marxismoeducar.cl

        Estás en  Biblioteca...                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   





CAPITULO XXII

TRANSFORMACION DE PLUSVALOR

EN CAPITAL

1. Proceso de producción capitalista en una escala ampliada. Trastrocamiento de las leyes de propiedad correspondientes

a la producción de mercancías en

leyes de la apropiación capitalista

Con anterioridad debimos considerar cómo el plusvalor surge del capital; ahora hemos de examinar cómo el capital surge del plusvalor. El empleo de plusvalor como capital, o la reconversión de plusvalor en capital, es lo que se denomina acumulación del capital 1.

Supongamos que un capital asciende a [sterling] 10.000 y su parte constitutiva variable a [sterling] 2.000. Si la tasa del plusvalor es de 100 %, ese capital producirá en cierto período por ejemplo un año un plusvalor de [sterling] 2.000. Si nuevamente se adelantan esas [sterling] 2.000 como capital, el capital originario habrá aumentado de [sterling] 10.000 a 12.000, es decir que se habrá acumulado. Nos resulta indiferente por el momento, que el capital suplementario se haya sumado al viejo o que se haya valorizado de manera autónoma [a].

Una suma de valor de [sterling] 2.000 es una suma de valor de [sterling] 2.000. No se huele ni se ve, en ese dinero, que sea plusvalor. El carácter de un valor en cuanto plusvalor muestra cómo llegó a las manos de su propietario, pero no modifica en nada la naturaleza del valor o del dinero [b]22 [Nota idéntica a la nota 22 de la 2ª edición: ver aquí, p. 719]. 2 3. [715] La transformación de las [sterling] 2.000 suplementarias en capital, pues, se efectúa de la misma manera que la transformación de las [sterling] 10.000 originarias. Las condiciones de la metamorfosis siguen siendo las mismas. Una parte de las [sterling] 2.000 tiene que transformarse en capital constante, [716] la otra en capital variable; la una en los factores objetivos del proceso laboral, en material de trabajo y medios de trabajo, la otra en su factor subjetivo, en la fuerza de trabajo. El capitalista, pues, tiene que encontrar en el mercado, preexistentes, esos elementos. Así se presenta el [717] proceso desde el punto de vista del capitalista individual que convierte la suma dineraria de [sterling] 10.000 en un valor mercantil de [sterling] 12.000, reconvierte ese valor mercantil en dinero por el importe de [sterling] 12.000 y ahora, junto al valor originario de [sterling] 10.000, hace que el valor suplementario de [sterling] 2.000 funcione también como su capital. [exclamdown]Pero consideremos las [sterling] 10.000 como el capital social o como el capital global de la clase capitalista, y las [sterling] 2.000 como su plusvalor producido durante el año, por ejemplo! El plusvalor está corporificado en un producto suplementario o plusproducto. Una parte de ese plusproducto entra en el fondo de consumo de los capitalistas o se lo consume como rédito. Haciendo caso omiso de esa parte y asimismo del comercio internacional, que sustituye variedades locales de mercancías por extranjeras, el plusproducto se compone, en su forma natural, únicamente de medios de producción, materias primas, materias auxiliares, medios de trabajo y de los medios de subsistencia necesarios, o sea de los elementos materiales del capital constante y del variable. Estos medios, pues, no se encuentran casualmente en el mercado, sino que ya son modos de existencia previos del propio plusvalor producido. En lo que respecta, empero, al trabajo suplementario requerido, hasta cierto punto es posible ocupar más plenamente [718] las fuerzas de trabajo que ya están en funcionamiento, emplearlas en un grado mayor de extensión o intnsidad. Por otra parte, el proceso capitalista de producción ya ha proporcionado, junto a los elementos materiales del capital suplementario, también fuerzas de trabajo adicionales. Ocurre, en efecto, que la clase obrera sale del proceso tal como ingresó al mismo, por lo cual es necesario que sus niños de diversas edades, cuya existencia es asegurada por el salario medio, entren constantemente junto a ella al mercado de trabajo. Examinándola concretamente, pues, la acumulación es el proceso de reproducción capitalista en escala ampliada.

Al plusvalor de [sterling] 2.000 transformado en capital suplementario denominémoslo pluscapital nº 1. Para simplificar, supongamos que su división en componentes constante y variable siga siendo la misma que en el caso del capital originario, y que otro tanto ocurra con la tasa del plusvalor 100 % ; ya conocemos, además, el método por el cual este capital de [sterling] 2.000 produce un plusvalor de [sterling] 400. Este plusvalor se transformará a su vez en capital. Obtenemos, de esta suerte, el pluscapital nº 2, de [sterling] 400, y así sucesivamente.

Ahora bien, ¿qué se ha modificado? Las [sterling] 10.000 transformadas originariamente en capital, eran propiedad de su poseedor, quien las lanzó al mercado de mercancías y al de trabajo. ¿De dónde las había obtenido? No lo sabemos. La ley del intercambio de mercancías, según la cual por término medio se intercambian equivalentes y cada uno sólo compra mercancía con mercancía, favorece la suposición de que las [sterling] 10.000 son la forma dineraria de sus propios productos y por consiguiente de su propio trabajo, o del trabajo de personas a las que representa legítimamente.

