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J. Dimitrov

El tercer aniversario de la Revolución Rusa


Escrito: 1920
Primera Edición: En Rabotnicheski Vestnik n. 100, 3 de noviembre 1920
Digitalización: Aritz
Fuente: J. Dimitrov, Obras Completas, Editorial del PCB, 1952
Esta Edición: Marxists Internet Archive, año 2001



El 7 de noviembre de 1917 (25 de octubre, estilo antiguo) los obreros y campesinos rusos bajo la dirección del partido de los bolcheviques derribaron al gobierno burgués de coalició,n creado después de la Revolución de Febrero y entregaron todo el poder de la inmensa Rusia, con muchos millones de habitantes, en manos de los Soviets de obreros y campesinos.

Esta fue la primera victoria del proletariado revolucionario internacional sobre el capitalismo y el imperialismo; el comienzo de la revolución mundial.

La gran obra del proletariado ruso fue acogida por los enemigos de la Revolución tanto en Rusia, como en todos los demás países, con ruidosos vaticinios, presagiando que le poder de los Soviets no podría mantenerse más de unas semanas, que se desplomaría ineludiblemente por no poder los obreros y campesinos resolver los problemas extraordinariamente complejos de la vida económica y del Estado en un país tan inmenso como Rusia.

Sin embargo, los imperialistas internacionales y sus instrumentos -desde los conservadores más extremos hasta los socialtraidores más izquierdistas- cosecharon muy pronto grandes desilusiones. El Poder Soviético, a pesar de las enormes dificultades internas y externas, no sólo no iba a su hundimiento, sino que se afianzaba cada día más, emprendiendo audazmente transformaciones radicales y la edificación del régimen comunista en el país.

Entonces se produjeron rabiosos e incesantes ataques militares, por medio de los ejércitos contrarrevolucionarios de Kolchak, Yudenich y Denikin, organizados y financiados por los imperialistas de la Entente y acompañados por un bloqueo económico de la Rusia Soviética, contra el pueblo ruso libre, que había tomado el poder en sus manos.

Los imperialistas se regocijaban y esperaban a cada instante destruir un nido tan peligroso para ellos como lo era la revolución proletaria mundial. Sus agentes y la prensa generosamente pagada por ellos, pregonaban por todo el mundo la próxima desaparición de la Rusia bolchevique de la faz de la tierra.

Comenzaron meses muy duros y críticos para la República Socialista Federativa Soviética de Rusia, meses de privaciones, derramamiento de sangre y sacrificios. Los obreros y campesinos rusos crearon, sin embargo, su glorioso Ejército Rojo revolucionario, jamás visto hasta entonces en el mundo, que combatía con la clara conciencia de que lo hacía no sólo en defensa de su patria socialista contra los rapaces imperialistas, sino también por desbrozar el camino para la completa liberación de toda la humanidad trabajadora. Y este Ejército Rojo barrió y aniquiló definitivamente a las hordas contrarrevolucionarias de Kolchak, Yudenich y Denikin.

Pero cuando, después de esta brillante victoria, la Rusia Soviética transformaba su Ejército Rojo en ejército del trabajo y se preparaba para dedicarse por entero a su reconstrucción interior y a la edificación del nuevo régimen, los imperialistas de la Entente arrojaron sobre las espaldas del pueblo ruso el ejército de la Polonia Feudal bien organizado y equipado por la Entente.

Pero este ataque traidor tramado desde hacía mucho tiempo y preparado cidadosamente, fue rechazado por el Ejército Rojo y terminó no con el hundimiento del régimen soviético, como esperaban los imperialistas, sino con la firma de un tratado entre Polonia y la Rusia Soviética.

El tratado de paz concluido con Polonia permite hoy a la Rusia Soviética ajustar sus cuentas con el último ejército contrarrevolucionario en territorio ruso, el ejército del barón Wrangel, que amenazaba seriamente a la Rusia Meridional y que ya está sintiendo el puño de los valientes obreros y campesinos rusos.

Transcurrieron tres años en constantes luchas sangrientas contra la contrarrevolución del imperialismo.

Hay que resaltar de manera particularmente vigorosa, que todo esto se debe también en gran medida a los sindicatos obreros rusos. Después de la Revolucicón de Octubre (1917) tras de pasar el poder a manos de los Soviets de obreros y campesinos, los sindicatos obreros dejaron de ser organizaciones destinadas a la lucha contra la explotación capitalista, a la cual se le asestó un golpe mortal por la revolución proletaria. Estos se convirtieron en colaboradores activos del poder soviético, y en un firme sostén de la dictadura del proletariado.

Los sindicatos obreros rusos no sólo volcaron todas sus fuerzas en la lucha contra la ruina económica, socializacón de la gran producción, restablecimiento del transporte desorganizado y aumento máximo de la productividad del trabajo, sino que tomaron y siguen tomando una parte muy activa en el aplastamiento de la contrarrevolución, rechazando los ataques de los ejércitos contrarrevolucionarios imperialistas. Millares de ellos cayeron en los campos de batalla y los demás no escatimaron sus esfuerzos por dotar al Ejército Rojo de todo lo necesario para su victoria.

Y hoy, cuando se celebra el tercer aniversario de la gran Revolución rusa, puede decirse sin vacilación alguna que su causa hubiera fracasado, de no contar con la participación admirable de los sindicatos obreros en ella.

Sirviendo con todas sus fuerzas a la causa de la revolución proletaria, los sindicatos rusos no se encerraron, sin embargo, en sus fronteras nacionales. Profundamente impregnados de las ideas del comunismo, se consideraron obligados a colocarse al frente de la lucha por la unidad revolucionaria del movimiento sindical de todos los países, bajo la bandera de la Tercera Internacional Comunista, en nombre de la revolución comunista y de la dictadura del proletariado mundial.

El Consejo Internacional de los Sindicatos, formado por iniciativa de los sindicatos obreros rusos, que representa el principio de la Internacional Sindical Roja, contrariamente a la Federación Sindical amarilla, traidora de Ámsterdam, une diariamente en torno a sí a masas cada vez más extensas de obreros organizados sindicalmente en todos los países. La minoría de la Confederación General del Trabajo de Francia se adhirió no hace mucho a ella y esta minoría se convertirá en un próximo futuro en una inmensa mayoría. Los movimientos obreros revolucionarios de Italia e Inglaterra impulsan rápidamente a los sindicatos hacia la Internacional Sindical Roja. La situación general revolucionaria en toda Europa contribuye a que las organizaciones sindicales de masas abandonen la esfera de influencia de los viejos líderes traidores y de la Federación de Ámsterdam y adherirse al frente revolucionario del proletariado internacional. Las uniones sindicales de los países balcánicos y danubianos se han adherido ya sin reservas al Consejo Internacional de los Sindicatos y conjugan sus esfuerzos en una Federación Sindical Balcánico-Danubiana como parte de la Internacional Sindical Roja.

Sólo en unos meses (julio-octubre) el Consejo Internacional de los Sindicatos de Moscú consiguió agrupar a unos ocho millones de obreros organizados sindicalmente en los diferentes países.

El tercer aniversario de la Revolución proletaria rusa coincide con el proceso de la rápida unificación revolucionaria de las masas obreras en todos los países y presagia el próximo despliegue de la revolución proletaria mundial y el triunfo de la dictadura del proletariado en todo le mundo.

Los proletarios rusos, gracias a su sangre generosamente derramada, abrieron el camino de la liberación de la humanidad trabajadora. Conmemorando su gran obra histórica, los proletarios búlgaros se preparan intensamente para cumplir su deber con dignidad: asegurar la victoria de la revolución comunista en su propio país.




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