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V. I. Lenin


PREFACIO A LA TRADUCCION

RUSA DE LAS CARTAS DE
C. MARX A L. KUGELMANN


Publicado en 1907 en el
folleto: C. Marx, Cartas a
L. Kugelmann, redactado y
con el prefacio de Lenin, edi-
tado en S. Petersburgo por la
Ed. Novaia Duma.
   

Se publica de acuerdo con
el texto del libro.
 
De las Obras Completas,
t. XII.
 


 
De la colección:
V. I. Lenin, Marx Engels Marxismo
EDICIONES EN LENGUAS EXTRANJERAS
PEKIN

Primera edición 1980

págs. 213-24.

 
Preparado © para el Internet por David Romagnolo, djr@marx2mao.org (Mayo de 1998)

NOTA DEL EDITOR

    La presente versión ha sido realizada sobre la base de diversas ediciones en lengua castellana y confrontada con el original ruso.

 

    pág. 213



    
    PREFACIO A LA TRADUCCION
    RUSA DE LAS CARTAS DE
    C. MARX A L. KUGELMANN


        Al editar en un folleto la recopilación completa de las cartas de Marx a Kugelmann, que aparecieron en el semanario socialdemócrata alemán Neue Zeit, nos proponemos dar a conocer más íntimamente al público ruso a Marx y el marxismo. En la correspondencia de Marx ocupan un lugar destacado, como era de esperar, los temas personales. Para un biógrafo, todo esto constituye un material muy valioso. Mas para el público en general y, particularmente, para la clase obrera de Rusia, son infinitamente más importantes aquellos pasajes de las cartas que contienen materiales de carácter teórico y político. En nuestro país, precisamente en la época revolucionaria en que vivimos, es muy instructivo profundizar en un material que testimonia cómo Marx se hacía eco inmediato de todos los problemas del movimiento obrero y de la política mundial. Tiene completa razón la redacción de Neue Zeit al afirmar que "nos eleva el conocimiento directo de aquellos hombres, cuyas ideas y voluntad

    pág. 214

    se formaron en las circunstancias de grandes revoluciones". En 1907, para los socialistas rusos, este conocimiento es doblemente necesario, ya que les proporciona multitud de las más valiosas enseñanzas acerca de las tareas inmediatas de los socialistas en todas y cada una de las revoluciones por las que atraviesa su país. Rusia pasa precisamente en nuestros días por una "gran revolución". La política seguida por Marx en los años relativamente tempestuosos de la década del 60 debe servir, con muchísima frecuencia, de modelo directo para la política socialdemócrata en la actual revolución rusa.

        Por lo tanto, nos permitiremos señalar, con la mayor brevedad, los pasajes de la correspondencia de Marx de especial importancia en el sentido teórico, y detenernos con más detalle en su política revolucionaria, como representante del proletariado.

        Desde el punto de vista de la comprensión más completa y profunda del marxismo, tiene un interés notable la carta del Il de julio de 1868 (pág. 42 y siguientes)[147]. Marx expone en ella con extraordinaria claridad, en forma de réplicas polémicas contra los economistas vulgares, el concepto suyo acerca de la llamada teoría del valor "del trabajo". Marx analiza aquí, de un modo breve, sencillo y muy claro, precisamente aquellas objeciones contra su teoría del valor que, con la mayor naturalidad, surgen en la mente de los lectores menos preparados de El Capital y que, por lo mismo, son recogidas con gran celo por los mediocres representantes de la "ciencia académica" burguesa. Marx explica en esta carta cl camino que él tomo y el que es necesario tomar para interpretar la ley del valor. En el ejemplo de las objeciones más comunes, Marx enseña cuál es su método. Descubre la relación existente entre un problema tan meramente teó-

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    rico y abstracto (al parecer) como el de la teoría del valor y "los intereses de las clases dominantes", que exigen "eternizar la confusión ". Sólo es de desear que cada uno de los que aborden el estudio de Marx y la lectura de El Capital, lea y relea la carta a la que nos referimos, al mismo tiempo que estudie los primeros y más difíciles capítulos de El Capital.

