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J. Dimitrov

SOBRE EL VIRAJE EN EL PARTIDO
{Discurso con motivo del décimo aniversario
de la muerte de Dimiter Blagoev)

 


Escrito: 17 de Mayo 1934
Primera Edición:J. Dimitrov, Obras Completas, Editorial del PCB, 1960
Digitalización: Aritz
Esta Edición: Marxists Internet Archive, año 2000




¡Camaradas! Desafortunadamente, mi salud se agravó de nuevo después de una serie de discursos con motivo del Primero de Mayo y más tarde. Los médicos, que me están tratando, se vieron obligados a prohibirme durante un cierto tiempo pronunciar discursos y si yo, a pesar de todo, he venido a pasar un rato acá, lo he hecho por sentirme obligado a tomar parte personalmente en esta importante manifestación de la unidad del partido de Blagoev con los viejos bolcheviques rusos. Quisiera, en nombre de este Partido y desde esta tribuna, testimoniar nuestra firme voluntad de seguir en su camino a los gloriosos bolcheviques rusos. (Aplausos)

Camaradas: yo soy, uno de los discípulos de Blagoev y uno de sus colaboradores más cercanos en el curso de largos años. Blagoev, el fundador de nuestro Partido, se distinguía de los demás por unos rasgos específicos que son los rasgos específicos del estrechismo búlgaro y que atestiguan del parentesco entre el estrechismo en Bulgaria y el bolchevismo.

Estas peculiaridades de nuestro difunto dirigente Blagoev consisten en lo siguiente: 1) Irreconciliabilidad de clase frente a la burguesía y sus instrumentos socialistas derechistas (mencheviques). Clase contra clase, tal era la consigna, tal era la divisa, tal era la línea de Blagoev y del estrechismo búlgaro. 2) Todo en pro del Partido del proletariado. Completa subordinación de la vida personal, de los intereses personales, de la voluntad personal, a los intereses, a la voluntad del Partido del proletariado. 3) Fe inquebrantable, infinita, en las fuerzas y en el futuro de la clase obrera. Según mi parecer, eso fue lo que aseguró, hasta la guerra e inmediatamente después de ella, los grandes éxitos de nuestro movimiento revolucionario en Bulgaria. Es lo que nos ayudó a derrotar a los mencheviques búlgaros (los socialistas derechistas y los de la “causa común”) como en ninguna otra parte; excepto por los bolcheviques en Rusia, la socialdemocracia no ha sido derrotada de tal manera. Es lo que ayudó principalmente al Partido búlgaro a emprender el camino del bolchevismo después de la guerra (Aplausos) para llegar a ser, junto con el Partido bolchevique ruso y bajo su dirección, uno de los fundadores de la III Internacional Comunista. (Aplausos)

Pero Bagloev y el estrechismo búlgaro se diferenciaban de los bolcheviques y del bolchevismo. Y hasta en el momento, cuando nos hicimos cofundadores de la Internacional Comunista, estábamos todavía lejos de ser bolcheviques, auténticos bolcheviques. Y es por no ser bolcheviques que llegamos a los errores de 1918, inmediatamente después de la guerra, en la insurrección de las masas de soldados y también al efectuarse el golpe de Estado del 9 de junio de 1923. Esta circunstancia nos impidió organizar y dirigir el glorioso Levantamiento de Septiembre de 1923 de manera bolchevique y de asegurar su posible victoria. Esto nos impidió, al fin, ver y comprender, a su debido tiempo y de manera justa, la profunda diferencia entre el estrechismo y el bolchevismo en cuanto a las cuestiones fundamentales de la revolución proletaria.

Yo, camaradas, en mis 35 a;ntilde;os de vida revolucionaria y política, he cometido no pocos errores, pero lo que no puedo nunca olvidar, ni perdonarme nunca, son dos errores: el primer error que cometimos junto con el CC el 9 de junio de 1923, al adoptar en el momento del golpe de Estado la posición llamada “neutral”, y el segundo error que no sólo yo, sino el Partido entero no comprendimos a tiempo (todavía en los años 1918 y 1919) que nuestro estrechismo revolucionario búlgaro no era todavía bolchevismo. En aquel entonces, de la diferencia entre el estrechismo y el bolchevismo no extraímos la conclusión correspondiente, la enseñanza correspondiente, retrasando de esta manera la bolchevización de nuestro Partido, que en aquel entonces se hubiera efectuado mucho más rápidamente y se hubiera operado mucho más fácilmente.