Conocemos exactamente, en cambio, el proceso por el que se genera el pluscapital nº 1. Es la forma transfigurada de plusvalor, y por tanto de plustrabajo, de trabajo ajeno impago. No hay en él un solo átomo de valor por el cual su poseedor haya pagado un equivalente. Sin duda el capitalista, así como antes compraba fuerza de trabajo con una parte del capital originario, ahora reitera esa compra con una parte del pluscapital, y nuevamente extrae plustrabajo de la fuerza de trabajo y, por ende, produce de nuevo plusvalor. Pero ahora compra al obrero con el producto o valor [719] de productos propio de éste y del que lo ha despojado antes sin equivalente, así como lo ocupa con medios de producción que son in natura, o por su valor, producto que se le ha confiscado al obrero, sin equivalente. Nada cambia en la naturaleza de las cosas el hecho de que los mismos obreros individuales que han producido el pluscapital sean empleados con éste, o que con el trabajo impago, transformado en dinero, del obrero A se ocupe al obrero B. Esto no hace más que modificar la manifestación, sin embellecerla. Como la relación entre el capitalista individual y el obrero individual es la que existe entre poseedores de mercancías que no dependen el uno del otro y de los cuales el primero compra fuerza de trabajo, el segundo la vende, su vinculación es casual. Puede ocurrir que el capitalista transforme el pluscapital en una máquina que arroje a la calle a los productores de dicho pluscapital y los remplace por un par de niños.

En el pluscapital nº 1 todos los componentes son producto de trabajo ajeno impago,plusvalor capitalizado. Se desvanece la apariencia de la primera presentación del proceso de producción o del primer acto de la formación del capital, cuando parecía, en realidad, como si el capitalista arrojara a la circulación, de su propio fondo, cualesquiera valores. En un primer momento, la magia invisible del proceso desvía del obrero el plusproducto, haciéndolo pasar de su polo al polo opuesto, ocupado por el capitalista. Luego el capitalista transforma esa riqueza, que para él es una creación de la nada, en capital, en medio para emplear, dominar y explotar fuerza de trabajo suplementaria [4].

Originariamente, el proceso capitalista de producción se limitaba a transformar en capital, y por tanto en fuente de plusvalor, una suma de valor que pertenecía no sabemos por qué motivos al poseedor de dinero. Esa suma de valor experimenta una modificación, pero ella misma no es el resultado del proceso, sino más bien su presupuesto, independiente del mismo. En el proceso de reproducción simple, o proceso de producción continua, [720] hay una parte del producto del obrero que siempre se le enfrenta de nuevo como capital variable, pero si su producto asume siempre de nuevo esa forma es porque el obrero, desde un principio, vendió su fuerza de trabajo por el dinero del capitalista. Por último, en el curso de la reproducción todo el valor de capital adelantado se transforma en plusvalor capitalizado, pero esta transformación misma supone que el fondo haya surgido, originariamente, de los medios propios del capitalista. Las cosas suceden de otra manera en el proceso de acumulación o proceso de reproducción en escala ampliada. El dinero mismo o, hablando materialmente, los medios de producción y de subsistencia, esto es, la sustancia del nuevo capital, es el producto del proceso que succiona trabajo ajeno impago. El capital ha producido capital.

Una suma de valor de [sterling] 10.000, perteneciente al capitalista, constituía el supuesto para la formación del pluscapital nº 1, de [sterling] 2.000. El supuesto del pluscapital nº 2 de [sterling] 400, no es otra cosa que la existencia del pluscapital nº 1. La propiedad de trabajo pretérito impago se manifiesta ahora como la única condición en que se funda la apropiación actual de trabajo vivo impago, en escala siempre creciente.