        Otros pasajes de las cartas, especialmente interesantes desde el punto de vista teórico, son las opiniones de Marx sobre diversos escritores. Cuando uno lee estos juicios de Marx, escritos en un lenguaje vivaz, llenos de pasión, que revelan su inmenso interés por todas las grandes corrientes ideológicas y por su análisis, se tiene la impresión de estar oyendo la palabra del genial pensador. Además de las opiniones manifestadas de paso sobre Dietzgen, merece especial atención de los lectores la apreciación hecha de los proudhonistas (pág. 17). La "brillante" juventud intelectual procedente de las filas de la burguesía, que se lanza "hacia el proletariado" en los períodos de ascenso social, pero que es incapaz de penetrar las concepciones de la clase obrera y trabajar tenaz y seriamente-"en las filas y en la línea" de las organizaciones proletarias, está pintada sólo con unos cuantos trazos, pero de una claridad asombrosa[148].

        De pronto una referencia a Dühring (pág. 35)[149], que parece presagiar el Anti-Dühring, la famosa obra de Engels (y de Marx) escrita nueve años más tarde. Existe una traducción rusa de dicha obra, hecha por Tsederbaum, que, por desgracia, además de omisiones contiene errores y es sencillamente una mala traducción. Hay allí mismo una mención de Thünen, que afecta también a la teoría de la renta de Ricardo. Ya por aquel entonces, en 1868, Marx rechazaba resueltamente los "errores de Ricardo", refutados definitiva-

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    mente en el tercer tomo de El Capital, aparecido en 1894, errores que hasta hoy día son repetidos por los revisionistas, empezando por nuestro ultraburgués e incluso centurionegrista señor Bulgákov, y terminando por el "casi ortodoxo" Máslov.

        Es interesante también la opinión de Marx sobre Büchner con la apreciación sobre el materialismo vulgar, así como de la "palabrería superficial" copiada de Lange (¡fuente habitual de la filosofía "profesoral" burguesa!) (en la pág. 48)[150].

        Veamos ahora la política revolucionaria de Marx. En Rusia adquirió una difusión asombrosa entre los socialdemócratas cierto concepto filisteo sobre el marxismo, según el cual el período revolucionario, con sus formas especiales de lucha y las tareas particulares del proletariado, constituye casi una anomalía, mientras que la "constitución" y la "oposición extrema" son la regla. Ningún país del mundo atraviesa ahora por una crisis revolucionaria tan profunda como Rusia y en ningún otro país existen "marxistas" (que rebajen y vulgaricen el marxismo) que asuman una posición tan escéptica y filistea frente a la revolución. ¡Del hecho de que el contenido de la revolución es burgués, llegan a la conclusión trivial de que la burguesía es la fuerza motriz de la revolución, de que las tareas del proletariado en la misma son auxiliares, no independientes, y de que es imposible que el proletariado dirija la revolución!

        ¡De qué modo desenmascara Marx en sus cartas a Kugelmann este concepto trivial acerca del marxismo! He aquí la carta del 6 de abril de 1866. Marx, a la sazón, daba término a su obra principal. Su opinión definitiva sobre la revolución alemana de 1848, ya la había dado 14 años antes de que fuese escrita esta carta[151]. En 1850, Marx mismo se había despojado de sus ilusiones socialistas sobre la proxi-

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    midad de la revolución socialista en 1848[152]. Y en 1866, al comenzar a observar las nuevas crisis políticas en maduración, escribió:

        "¿Comprenderán, por fin, nuestros filisteos (se trata de los liberales burgueses de Alemania) que sin una revolución que elimine a los Habsburgo y Hohenzollern, las cosas llevarán, en fin de cuentas, a una nueva Guerra de los Treinta Años?" . . . (págs. 13 y 14)[153].

        Ni la menor ilusión de que la próxima revolución (que se llevó a cabo desde arriba y no desde abajo, como esperaba Marx) eliminaría a la burguesía y el capitalismo. No hacía más que señalar de una manera clara y precisa que dicha revolución eliminaría a las monarquías prusiana y austriaca. ¡Y qué fe en esta revolución burguesa! ¡Qué pasión revolucionaria de luchador proletario que comprende el enorme papel de la revolución burguesa para el avance del movimiento socialista!

