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Escuela biológica en sociología

Corriente reaccionaria de la sociología burguesa de la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX. Los principios fundamentales de dicha escuela se basan en la transposición [146] mecánica de las leyes de la biología (lucha por la existencia, selección natural, estructura celular del organismo, &c.) a la vida de la sociedad humana, así como en el aprovechamiento de las ideas del malthusianismo, de la eugenesia y del racismo. La tentativa de explicar los fenómenos de la vida social con referencias a la biología es anticientífica. Como escribió Lenin, «..la aplicación de las nociones biológicas en general a las ciencias sociales es una frase», (t. XIV, pág. 315; «Materialismo y empiriocriticismo» E.P.U., 1959, pág. 368). La esencia de clase de dicha doctrina radica en la tendencia a velar las leyes reales de la vida social, representando al hombre como un ser puramente biológico, al que se atribuyen, como inherentes, los «invariables instintos» de la propiedad privada, del individualismo, &c. (véase también Antroposociología, Darvinismo social, Teoría orgánica de la sociedad).

Escuela eliaco-eretríaca

Una de las escuelas socráticas que existió en los siglos IV-III a. n. e. La fundó Fedón de Elis, discípulo predilecto de Sócrates (según Platón). Posteriormente, fue trasladada a Eretria por Menedemo (discípulo de Estilpón). No se han conservado obras originales de dicha escuela. De ella se tiene noticia, sobre todo, gracias a las obras de Cicerón y de Diógenes Laercio. Por su orientación, la escuela elíaco-eretríaca es muy afín a la escuela de Megara. Los partidarios de la escuela elíaco-eretríaca se ocupaban, fundamentalmente, de cuestiones éticas. Menedemo afirmaba que las distintas virtudes son una en su base y por este motivo se reducen a un solo bien, que consiste en el conocimiento de la verdad por la razón. También se atribuye a Menedemo la idea de que las propiedades generales de las cosas no poseen una existencia independiente sino que se manifiestan tan sólo en cosas concretas singulares. Otros representantes de la escuela: Angipilo y Asclepíades.

Escuela filosófica de la inmanencia

(del latín «immanens», inherente, propio). Una de las corrientes idealistas subjetivas de la filosofía de fines del siglo XIX. Sus representantes más eminentes fueron Schuppe, Schubert-Soldern, Rehmke, Leclair. Reconocieron su parentesco con esta corriente, Mach y Avenarius. Tenía partidarios en Rusia (Lossky y otros). Los inmanentistas criticaban la doctrina de Kant sobre la «cosa en sí» (era la denominada crítica de Kant por la derecha), propugnaban volver, desde el kantismo, a Berkeley y a Hume. Tesis fundamentales de dicha filosofía: «sólo existe lo que se piensa» el ser es inmanente a la conciencia, el objeto está indisolublemente unido al sujeto. Para evitar el solipsismo, los inmanentistas (a excepción de Schubert-Soldern, quien declaraba abiertamente mantener los principios del «solipsismo teórico cognoscitivo») introdujeron el concepto de «conciencia en general» o «conciencia genérica» existente –a su entender– con independencia del cerebro humano. Lenin, en su libro «Materialismo y empiriocriticismo» (t. XIV, pág. 199, E.P.U., 1959, pág. 227) realizó una profunda crítica de la filosofía inmanentista y de sus lazos directos con la religión. Más tarde, los filósofos del neorrealismo hicieron suya la negación de la teoría del reflejo tal como propugnaban los inmanentistas y también la caracterización del conocimiento como «entrada de las cosas en la conciencia». A principios del siglo XX, la escuela filosófica de la inmanencia degeneró en una multiplicidad de pequeñas corrientes.

