizadoras sobre la naturaleza de las cosas partiendo de algunos datos de la experiencia. Sin embargo, el pensamiento sólo crea ideas subjetivas; queda abierto el problema de si dichas ideas corresponden a la realidad misma. Este problema no se resuelve solamente con meros razonamientos y demostraciones teóricos, sino, ante todo, en la práctica históricosocial. Una idea subjetiva se convierte en verdad objetiva, –con la cual culmina un cielo determinado del pensamiento– tan sólo en el caso de que las acciones prácticas de la sociedad, apoyadas directa o indirectamente en dicha idea, permitan al hombre dominar fuerzas de la naturaleza o sociales. (Criterio de la verdad). Y sólo cuando la práctica social de la producción confirma la coincidencia de ideas, conocimientos y teorías con la realidad, sólo entonces, es posible hablar de la veracidad de dichas ideas, conocimientos y teorías. Lenin escribió: «De la contemplación viva al pensamiento abstracto y de éste a la práctica –tal es la vía dialéctica del conocimiento de la verdad, del conocimiento de la realidad objetiva» (t. XXXVIII, pág. 161). Las verdades de la ciencia no se comprueban prácticamente de manera definitiva mediante un experimento aislado, efectuado adrede. Toda la actividad material de la producción, la existencia de la sociedad en el transcurso de su historia toda, precisan, ahondan y comprueban el saber. La verdad es un proceso. La práctica suficientemente determinada para diferenciar del error la verdad objetiva, para confirmar la veracidad de nuestros conocimientos, es al mismo tiempo un proceso en desarrollo, limitado en cada una de sus etapas por las posibilidades de la producción, su nivel técnico, &c. Esto significa que también la práctica es relativa, en virtud de lo cual su desarrollo no permite a la verdad convertirse en un dogma en algo absoluto e invariable (Verdad absoluta y verdad relativa). La transformación revolucionaria de la sociedad y el establecimiento práctico del comunismo únicamente son posibles si se tiene un conocimiento verdadero de las leyes objetivas sociales y naturales.

 

Conocimiento directo

o intuición. Saber obtenido sin ayuda de la demostración, contemplación inmediata de la verdad, a diferencia del saber discursivo o demostrativo, siempre mediatizado no sólo por los datos de la experiencia, sino, además, por los razonamientos lógicos. En el desarrollo de la teoría del conocimiento se ha establecido la diferenciación entre dos tipos de conocimiento directo: el sensorial y el intelectual (intuición sensorial e intuición intelectual) que en las teorias metafisicas se contraponen de manera tajante uno a otro. Hasta Kant, el conocimiento directo sensorial se consideraba siempre como un saber experimental por su fuente. Kant afirmó que aparte del conocimiento directo de procedencia experimental, existen formas de conocimiento directo sensorial (espacio y tiempo) anteriores a toda experiencia (apriorísticas). Rechazó la posibilidad de la intuición intelectual para la mente humana, si bien la consideraba posible para una mente superior a la del hombre. Para Jacobi el conocimiento directo era la forma suprema del saber; a su juicio, el órgano de dicho saber radica en el «sentimiento»; en sus trabajos tardíos sostuvo que radica en la «razón». En la Antigüedad, admitieron el conocimiento directo intelectual Platón y Plotino; en el siglo XVII, los racionalistas Descartes, Spinoza y Leibniz; a fines del siglo XVIII y principios del XIX, los idealistas alemanes y los filósofos del romanticismo, Fichte, Schelling, Friedrich Schlegel; en el siglo XX, [82] lo ha admitido Husserl. Por intuición intelectual entendían la facultad de «ver» la verdad «con los ojos de la mente» y de verla, además de manera directa, sin que mediase la demostración; se consideraban verdades de ese tipo, por ejemplo, los axiomas geométricos. En el siglo XX, de la corriente formalista de la geometría ha surgido una opinión consistente en identificar los axiomas con las definiciones, desposeyéndolos del carácter de evidencia inmediata, Hegel sometió a crítica las teorías del conocimiento directo por no ser dialécticas. En el conocimiento directo veía la unidad del saber inmediato y el mediato. Sin embargo, consideraba erróneamente que la base de dicha unidad consistía en el pensamiento mismo en desarrollo. El materialismo dialéctico ve la base de la unidad del saber inmediato y el mediato en el desarrollo de la práctica material: las verdades, aprehendidas de manera mediata por la práctica y el pensamiento por ésta condicionado, se convierten –en virtud de una múltiple reproducción– en inmediatas y fidedignas.





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