        Tres años más tarde, en vísperas del hundimiento del imperio napoleónico en Francia, al señalar la existencia de un movimiento social "muy interesante", Marx manifiesta con verdadero entusiasmo que "los parisienses comienzan a estudiar su reciente pasado revolucionario con vistas a prepararse para la nueva lucha revolucionaria inminente". Describiendo la lucha de clases que se ha revelado del estudio de este pasado, Marx concluye (pág. 56): "¡Y hierve la caldera de las hechiceras de la Historia! ¡Cuándo llegaremos nosotros (en Alemania) a tal estado!"[154]

        Esto es lo que deberían aprender de Marx los intelectuales marxistas rusos, postrados por el escepticismo y atontados por la pedantería, propensos a los discursos de arrepentimiento y que se cansan rápidamente de la revolución y sueñan, como si fuese una fiesta, con el entierro de la revolución

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    para sustituirla por la prosa constitucional. Deberían aprender del jefe y teórico de los proletarios a tener fe en la revolución, a saber llamar a la clase obrera a defender hasta el fin sus tareas revolucionarias inmediatas, a mantener firme el espíritu, sin llegar a los lloriqueos pusilánimes ante los reveses temporales de la revolución.

        ¡Los pedantes del marxismo piensan que todo esto es charlatanería ética, romanticismo, falta de realismo! ¡No, señores! Esto es unir la teoría revolucionaria con la política revolucionaria, unión sin la cual el marxismo se convierte en brentanismo[155], en struvismo[156], en sombartismo[157]. La doctrina de Marx fundió en un todo indisoluble la teoría y la práctica de la lucha de clases. Y no es marxista quien deforma una teoría que constata serenamente la situación objetiva, para justificar la situación existente, llegando al deseo de adaptarse cuanto antes a cada declive temporal de la revolución, de abandonar lo más rápidamente posible las "ilusiones revolucionarias" y dedicarse a pequeñeces "reales".

        Marx era capaz de sentir la proximidad de la revolución y elevar al proletariado hasta la conciencia de sus tareas revolucionarias progresivas en la época más pacífica, que podría parecer, según expresión suya, "idílica" o "desconsoladoramente estancada" (según la redacción de Neue Zeit ). En cambio, nuestros intelectuales rusos, que simplifican a Marx de modo filisteo, ¡aconsejan al proletariado, en la época de mayor auge de la revolución, que realice una política pasiva, que se deje llevar sumiso "por la corriente", que apoye tímidamente a los elementos más vacilantes del partido liberal en moda!

        La apreciación que Marx hace de la Comuna de París corona sus cartas a Kugelmann. Y esta apreciación es parti-

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    cularmente instructiva si la comparamos con los métodos empleados por los socialdemócratas rusos del ala derecha. Plejánov, que después de diciembre de 1905 exclamó con pusilanimidad: "¡No se debía haber empuñado las armas!", tenía la modestia de compararse con Marx, afirmando que también Marx frenaba la revolución en 1870.

        Sí, también Marx la frenaba. Pero fíjense en el abismo que hay entre Plejánov y Marx en la comparación hecha por el primero.

        En noviembre de 1905, un mes antes de que llegase a su punto culminante la primera ola revolucionaria rusa, Plejánov no sólo no advertía resueltamente al proletariado, sino que, por el contrario, afirmaba sin ambages que era necesario aprender a manejar las armas y armarse. Pero cuando un mes más tarde estalló la lucha, Plejánov, sin hacer el menor intento de análisis de su papel e importancia en la marcha general de los acontecimientos, de su enlace con las formas anteriores de lucha, se apresuró a pasar por un intelectual arrepentido gritando: "No se debía de haber empuñado las armas".

        En septiembre de 1870, medio año antes de la Comuna, Marx advirtió francamente a los obreros franceses, en su famoso llamamiento de la Internacional[158] que la insurrección sería una locura. Puso al descubierto de antemano las ilusiones nacionalistas respecto a la posibilidad de un movimiento en el espíritu del de I792. Supo decir muchos meses antes, y no ya después de los acontecimientos : "No se debe empuñar las armas".