Escuela funcional en sociología

Es una de las escuelas de la actual sociología burguesa de los Estados Unidos (Merton, Talcott Parsons, Pitirim Sorokin). La escuela funcional concibe la sociedad como un «sistema social» unificado, cada uno de cuyos elementos cumple una determinada función. La peculiaridad radical de dicho sistema estriba en la interacción de sus componentes y en la carencia de una base determinante única. No obstante, de hecho se considera que la parte principal, determinante, del sistema de la escuela funcional está constituida por los «tipos de valores espirituales» y, ante todo, por la religión, como elemento que cumple una función social necesaria. Las ideas de la escuela funcional representan una reacción ante el empirismo de la sociología americana de nuestros días. Por otra parte, la explicación funcional del «sistema social» se contrapone a la ciencia marxista sobre la sociedad. El carácter metafísico, el antihistoricismo y el idealismo de la escuela funcional se expresan en el reconocimiento del equilibrio del «sistema social», en la negación del concepto de proceso histórico, en excluir de la sociedad burguesa los conflictos sociales. [147]

Escuela psicológica en sociología

Concepción idealista-subjetiva de la sociedad difundida a fines del siglo XIX y comienzos del XX. Los representantes de dicha escuela buscaban la clave de los fenómenos sociales en la psique de los individuos o en la psique colectiva (interacción psíquica de los individuos). El fundador de la escuela psicológica fue el sociólogo norteamericano Lester Ward, quien veía lo cualitativamente específico de la sociedad en la naturaleza psicológica de los fenómenos sociales. Otro destacado representante de la escuela psicológica fue el sociólogo francés Gabriel Tarde quien consideraba ley fundamental de la sociología la imitación de las personas entre sí (moda, tradición). También se encuentra muy próximo a esta escuela el sociólogo alemán Georg Simmel. A principios del siglo XX, la escuela psicológica en sociología se desintegra, se renuncia en ella al psicologismo franco, rectilíneo. Las teorías psicológicas de la sociedad se fusionan con la denominada «sociología cultural’, (Alfred Weber y otros). El psicologismo contemporáneo no forma una escuela peculiar, sino que constituye un principio metodológico especial que figura en la base de casi toda la sociología burguesa. La psicologización de los fenómenos sociales se da en grado máximo en la psicología social norteamericana (Emory Bogardus, L. L. Bernard y otros). También ha alcanzado gran difusión el freudismo. El psicologismo puede considerarse como una especie de reformismo social pues en su base figura la tendencia acientífica y reaccionaria de perfeccionar la sociedad burguesa, que se degrada, recurriendo a medios psicológicos. Al mismo tiempo, el psicologismo en sociología sirve de recurso para influir sobre las amplias masas populares.

Escuela romántica

Primera manifestación madura del romanticismo. Existió en Alemania a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX. Su florecimiento corresponde a los años, de 1798-1800, cuando en Jena se estableció la estrecha colaboración de los críticos literarios Friedrich y August Schlegel, Karolina Schlegel, de los poetas Tieck y Novalis, de los filósofos Schelling y Sehleiermacher. En este período se editó la revista «Atenea» (1798). La escuela romántica combatió el racionalismo, de la Ilustración, contraponiendo a la «reflexión» sin alma el culto al sentimiento y al éxtasis creador, el cual, según los partidarios de esta escuela, descubre los secretos de la naturaleza con mayor profundidad que el paciente trabajo del sabio. Los románticos consideraban que la fuerza motriz del conocimiento radicaba en la vivencia de las contradicciones entre lo finito y lo infinito, en la tendencia hacia el infinito, la angustia debida a lo que éste tiene de inaccesible, la actitud irónica hacia uno mismo y hacia la propia obra creadora. Según los representantes de la escuela romántica el medio para poder adentrarse en lo infinito radica en el amor, en el culto místico a la naturaleza, en la creación artística, en la vivencia creadora. Idealizaban el pasado feudal y católico; algunos de ellos adoptaron el catolicismo, se convirtieron en ideólogos de la Restauración. Posteriormente surgieron escuelas románticas en Francia, Polonia, Italia, España, Dinamarca y Estados Unidos.





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