En la medida en que el plusvalor del que se compone el pluscapital nº 1 es el resultado de la compra de la fuerza de trabajo por medio de una parte del capital originario compra que se ajusta a las leyes del intercambio mercantil y que, desde el punto de vista jurídico, no presupone otra cosa que la libre disposición por parte del obrero sobre sus propias capacidades, y por parte del poseedor de dinero o de mercancías la libre disposición de los valores que le pertenecen ; en la medida en que el pluscapital nº II, etc., es el mero resultado del pluscapital nº I, y por tanto consecuencia de esa primera relación; en cuanto cada transacción singular se ajusta continuamente a la ley del intercambio mercantil, y el capitalista compra siempre la fuerza de trabajo y el obrero siempre la vende queremos suponer que a su valor efectivo , es evidente que la ley de la apropiación o ley de la propiedad privada, ley que se funda en la producción y circulación de mercancías, se trastrueca, obedeciendo a su dialéctica propia, [721] interna e inevilable, en su contrario directo 5a Nota suprimida en la 3ª y 4ª edición. Con variantes, se la incorpora más adelante (ver nota 24 de la 4ª edición y el texto correspondiente).. El intercambio de equivalentes, que aparecía como la operación originaria, se falsea a tal punto que los intercambios ahora sólo se efectúan en apariencia, puesto que, en primer término, la misma parte de capital intercambiada por fuerza de trabajo es sólo una parte del producto de trabajo ajeno apropiado sin equivalente, y en segundo lugar su productor, el obrero, no sólo tiene que reintegrarla, sino que reintegrarla con un nuevo excedente. La relación de intercambio entre el capitalista y el obrero, pues, se convierte en nada más que una apariencia correspondiente al proceso de circulación, en una mera forma que es extraña al contenido mismo y que no hace más que mistificarlo. La compra y venta constantes de la fuerza de trabajo es la forma. El contenido consiste en que el capitalista cambia sin cesar una parte del trabajo ajeno ya objetivado, del que se apropia constantemente sin equivalente, por una cantidad cada vez mayor de trabajo vivo ajeno. Originariamente, el derecho de propiedad aparecía ante nosotros como si estuviera fundado en el trabajo propio. Por lo menos habíamos tenido que admitir esta suposición, ya que sólo se enfrentaban poseedores de mercancías igualados ante el derecho, el medio para la apropiación de la mercancía ajena era solamente la enajenación de la mercancía propia, y ésta sólo podía producirse por el trabajo propio. La propiedad aparece ahora, de parte del capitalista, como el derecho a apropiarse de trabajo ajeno impago o de su producto; de parte del obrero, como la imposibilidad de apropiarse de su propio producto. La escisión entre propiedad y trabajo se convierte en la consecuencia necesaria [722] de una ley que aparentemente partía de la identidad de ambos [6]a Nota 23 en la 4ª edición. c24 [Nota de la 4ª edición.] Admírese, pues, la astucia de Proudhon, que quiere abolir la propiedad capitalista contraponiéndole... [exclamdown]las leyes eternas de propiedad correspondientes a la producción de mercancías!. Veíamos que, incluso en el caso de la reproducción simple, todo capital adelantado, cualquiera que fuese la manera en que originariamente se lo hubiera adquirido, se transformaba en capital acumulado o plusvalor [723] capitalizado. Pero en el fluir de la producción, todo capital adelantado originariamente deviene, en general, una magnitud evanescente (magnitudo evanescens en el sentido matemático), comparada con el capital acumulado directamente, esto es, con el plusvalor o plusproducto [724] reconvertido en capital, ya funcione ahora en las manos que lo acumularon o en manos extrañas. De ahí que la economía política, en general, presente al capital como "riqueza acumulada" (plusvalor o rédito transformado) "que se emplea de nuevo para la producción de [725] plusvalor" [7]a En la 2ª edición se citaba: "R. Jones, "An Introductory Lecture on Political Economy", Londres, 1833, p. 16"., o al capitalista, asimismo, como "poseedor del plusproducto" [8]. El mismo modo de contemplar las cosas posee otra forma de expresión: que todo el capital existente es interés acumulado o capitalizado, ya que el interés es meramente una fracción del plusvalor [9].

2. Concepción errónea, por parte de la economía política, de la reproducción en escala ampliada

Antes que pasemos a caracterizar más de cerca la acumulación, o sea de la reconversión del plusvalor en capital, hemos de disipar un equívoco fraguado por la economía clásica.

Así como las mercancías que el capitalista compra con una parte del plusvalor para su propio consumo no le sirven como medios de producción y de valorización, el trabajo que adquiere para la satisfacción de sus necesidades naturales y sociales no es trabajo productivo. Mediante la compra de esas mercancías y de ese trabajo, en vez de transformar el plusvalor en capital, efectúa una operación inversa: lo consume o gasta como rédito. Frente al modo de operar de la vieja aristocracia, que, como dice acertadamente Hegel, "consiste en el consumo de lo existente" [10] y que se despliega especialmente también en el lujo de los servicios personales, para la economía burguesa era decisivamente importante poner de relieve que el evangelio de la nueva sociedad, o sea la acumulación del capital, predicaba como conditio sine qua la inversión de plusvalor en la adquisición de obreros productivos [d]. Hubo que polemizar, por otra parte, contra el prejuicio popular, que confunde la producción capitalista con el atesoramiento [11] 12 y que por tanto se imagina absurdamente que la riqueza acumulada es riqueza sustraída a la destrucción, y por tanto al consumo, bajo su forma natural existente, o también salvada de la circulación. Rescatar el dinero [727] de la circulación sería precisamente lo contrario de valorizarlo como capital, y acumular mercancías para atesorarlas, pura necedad [e]. La acumulación de mercancías en grandes cantidades es el resultado de que la circulación se ha estancado o de la sobreproducción [13]. Ciertamente, en la idea popular subyace, por una parte, la imagen de los bienes acopiados en el fondo de consumo de los ricos, bienes que se consumen lentamente, y por otra parte el almacenamiento, un fenómeno que se da en todos los modos de producción y en el que nos detendremos un momento cuando analicemos el proceso de circulación.

