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CAPITULO XVI

DIVERSAS FORMULAS PARA

LA TASA DEL PLUSVALOR

Hemos visto que la tasa del plusvalor se representa en las fórmulas:

I.

Plusvalor p plusvalor plustrabajo

= =

capital variable v Valor de la fuerza trabajo

de trabajo necesario

Las dos primeras fórmulas presentan como relación de valores lo que la tercera expone como relación entre los tiempos en que se producen esos valores. Estas fórmulas sustituibles entre sí son conceptualmente rigurosas. De ahí que en la economía política clásica las encontremos en cuanto al fondo de la cosa, pero no conscientemente elaboradas. En ella tropezamos, en cambio, con las siguientes fórmulas derivadas:

II.

Plustrabajo [a] plusvalor plusproducto

= =

jornada laboral valor del producto producto total

La misma proporción se expresa alternativamente aquí bajo la forma de los tiempos de trabajo, de los valores en los que esos tiempos se corporifican, de los productos en los que esos valores existen. Se parte, naturalmente, del [646] supuesto de que por valor del producto sólo debe entenderse el producto de valor de la jornada laboral, quedando excluida, empero, la parte constante del valor del producto.

En todas estas fórmulas el grado de explotación real del trabajo o tasa del plusvalor está expresado de manera falsa. Supongamos que la jornada laboral es de 12 horas. Si nos atenemos a los demás supuestos de nuestro ejemplo anterior, en este caso el grado efectivo de explotación del trabajo se representa en las proporciones siguientes:

6 horas de plustrabajo plusvalor de 3 chelines

= = 100 %

6 horas de trabajo necesario capital variable de 3 chelines

Conforme a la fórmula 2, en cambio, obtenemos lo siguiente:

6 horas de plustrabajo plusvalor de 3 chelines

= = 50 %

jornada laboral de 12 horas producto de valor de 6 chelines

Estas fórmulas derivadas, en realidad, expresan la proporción en que la jornada laboral o su producto de valor se divide entre el capitalista y el obrero. Por consiguiente, si fueran válidas como expresiones directas del grado de autovalorización alcanzado por el capital, regiría esta ley falsa: el plustrabajo o el plusvalor nunca puede ascender a 100 % 1. Como el plustrabajo nunca puede cons-

tituir otra cosa que una parte alícuota de la jornada laboral y el plusvalor nunca puede constituir otra cosa que una parte alícuota del producto de valor, el plustrabajo sería siempre necesariamente menor que la jornada laboral o el plusvalor siempre menor que el producto de valor. Pero

100

para que estuvieran entre sí en la relación - tendrían

100

que ser iguales. Para que el plustrabajo absorbiera la jornada laboral íntegra (se trata aquí de la jornada media de la semana laboral, del año laboral, etc.), el trabajo necesario tendría que reducirse a cero. Pero si desapareciera el trabajo necesario, desaparecería también el plustrabajo, ya que el último no es más que una función del primero.

plustrabajo plusvalor

La proporción = ,

jornada laboral producto de valor

100

pues, nunca puede alcanzar el límite de y mucho menos

100

100+x

aun subir hasta . Pero sí puede alcanzarlo

100

la tasa del plusvalor o el grado efectivo de explotación del trabajo. Tomemos, por ejemplo, las estimaciones del señor Léonce de Lavergne, según las cuales el obrero agrícola inglés obtiene sólo 1/4, y el capitalista (arrendatario), por el contrario, 3/4 del producto [2] o del valor del mismo, sea cual fuere el reparto que del botín hagan después el capitalista y el terrateniente, etc. El plustrabajo del obrero agrícola inglés, según esto, es a su trabajo necesario = 3 : 1, lo cual equivale a una tasa de explotación de 300 por ciento.

La aplicación de las fórmulas II consolida el método de la escuela [clásica] consistente en operar con la jornada [648] laboral como con una magnitud constante, y lo consolida porque aquí el plustrabajo se compara siempre con una jornada laboral de magnitud dada. Lo mismo ocurre cuando se tiene en cuenta exclusivamente la división experimentada por el producto de valor. La jornada laboral que ya se ha objetivado en un producto de valor, es siempre una jornada laboral cuyos límites están dados.

Al exponer el plusvalor y el valor de la fuerza de trabajo como fracciones del producto de valor un modo de exposición que, por lo demás, brota del propio modo capitalista de producción y cuyo significado habremos de investigar más adelante se oculta el carácter específico de la relación capitalista, a saber, el intercambio entre el capital variable y la fuerza de trabajo viva y la exclusión consiguiente del obrero respecto del producto. En lugar de esto surge la falsa apariencia de una relación asociativa en la que el obrero y el capitalista se reparten el producto conforme a la proporción de los diversos factores constitutivos del mismo [3].