        Pero, ¿qué posición asumió Marx cuando esta obra desesperada, según su propia declaración de septiembre, empezó a tomar vida en marzo de 1871? ¿Acaso Marx aprovechó esta

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    ocasión (como lo hizo Plejánov con respecto a los acontecimientos de diciembre) únicamente en "detrimento" de sus adversarios, los proudhonistas y blanquistas que dirigían la Comuna? ¿Acaso se puso a gruñir como una preceptora: "ya decía yo, ya les advertía, y ahí tenéis vuestro romanticismo, vuestros delirios revolucionarios"? ¿Acaso Marx se dirigió a los comuneros como Plejánov a los luchadores de diciembre con su sermón de filisteo autosatisfecho: "No se debía de haber empuñado las armas"?

        No. El 12 de abril de 1871 Marx escribió una carta llena de entusiasmo a Kugelmann, carta que con gran placer colgaríamos en la casa de cada socialdemócrata ruso, de cada obrero ruso que supiera leer.

        Marx, que en septiembre de 1870 había calificado la insurrección de locura, en abril de 1871, al ver el carácter popular y de masas del movimiento, lo trata con la máxima atención de quien participa en los grandes acontecimientos que marcan un paso adelante en el histórico movimiento revolucionario mundial.

        Esto -- dice Marx -- es un intento de destrozar la máquina burocrática militar, y no simplemente de entregarla a otras manos. Y canta un verdadero hosanna a los "heroicos " obreros de París, dirigidos por proudhonistas y blanquistas. "¡Qué flexibilidad -- escribió Marx --, qué iniciativa histórica y qué capacidad de sacrificio tienen estos parisienses!" (pág. 88) . . . "La historia no conoce todavía ejemplo de heroísmo semejante".

        La iniciativa histórica de las masas es lo que más aprecia Marx. ¡Oh, si nuestros socialdemócratas rusos aprendie ran de Marx a valorar la iniciativa histórica de los obreros y campesinos rusos en octubre y diciembre de 1905!

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        A un lado, el homenaje a la iniciativa histórica de las masas por parte del más profundo de los pensadores, que supo prever medio año antes el revés; y al otro, el rígido, pedantesco, falto de alma: "¡No se debía de haber empuñado las armas!" ¿No se hallan acaso tan distantes como la tierra del cielo?

        Y en su calidad de participante en la lucha de masas, en la que intervino con todo el entusiasmo y pasión que le eran inherentes, desde su exilio en Londres, Marx emprende la tarea de criticar los pasos inmediatos de los parisienses "valientes hasta la locura" y "dispuestos a tomar el cielo por asalto ".

        ¡Oh, cómo se habrían mofado entonces de Marx nuestros actuales sabios "realistas" de entre los marxistas que, en 1906-1907 se mofan en Rusia del romanticismo revolucionario! ¡Cómo se habría burlado esta gente del materialista, del economista, del enemigo de las utopías que admira el "intento" de tomar el cielo por asalto! ¡Cuántas lágrimas, cuántas risas condescendientes, cuánta compasión habrían prodigado todos estos hombres enfundados[159] respecto a las tendencias motinescas, utopistas, etc., etc., con motivo de semejante apreciación del movimiento dispuesto a asaltar el cielo!

        Pero Marx no estaba penetrado de la "archisabiduría de los albures"[160], que temen analizar la técnica de las formas superiores de la lucha revolucionaria, y analizó precisamente estas cuestiones técnicas de la insurrección. ¿Defensiva u ofensiva?, pregunta, como si las operaciones militares se desarrollasen a las puertas de Londres. Y responde: sin falta, la ofensiva, "se debía haber emprendido inmediatamente la of ensiva contra Versalles . . ."

        Esto lo escribía Marx en abril de 1871, unas semanas antes del grande y sangriento mes de mayo . . .

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        Los insurrectos que se lanzaron a la obra "loca" de tomar el cielo por asalto (septiembre de 1870) "debieron haber emprendido inmediatamente la ofensiva contra Versalles".