La economía clásica acierta, pues, cuando pone de relieve, como rasgo característico del proceso de acumulación, el consumo del plusproducto por trabajadores productivos en vez de por improductivos. Pero aquí comienza también a errar. Adam Smith ha convertido en una moda el presentar la acumulación meramente como consumo del plusproducto por trabajadores productivos, o la capitalización del plusvalor como la mera conversión del mismo en fuerza de trabajo. Oigamos, por ejemplo, a Ricardo: "Hemos de comprender que todos los productos de un país se consumen, pero existe la mayor diferencia imaginable entre que los consuman quienes reproducen otro valor o que lo hagan aquellos que no lo reproducen. Cuando decimos que el rédito se ahorra y se agrega al capital, lo que queremos significar es que la parte del rédito de la que se dice que se agrega al capital, es consumida por trabajadores productivos y no por improductivos. No puede haber error mayor que suponer que el capital se acrecienta por el no consumo" [14]. No puede haber error mayor que el que repiten siguiendo a Adam Smith Ricardo y todos los economistas posteriores, cuando afirman que "la parte del rédito de la que se dice que se agrega al capital, es consumida por trabajadores productivos". Según esta representación, todo el [728] plusvalor que se transforma en capital se convertiría en capital variable. Por el contrario se distribuye al igual que el valor adelantado originariamente en capital constante y capital variable, en medios de producción y fuerza de trabajo. La fuerza de trabajo es la forma bajo la cual el capital variable existe dentro del proceso de producción. En este proceso ella misma es consumida por el capitalista. Por medio de su función el trabajo ella consume medios de producción. A la vez, el dinero pagado en la adquisición de la fuerza de trabajo se transforma en medios de subsistencia que no son consumidos por el "trabajo productivo" sino por el "trabajador productivo". A través de un análisis cabalmente equivocado, Adam Smith llega al resultado absurdo de que aun cuando cada capital individual se divida en un componente constante y otro variable, el capital social se resuelve únicamente en capital variable, o sea se gasta exclusivamente en el pago de salarios. Supongamos, por ejemplo, que un fabricante de paños transforma [sterling] 2.000 en capital. Invierte una parte del dinero en la adquisición de tejedores, la otra en hilado de lana, maquinaria para elaborar ese textil, etc. Pero, a su vez, la gente a la que él compra el hilado y la maquinaria, con una parte de esa suma paga el trabajo, etcétera, hasta que las [sterling] 2.000 en su totalidad se hayan gastado en el pago de salarios, o sea hasta que todo el producto representado por las [sterling] 2.000 haya sido consumido por trabajadores productivos. Como vemos, todo el peso de este argumento radica en la palabra "etcétera", que nos envía de la Ceca a la Meca. En realidad, Adam Smith interrumpe la investigación precisamente allí donde comienzan las dificultades de la misma [15] f. En el [729] capítulo III [g] del libro segundo efectuaré el análisis de la conexión real [h]32 [Nota idéntica a la 32 de la 2ª edición]. 16. Se mostrará allí cómo el dogma legado por Adam Smith a todos sus sucesores ha impedido a la economía política comprender, incluso, el mecanismo elemental del proceso social de reproducción [17]c En la 4ª edición: "En la sección tercera del libro segundo y en la séptima del tercero"..

3. División del plusvalor en capital y rédito.

La teoría de la abstinencia

En el capítulo anterior consideramos el plusvalor, o en su caso el plusproducto, sólo como fondo individual de consumo del capitalista; en este capítulo, hasta aquí, [730] únicamente como fondo de acumulación. Pero no es ni una cosa ni la otra, sino ambas a la vez. El capitalista consume como rédito una parte del plusvalor [18], y emplea o acumula otra parte como capital.

Una vez dada la masa del plusvalor, la magnitud de la acumulación depende, como es obvio, de cómo se divida el plusvalor entre el fondo de acumulación y el de consumo, entre el capital y el rédito. Cuanto mayor sea una parte, tanto menor será la otra. La masa del plusvalor o del plusproducto, y por tanto esa masa de la riqueza disponible de un país a la que es posible transformar en capital, es siempre mayor, pues, que la parte del plusvalor transformada efectivamente en capital. Cuanto más desarrollada esté la producción capitalista en un país, cuanto más rápida y masiva sea la acumulación, cuanto más rico sea dicho país y más colosal, por consiguiente, el lujo y el derroche, tanto mayor será esa diferencia. Prescindiendo del incremento anual de la riqueza, la riqueza que se encuentra en el fondo de consumo del capitalista y que sólo es susceptible de destrucción gradual, posee en parte formas naturales bajo las cuales podría funcionar directamente como capital. Entre los elementos existentes de la riqueza que podrían funcionar en el proceso de producción, se cuentan todas aquellas fuerzas de trabajo que no son consumidas o que lo son en prestaciones de servicio puramente formales y a menudo infames. La proporción en que se divide el plusvalor entre capital y rédito varía incesantemente y está sujeta a circunstancias que no hemos de examinar aquí. El capital empleado en un país, pues, no es una magnitud fija, sino fluctuante, una fracción siempre variable y elástica de la riqueza existente que puede funcionar como capital.