Por lo demás, las fórmulas II pueden siempre reconvertirse en las fórmulas I. Si tenemos, por ejemplo,

plustrabajo de 6 horas

jornada laboral de 12 horas

el tiempo de trabajo necesario será = jornada laboral de 12 horas menos plustrabajo de 6 horas, con lo que llegamos al siguiente resultado:

plustrabajo de 6 horas 100

= ,

trabajo necesario de 6 horas 100

Una tercera fórmula, que he anticipado ya en alguna ocasión es:

III. Plusvalor plustrabajo trabajo impago

= =

valor de la fuerza de trabajo trabajo necesario trabajo pago

[649] El equívoco a que podría inducir la fórmula

trabajo impago

trabajo pago

como si el capitalista pagara el trabajo y no la fuerza de trabajo, desaparece si se tiene en cuenta el análisis que

Trabajo impago

hiciéramos anteriormente es sólo la ex-

trabajo pago

plustrabajo

presión popular de . El capitalista paga

trabajo necesario

el valor de la fuerza de trabajo (o su precio, divergente de su valor) y a cambio de ello obtiene el derecho a disponer de la fuerza viva de trabajo. Su aprovechamiento de esta fuerza de trabajo se descompone en dos períodos. Durante uno de esos períodos el obrero no produce más que un valor = al valor de su fuerza de trabajo, o sea, sólo un equivalente. A cambio del precio adelantado de la fuerza de trabajo, el capitalista, de esta suerte, obtiene un producto del mismo precio. Es como si hubiera adquirido en el mercado el producto terminado. En el período del plustrabajo, por el contrario, el aprovechamiento de la fuerza de trabajo forma valor para el capitalista, sin que ese valor le cueste un sustituto de valor [4]. Obtiene de balde esa movilización de fuerza de trabajo. Es en este sentido como el plustrabajo puede denominarse trabajo impago.

El capital, por tanto, no es sólo la posibilidad de disponer de trabajo, como dice Adam Smith. Es, en esencia, la posibilidad de disponer de trabajo impago. Todo plusvalor, cualquiera que sea la figura particular ganancia, interés, renta, etc. en que posteriormente cristalice, es con arreglo a su sustancia la concreción material de tiempo de trabajo impago. El misterio de la autovalorización del capital se resuelve en el hecho de que éste puede disponer de una cantidad determinada de trabajo ajeno impago. [a] a En la edición francesa de "El capital" Marx puso esa primera fórmula entre paréntesis porque según explicó en una nota "la noción de plustrabajo no se encuentra explícitamente en la economía política burguesa".

1 17 Así, por ejemplo, en la "Dritter Brief an v. Kirchmann von Rodbertus. Widerlegung der Ricardo'schen Theorie von der Grundrente und Begründung einer neuen Rententheorie", Berlín, 1851. Volveré más adelante sobre esta obra, que pese a su falsa teoría acerca de la renta de la tierra percibe claramente la esencia de la producción capitalista. {F. E. Agregado a la 3ª edición. Puede verse aquí con qué benevolencia juzgaba Marx a sus predecesores cuando advertía en ellos un progreso efectivo, una idea realmente nueva. Entretanto, la publicación de las cartas de Rodbertus a Rudolf Meyer ha restringido hasta cierto punto el reconocimiento que figura más arriba. Se dice allí: "Es menester salvar al capital no sólo del trabajo, sino de sí mismo, y esto en realidad se efectúa de la mejor manera cuando se concibe la actividad del empresario-capitalista como funciones de economía nacional o estatal que le son delegadas por la propiedad del capital, y su ganancia como una forma de sueldo, puesto que no conocemos otra organización social. Pero habría que regular los sueldos, y también reducirlos cuando toman demasiado del salario. De esta suerte es, también, como hay que contrarrestar el ataque lanzado por Marx contra la sociedad que así llamaría yo a su libro ... En general, el libro de Marx no es tanto una investigación acerca del capital como una polémica contra la forma actual del capital, que él confunde con el concepto mismo de capital; de esta confusión precisamente, derivan sus errores." ("Briefe... von Dr. Rodbertus-Jagetzow, editadas por el doctor Rudolf Meyer, Berlín, 1881, t. I, p. 111, carta 48 de Rodbertus.) En tales lugares comunes ideológicos vinieron a empantanarse los primeros ímpetus, realmente audaces, de las "cartas sociales" de Rodbertus.}

[2] 18 En este cálculo, evidentemente, se ha descontado ya la parte del producto destinada sólo a remplazar el capital constante invertido. El señor Léonce de Lavergne, ciego admirador de Inglaterra, tiende a dar una proporción demasiado baja más que una demasiado elevada.

[3] 19 Puesto que todas las formas desarrolladas del proceso capitalista de producción son formas de la cooperación, nada más fácil, desde luego, que abstraerse de su carácter específicamente antagónico y convertirlas quiméricamente en formas asociativas libres, como en la obra del conde Alexandre de Laborde, "De l'esprit de l'association dans tous les intérêts de la communauté", París 1818. El yanqui Henry Carey ejecuta este artilugio con el mismo éxito, llegando a aplicarlo, ocasionalmente, a las relaciones del sistema esclavista.

[4] 20 Aunque los fisiócratas no lograron penetrar el misterio del plusvalor, para ellos era claro, sin embargo, que aquél era "una riqueza independiente y disponible que él" (el poseedor) "no ha comprado y que vende". (Turgot, "Réflexions...", p. 11.)







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