¡Camaradas! No sólo nuestro amigos, sino también nuestros enemigos, cada uno a su manera, registraron mi heroísmo personal en Leipzig. Pero, camaradas, yo hice recordar, durante el proceso y después del proceso, que más de una vez en Bulgaria, en nuestro movimiento revolucionario, había manifestado tal heroísmo y no só:lo yo, sino decenas, cientos y miles de estrechistas, que siempre combatían con hombría, y debo decirles que uno de los rasgos característicos del estrechismo búlgaro era la lucha valiente contra sus enemigos. Miles de estrechistas cayeron durante el Levantamiento de Septiembre sin renegar del comunismo. Muchos de ellos hubieran podido salvar su vida, si hubiesen firmado declaraciones renunciando al comunismo. Si yo me hubiese comportado durante el proceso de Leipzig como viejo estrechista, hubiera sido valiente, me hubiera conducido con dignidad, pero me hubiera limitado sólo a la autodefensa personal y no hubiera desarrollado la lucha contra el fascismo que llenó de admiración a los trabajadores del mundo entero. ¡Cuando en Leipzig y Berlin, ante el tribunal fascista, llevaba en la mano izquierda el código procesal del Estado alemán y en la derecha, el programa de la Internacional Comunista... (aplausos prolongados e impetuosos), cuando a cada paso recurría a la argumentación leninista en la lucha contra el enemigo, contra el fascismo, yo no combatí como estrechista, sino como bolchevique... (aplausos prolongados), porque sólo la doctrina leninista, sólo el método bolchevique, sólo el heroísmo bolchevique pueden permitirnos combatir precisamente de esta manera y vencer!

Considero que el pasado estrechista, que la pasantía estrechista en el movimiento revolucionario búlgaro, no es una debilidad sino, al contrario, una ventaja. Sin embargo, a condición de que las tradiciones revolucionarias estrechistas y las virtudes de la vieja experiencia estrechista, marxista, se fundiesen en crisol bolchevique. (Aplausos) Y en este sentido, nuestro Partido ha dado ya los pasos fundamentales. Sin embargo, mucho le queda por hacer todavía en este sentido. Pero sólo siguiendo este camino, el Partido consiguió sacar todas las enseñanzas del Levantamiento de Septiembre para su bolchevización. De esta manera, el Partido transformó la derrota de este Levantamiento en premisa para la victoria de la futura revolución proletaria en Bulgaria. Se ganó la mayoría de la clase obera. Y sólo combatiendo por dominar y reforzar la alianza del proletariado con los campesinos trabajadores, nuestro Partido marcha hacia delante, bajo la bandera del marxismo-leninismo, hacia la lucha decisiva por la Bulgaria Soviética.

¡Camaradas! Nos hemos aleccionado, nos estamos aleccionando y seguiremos aleccionándonos también en el futuro de los gloriosos bolcheviques rusos. Somos felices porque, siguiendo el ejemplo de los viejos bolcheviques sobrevivientes, podemos reforzar aún más nuestra voluntad de lucha y nuestra fe en la victoria. Yo personalmente, en la cárcel, encadenado, hasta en los minutos más difíciles, recordaba cómo vivía el proletariado revolucionario en la Rusia zarista. Me recordaba con qué energía y qué intrepidez cientos y miles de viejos bolcheviques habían luchado contra las dificultades y peligros que se erguían en su camino. ¡Qué heroísmo manifestaron los bolcheviques rusos durante el período de la guerra civil y, después, en el dominio de la construcción socialista! ¡Y si ellos –me decía yo- resistieron con honor y dignidad a todas estas pruebas, yo, el comunista búlgaro, tenía también la obligación de mostrarme inquebrantble en mi puesto, encontrándome en una tribuna mundial, de dar un ejemplo al proletariado alemán, a mis hermanos búlgaros y a todo el proletariado internacional, de cómo debe batirse un bolchevique contra la burguesía, contra el fascismo, firmemente convencido de la victoria definitiva de la revolución proletaria! (Aplausos largos y tempestuosos. La orquesta toca la “Internacional”. En la sala se oyen gritos de toda la asistencia puesta en pie de “¡Viva el camarada Dimitrov, guía del proletariado búlgaro!)





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