Puesto que la apropiación constante del plusvalor o plusproducto producido por el obrero aparece, a los ojos del capitalista, cual fructificación periódica de su capital o, dicho de otra manera, puesto que el producto del trabajo ajeno que él adquiere sin cambiarlo por equivalente de [731] ningún tipo se le presenta como incremento periódico de su patrimonio privado, resulta también natural que la división de este plusvalor o plusprodcto en capital suplementario y fondo de consumo esté mediada por un acto voluntario ejecutado por el capitalista [i].

Sólo en cuanto capital personificado el capitalista tiene un valor histórico y ese derecho histórico a la existencia que, como dice el ingenioso Lichnowski, ninguna fecha no tiene [19]. Sólo en tal caso su propia necesidad transitoria está ínsita en la necesidad transitoria del modo capitalista de producción. Pero en cuanto capital personificado, su motivo impulsor no es el valor de uso y el disfrute, sino el valor de cambio y su acrecentamiento. Como fanático de la valorización del valor, el capitalista constriñe implacablemente a la humanidad a producir por producir, y por consiguiente a desarrollar las fuerzas productivas sociales y a crear condiciones materiales de producción que son las únicas capaces de constituir la base real de una formación social superior cuyo principio fundamental sea el desarrollo pleno y libre de cada individuo. El capitalista sólo es respetable en cuanto personificación del capital. En cuanto tal, comparte con el atesorador el afán absotuto de enriquecerse. Pero además, las leyes inmanentes del modo capitalista de producción, que imponen a todo capitalista individual la competencia como ley coercitiva externa, lo obligan a expandir continuamente su capital para conservarlo [j]. Por consiguiente, en la medida en que sus [732] acciones son únicamente una función del capital que en él está dotado de voluntad y conciencia, su propio consumo privado se le presenta como un robo perpetrado contra la acumulación de su capital, así como en la contabilidad italiana los gastos privados figuran en la columna de lo que el capitalista "debe" al capital. La acumulación es la conquista del mundo de la riqueza social. Al expandir la masa del material humano explotado, dilata el dominio directo e indirecto ejercido por el capitalista" [20] 21.

[733] Pero el pecado original acecha en todas partes. Al desarrollarse el modo capitalista de producción, al crecer la acumulación y la riqueza, el capitalista deja de ser la mera encarnación del capital. Siente un "enternecimiento humano" [22] por su propio Adán [23] y se civiliza hasta el punto de ridiculizar como prejuicio del atesorador arcaico la pasión por el ascetismo. Mientras que el capitalista clásico estigmatizaba el consumo individual como pecado contra su función y como un "abstenerse" de la acumulación, el capitalista modernizado está ya en condiciones de concebir la acumulación como "renunciamiento" a su afán de disfrute. "[exclamdown]Dos almas moran, ay, en su pecho, y una quiere divorciarse de la otra"! [24]

En los inicios históricos del modo capitalista de producción y todo capitalista advenedizo recorre individualmente esa fase histórica el afán de enriquecerse y la avaricia prevalecen como pasiones absolutas. Pero el progreso de la producción capitalista no sólo crea un mundo de disfrutes. Con la especulación y el sistema del crédito, ese progreso abre mil fuentes de enriquecimiento repentino. Una vez alcanzado cierto nivel de desarrollo el "desgraciado" capitalista debe practicar, incluso como necesidad del negocio, cierto grado convencional de despilfarro, que es a la vez ostentación de la riqueza y por ende medio de crédito. El lujo entra así en los costos de representación del capital. Por lo demás, el capitalista no se enriquece como sí lo hacía el atesorador en proporción a su trabajo personal y a su no consumo individual, sino en la medida en que succiona fuerza de trabajo ajeno e impone al obrero el renunciamiento a todos los disfrutes de la vida. Por tanto, aunque el derroche del capitalista no posee nunca el carácter bona fide [de buena fe] que distinguía al del pródigo señor feudal, y en su trasfondo acechan siempre la más sucia de las avaricias y el más [734] temeroso de los cálculos, su prodigalidad se acrecienta, no obstante, a la par de su acumulación, sin que la una perjudique necesariamente a la otra y viceversa. Con ello, a la vez, se desarrolla en el noble pecho del individuo capitalista un conflicto fáustico entre el afán de acumular y el de disfrutar.