        "No se debía de haber empuñado las armas" en diciembre de 1905, para defenderse por la fuerza contra los primeros intentos de arrebatar las libertades conquistadas . . .

        ¡Sí, no en vano se comparaba Plejánov con Marx!

        "Segundo error -- continúa Marx en su crítica técnica --: el Comité Central" (es decir, la dirección militar ; tomen nota, pues se trata del CC de la Guardia Nacional) "renunció demasiado pronto a sus poderes . . ."

        Marx sabía prevenir a los dirigentes contra una prematura insurrección. Pero ante el proletariado que asaltaba el cielo, adoptaba la actitud de consejero práctico, de participante en la lucha de las masas que elevan todo el movimiento a un grado superior, a pesar de las teorías falsas y los errores de Blanqui y Proudhon.

        "De cualquier manera -- escribía Marx --, la insurrección de París, incíuso en el caso de ser aplastada por los lobos, cerdos y viles perros de la vieja sociedad, constituye la proeza más gloriosa de nuestro Partido desde la época de la insurrección de junio"[161].

        Y Marx, sin ocultar al proletariado ni uno solo de los errores de la Comuna, dedicó a esta proeza una obra[162] que hasta hoy día es la mejor guía para la lucha por el "cielo", y el espanto más temido por los "cerdos " liberales y radicales.

        Plejánov dedicó a diciembre una "obra" que se ha convertido casi en el Evangelio de los kadetes.

        Sí, no en vano se comparaba Plejánov con Marx.

        Kugelmann respondió a Marx, manifestándole, por lo visto, algunas dudas, haciendo alusiones a lo desesperado

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    de la empresa, al realismo en oposición al romanticismo; en todo caso, comparaba la Comuna, la insurrección, con la manifestación pacífica del 13 de junio de 1849 en París.

        Marx inmediatamente (el I7 de abril de 1871) da una severa réplica a Kugelmann.

        "La historia universal -- escribe --, sería por cierto muy fácil de hacer si la lucha sólo se aceptase con la condición de que se presentaran perspectivas infaliblemente favorables ."[163]

        En septiembre de 1870, Marx calificaba la insurrección de locura. Pero, cuando las masas se sublevan, Marx quiere marchar con ellas, aprender al lado de ellas, en el curso de la lucha, y no darles consejos burocráticos. Marx comprende que los intentos de prever de antemano, con toda precisión, las probabilidades de éxito, no serían más que charlatanería o vacua pedantería. Pone, por encima de todo, el que la clase obrera crea la historia mundial heroicamente, abnegadamente y con iniciativa. Marx consideraba a la historia desde el punto de vista de sus creadores, sin tener la posibilidad de prever de antemano, de modo infalible, las probabilidades de éxito, y no desde el punto de vista del filisteo intelectual que viene con la moraleja de que "era fácil prever . . ., no se debía de haber empuñado . . ."

        Marx sabía apreciar también el hecho de que hay mo mentos en la historia en que la lucha desesperada de las masas, incluso por una causa sin perspectiva, es indispensable para los fines de la educación ulterior de estas masas y de su preparación para la lucha siguiente.

        A nuestros quasi-marxistas actuales, a los que gustan citar a Marx al tuntún, con el único fin de utilizar su apre ciación del pasado y no de aprender de él a crear el futuro, les es completamente incomprensible, incluso ajena en prin cipio, semejante manera de plantear el problema. Plejánov

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    ni siquiera pensó en ella al emprender, después de diciembre de 1905, la tarea de "frenar . . ."

        Pero Marx plantea precisamente este problema, sin olvidarse en lo más mínimo de que, en septiembre de 1870, él mismo consideraba como locura la insurrección.

        "Los canallas burgueses de Versalles -- escribe Marx -- plantearon ante los parisienses la alternativa: aceptar el reto a la lucha o entregarse sin luchar. La desmoralización de la clase obrera en este último caso habría sido una desgracia mucho mayor que el perecimiento de cualquier número de líderes"[164].

        Con esto terminaremos nuestro breve esbozo sobre las enseñanzas de una política digna del proletariado, tal como nos las ofrece Marx en sus cartas a Kugelmann.