"La industria de Manchester", se afirma en una obra publicada en 1795 por el doctor Aikin, "puede dividirse en cuatro períodos. En el primero, los fabricantes se veían obligados a trabajar duramente para ganar su sustento." Se enriquecían, en particular, robando a los padres que les confiaban sus hijos como apprentices y que tenían que pagar buenas sumas por ello, mientras que los aprendices se morían de hambre. Por otra parte, las ganancias medias eran exiguas y la acumulación exigía un ahorro estricto. Vivían como atesoradore y no consumían, ni mucho menos, los intereses de su capital. "En el segundo período comenzaron a adquirir fortunas pequeñas, pero trabajaban tan duramente como antes" pues la explotación directa del trabajo cuesta trabajo, como lo sabe todo capataz de esclavos "y vivían como siempre con la misma frugalidad... En el tercer período comenzó el lujo, y el negocio se expandió gracias al envío de jinetes" (commis voyageurs [viajantes de comercio] montados) "que gestionaban pedidos en todas las ciudades de mercado existentes en el reino [...]. Es probable que antes de 1690 sólo existieran pocos capitales de [sterling] 3.000 a [sterling] 4.000 adquiridos en la industria, o ninguno. Sin embargo, alrededor de esa fecha o algo después ya los industriales habían acumulado dinero y comenzaron a construirse casas de piedra, en vez de las de madera y estuco. Todavía en los primeros decenios del siglo XVIII, un fabricante de Manchester que ofreciera una pinta [k] de vino importado a sus huéspedes, se exponía a los comentarios y murmuraciones de todos sus vecinos." Antes de la aparición de la maquinaria, el consumo de un fabricante, en las tabernas donde se reunía con sus cofrades, nunca pasaba cada noche de 6 peniques por un vaso de ponche y 1 penique por un rollo de tabaco. No fue hasta 1758, y el acontecimiento hizo época, cuando se vio "que una persona realmente dedicada a los negocios poseyera un coche". "El cuarto período", el último tercio del siglo XVIII, "es el de gran lujo y derroche, fundados en el auge de los negocios" [25]. [exclamdown]Qué diría el bueno del doctor Aikin si resucitara en el Manchester de hoy día!

[exclamdown]Acumulad, acumulad! [exclamdown]He ahí a Moisés y los profetas! [26] "La industria provee el material que el ahorro acumula" [27]. Por tanto, [exclamdown]ahorrad, ahorrad, esto es, reconvertid en capital la mayor parte posible del plusvalor o del plusproducto! Acumulación por la acumulación, producción por la producción misma; la economía clásica expresa bajo esta fórmula la misión histórica del período burgués. Dicha economía no se engañó ni por un instante acerca de los dolores que acompañan el parto de la riqueza [28] 29, ¿pero de qué sirven los lamentos frente a la necesidad histórica? Mas si para la economía clásica el proletario sólo era una máquina destinada a producir plusvalor, tampoco el capitalista era, para ella, más que una máquina dedicada a la transformación de ese plusvalor en pluscapital. Esa escuela toma terriblemente en serio la función histórica del capitalista. Para que el pecho de éste no pueda ser asaltado por el conflicto funesto entre el afán de disfrute y el de enriquecerse, Malthus preconizó, a comienzos del tercer decenio de este siglo, una división del trabajo según la cual al capitalista que efectivamente interviene en la producción le atañe el negocio de la acumulación, y a los otros partícipes del plusvalor la aristocracia rural, los prebendados estatales y eclesiásticos, etcétera el cometido de despilfarrar. Es importantísimo, dice, "mantener separadas la pasión de gastar y la pasión de acumular (the passion for expenditure and the passion for accumulation)" [30]. Los señores capitalistas, transformados desde hace mucho tiempo en derrochadores y hombres de mundo, pusieron el grito en el cielo. [exclamdown]Cómo!, exclama uno de sus corifeos, un ricardiano, [exclamdown]el señor Malthus [736] propugna elevadas rentas de la tierra, pesados impuestos, etc., de manera que los consumidores improductivos se constituyan en un acicate continuo para el industrial! El shibboleth [la consigna] [31], sin duda, es producir, producir en una escala ampliada incesantemente, pero "tal proceso trabará, más que fomentará, la producción. No es enteramente justo, tampoco (nor is it quite fair), mantener así en la ociosidad a cierto número de personas, sólo para aguijonear a otras de cuyo carácter cabe inferir (who are likely, from their characters) que, si fuera posible obligarlas a funcionar, lo harían con éxito" [32]. Por injusto que le parezca acicatear al capitalista industrial para que acumule, quitándole la gordura de la sopa, a nuestro ricardiano se le ocurre que es forzoso reducir al obrero al salario mínimo, en lo posible, "para que se conserve laborioso". Tampoco oculta, ni por un instante, que el secreto de la producción de plusvalor es la apropiación de trabajo impago. "una demanda mayor por parte de los obreros no significa nada más que su mayor disposición a tomar menos de su propio producto para sí mismos y a dejar una parte mayor del mismo a sus patrones, y cuando se afirma que esto, al reducirse el consumo" (por parte de los obreros) "genera glut" abarrotamiento de los mercados, sobreproducción), "sólo puede responderse que glut es sinónimo de ganancias elevadas" [33].

La docta controversia acerca de cómo el capitalista industrial y el ocioso terrateniente debían repartirse, de la manera más ventajosa para la acumulación, el botín extraído al obrero, enmudeció ante la Revolución de Julio [34]. Poco después, en Lyon, el proletariado urbano tocó las campanas a rebato, y en Inglaterra el proletariado rural le prendió fuego a la campaña. Aquende el Canal cundía el owenismo; allende, el sansimonismo y el furierismo. Había sonado la hora de la economía vulgar. Justamente un año antes que Nassau William Senior efectuara en Manchester el hallazgo de que la ganancia (incluido el interés) del capital era el producto de "la última hora" (impaga) "de trabajo, de la doceava", ese mismo autor había anunciado al mundo otro descubrimiento. "Yo" [737] aseveró con solemnidad, "sustituyo la palabra capital, considerado como instrumento de producción, por la palabra abstinencia" [35] Agregado a la 2ª edición. Al economista vulgar nunca se le ha pasado por la cabeza la sencilla reflexión de que todo acto humano puede concebirse como "abstinencia" del acto contrario. Comer es abstenerse de ayunar, andar es abstenerse de estar quieto, trabajar es abstenerse de holgazanear, holgazanear es abstenerse de trabajar, etc. Estos señores harían bien en meditar alguna vez acerca de la tesis de Spinoza: Determinatio est negatio (determinar es negar] {221}. [36] 37. [exclamdown]Insuperable muestra, ésta, de los "descubrimientos" de la economía vulgar! Lo que la misma sustituye es una categoría económica por una frase propia de sicofantes. Voilá tout [eso es todo]. "Cuando el salvaje hace arcos", adoctrina Senior, "ejerce una industria, pero no practica la abstinencia." Esto nos explica cómo y por qué, en estadios anteriores de la sociedad, se fabricaban medios de trabajo "sin la abstinencia" del capitalista. "Cuanto más progresa la sociedad, más abstinencia requiere la misma" [38], esto es, más abstinencia por parte de quienes ejercen la industria de apropiarse de la industria ajena y de su producto. Todas las condiciones del proceso laboral se transforman, de ahora en adelante, en otras tantas prácticas de abstinencia ejercidas por el capitalista. Que el trigo no sólo se coma, sino que además se siembre, [exclamdown]he ahí un caso de abstinencia del capitalista! Si al mosto se le deja el tiempo necesario para que fermente totalmente, [exclamdown]abstinencia del capitalista! [39] 40. El capitalista despoja [738] a su propio Adán [41] cuando "presta (!) sus medios de producción al obrero", es decir, cuando los valoriza como capital, mediante la incorporación de la fuerza de trabajo, en vez de comerse las máquinas de vapor, el algodón, los ferrocarriles, el abono, los caballos de tiro, etc., o, tal como se lo figura puerilmente el economista vulgar, en lugar de dilapidar "su valor" en lujo y otros medios de consumo [42]. Cómo la clase capitalista podría ejecutar esa tarea, es un misterio guardado obstinadamente hasta ahora por la economía vulgar. Baste decir que el mundo vive únicamente de la mortificación que se inflige este moderno penitente de Visnú [43], el capitalista. No sólo la acumulación; la simple "conservación de un capital exige un esfuerzo constante para resistir a la tentación de consumirlo" [44]. El humanitarismo más elemental exige, evidentemente, que redimamos al capitalista de ese martirio y esa tentación, del mismo modo como la abolición de la esclavitud, hace muy poco tiempo, liberó al esclavista de Georgia del penoso dilema que lo atormentaba: gastarse alegre e íntegramente en champán el plusproducto de sus esclavos negros, arrancado a latigazos, o reconvertirlo aunque fuera parcialmente en más negros y más tierra.

En las formaciones económico-sociales más diversas no sólo nos encontramos con la reproducción simple sino, aunque en diferente grado, con la reproducción en escala ampliada. Progresivamente se produce más y se consume más, y por ende también se transforma más producto en medios de producción. Pero este proceso no se manifiesta como acumulación de capital, y por ende tampoco como función del capitalista, hasta tanto al trabajador no se le [739] enfrentan sus medios de producción, y por consiguiente también su producto y sus medios de subsistencia, bajo la forma de capital 45. Richard Jones, sucesor de Malthus en la cátedra de economía política en Hertford [l] y fallecido hace pocos años, discutió muy acertadamente esta cuestión a la luz de dos hechos de gran importancia. Como la parte más numerosa del pueblo de la India se compone de campesinos que cultivan la tierra por sí mismos, su producto, sus medios de trabajo y de subsistencia, tampoco existen jamás "bajo la forma (in the shape) de un fondo ahorrado gracias al rédito ajeno (saved from revenue) [46], rédito que por tanto ha pasado por un proceso previo de acumulación (a previous process of accumulation)" [47]b El pasaje en cuestión figura en la página 37 del libro mencionado por Marx.. Por otra parte, en las provincias donde la dominación inglesa ha disuelto en menor grado el viejo sistema, los trabajadores no agrícolas laboran directamente para los potentados, hacia quienes fluye una parte del plusproducto rural como tributo o como renta de la tierra. Los potentados consumen en especie una parte de ese producto; otra parte la transforman los trabajadores, para aquéllos, en medios de lujo y otros artículos de consumo, mientras que el resto constituye el salario de los trabajadores, que son propietarios de sus medios de trabajo. La producción, así como la reproducción en escala ampliada, siguen aquí su curso sin injerencia alguna de aquel santón extravagante, de aquel Caballero de la Triste Figura: el capitalista que practica el "renunciamiento".