        La clase obrera de Rusia ha demostrado ya, y lo demostrará todavía más de una vez, que es capaz de "tomar el cielo por asalto".

    5 de febrero de 1907.





    pág. 650


    NOTAS


      [147] Se refiere a la carta de C. Marx a L. Kugelmann del 11 de julio de 1868.    [pág. 214]

      [148] Ibid., del 9 de octubre de 1866.    [pág. 215]

      [149] Ibid., del 6 de marzo de 1868.    [pág. 215]

      [150] Ibid., del 5 de diciembre de 1868.    [pág. 216]

      [151] Véase F. Engels, "La revolución y contrarrevolución en Alemania". (C. Marx y F. Engels, Obras Completas, t. VIII.)    [pág. 216]

      [152] Véase C. Marx y F. Engels, "Resumen internacional (III), (Obras Completas, t. VII) y C. Marx, "Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850" (Ibíd., t. VII.).    [pág. 217]

      [153] Véase la carta de C. Marx a L. Kugelmann del 6 de abril de 1866.    [pág. 217]

      [154] Ibid., del 3 de marzo de 1869.    [pág. 217]

      [155] El brentanismo era una "doctrina liberal-burguesa que admitía una lucha de 'clase' no revolucionaria del proletariado" (V. I. Lenin, La revolución proletaria y el renegado Kautsky, pag. 2, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekín, 1972), que debió su nombre a L. Brentano, economista burgués alemán, partidario del llamado "socialismo de Estado" quien pretendió demostrar que se podía realizar la igualdad social dentro del capitalismo mediante reformas y conciliaciones de intereses de los capitalistas y obreros. Con un vocabulario marxista como rótulo, L. Brentano y sus seguidores trataron de subordinar el movimiento obrero a los intereses de la burguesía.    [pág. 218]

      [156] El struvismo era una deformacion burguesa-reformista del marxismo. P. B. Struve y otros "marxistas legales" intentaban utilizar la bandera y el movimiento obrero en beneficio de la burguesía. Lenin en sus obras puso al descubierto en el struvismo el embrión del oportunismo internacional y el revisionismo, que más tarde tomó forma en las concepciones de Bernstein y Kautsky; él mostró la evolución natural del struvismo dentro del liberalismo nacionalista burgués. En tiempos de la Primera Guerra Mundial, Struve fue uno de los ideólogos del imperialismo ruso; ocultándose con la fraseología marxista, defendía el chovinismo social, justificaba la guerra de rapiña, la anexión, la opresión nacional bajo el falso pretexto de que "el desarrollo del capitalismo en mi país, y consecuentemente el

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    advenimiento del socialismo, será acelerado por su victoria". (V. I. Lenin, "La bancarrota de la II Internacional", Obras Completas, t. XXII.)    [pág. 218]

      [157] El sombartismo : corriente liberal-burguesa, que toma su nombre de V. Sombart, economista vulgar burgués de Alemania. Lenin decía que Sombart "tergiversa a Marx con la ayuda de citas de Marx", "remitién dose a afirmaciones aisladas de Marx, imitando el marxismo, sustituyéndolo por el brentanismo". (V. I. Lenin, "El triunfo de los kadetes y las tareas del partido obrero", Obras Completas, t. X.)    [pág. 218]

      [158] Se alude al "Segundo manifiesto del Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores sobre la guerra franco-prusiana", escrito por Marx del 6-9 de septiembre de 1870.    [pág. 219]

      [159] El hombre enfundado : héroe del cuento así titulado del escritor ruso A. Chéjov. Tipo del filisteo de corto alcance, que teme todo lo nuevo, toda iniciativa.    [pág. 221]

      [160] EI albur sabio : imagen del filisteo cobarde del cuento del escritor satírico ruso M. Saltikov-Schedrín.    [pág. 221]

      [161] Véase la carta de C. Marx a L. Kugelmann del 12 de abril de 1871.    [pág. 222]

      [162] V. I. Lenin alude al libro de C. Marx, La guerra civil en Francia.    [pág. 222]

      [163] Véase la carta de C. Marx a L. Kugelmann del 17 de abril de 1871.    [pág. 223]

      [164] Ibid.    [pág. 224]







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