4. Circunstancias que, independientemente de la división proporcional del plusvalor en capital y rédito, determinan el volumen de la acumulación: grado de explotación de la fuerza de trabajo; fuerza productiva del trabajo; magnitud del capital adelantado; diferencia creciente entre el capital empleado y el consumido m

Hemos considerado la masa del plusvalor, hasta ahora, como una magnitud dada. En este caso su división proporcional en rédito y pluscapital determinaba el volumen de la acumulación. Pero esta última varía, independientemente de dicha división, cuando varía la magnitud misma del plusvalor. Las circunstancias que regulan la magnitud del plusvalor se exponen detalladamente en los capítulos sobre la producción del mismo. Bajo condiciones en lo demás iguales, esas circunstancias regulan el movimiento de la acumulación. Si volvemos a ocuparnos de ellas aquí es en la medida en que ofrecen, con respecto a la acumulación, puntos de vista nuevos.

Se recordará qué importante papel desempeña el grado de explotación del trabajo en la producción del plusvalor [n] "Como se recordará, la tasa del plusvalor depende en primera instancia del grado de explotación a que se halle sometida la fuerza de trabajo.". La economía política justiprecia tanto ese papel que, ocasionalmente, identifica la aceleración de la acumulación mediante la mayor fuerza productiva del trabajo con su aceleración mediante una mayor explotación del obrero 48. [741] En las secciones referentes a la producción del plusvalor partimos constantemente del supuesto de que el salario era, cuando menos, igual al valor de la fuerza de trabajo. Se expuso, además, que el salario, ya sea en cuanto a su valor o en cuanto a la masa de los medios de subsistencia por él representada, puede incrementarse aunque se eleve el grado de explotación del obrero. En el movimiento práctico del capital, empero, también se produce plusvalor mediante la reducción violenta del salario por debajo del valor de la fuerza de trabajo. De hecho, una parte del fondo para el consumo necesario del obrero se transforma así en fondo para la acumulación del capital [o]. "Los salarios", afirma John Stuart Mill, "carecen de fuerza productiva; son el precio de una fuerza productiva; los salarios no contribuyen, junto con el trabajo, a la producción de mercancías, como tampoco lo hace el precio de la maquinaria junto a la maquinaria misma [p] 49. Si se pudiera obtener trabajo sin adquirirlo, los salarios serían superfluos" [50]. Pero si los obreros pudieran vivir del aire, tampoco se los podría comprar, cualquiera que fuere el precio. La gratuidad de los obreros, pues, es un límite en el sentido matemático, siempre inalcanzable, aunque siempre sea posible aproximársele. Es una tendencia constante del [742] capital reducir a los obreros a ese nivel nihilista. Un escritor dieciochesco que suelo citar, el autor del "Essay on Trade and Commerce", no hace más que traicionar el secreto más íntimo que anida en el alma del capital inglés, cuando declara que la misión vital histórica de Inglaterra es rebajar el salario inglés al nivel del francés y el holandés [51]. Dice ingenuamente, entre otras cosas: "Pero si nuestros pobres" (término técnico por obreros) "quieren vivir nadando en la abundancia... entonces su trabajo tendrá que ser caro, naturalmente. Téngase en cuenta, simplemente, la horripilante masa de superfluidades (heap of superfluities) que nuestros obreros manufactureros consumen, tales como aguardiente, ginebra, té, azúcar, frutas importadas, cerveza fuerte, lienzos estampados, rapé, tabaco etc" [52]. El autor cita el escrito de un fabricante de Northamptonshire que, mirando torvamente al cielo, se lamenta: "El trabajo es una tercera parte más barato en Francia que en Inglaterra, pues los franceses pobres trabajan duramente y economizan en los alimentos y la vestimenta; su dieta se compone principalmente de pan, frutas, verduras, zanahorias y pescado salado. Muy raras veces comen carne, y si el trigo está caro, muy poco pan" [53]. "A lo cual ha de agregarse", prosigue el ensayista "que su bebida se compone de agua o de otros licores flojos de ese tipo, de manera que en realidad gastan poquísimo dinero... Difícilmente se pueda implantar tal estado de cosas, por cierto, pero no es algo inalcanzable, como lo demuestra de manera contundente su existencia tanto [743] en Francia como en Holanda" [54]. Dos decenios después un impostor norteamericano, el yanqui baronizado Benjamin Thompson (alias conde de Rumford), siguió la misma línea filantrópica, con gran complacencia de Dios y de los hombres. Sus "Essays" son un libro de cocina con recetas de todo tipo, para remplazar por sucedáneos las comidas normales más caras de los obreros. Una de las recetas más logradas de este prodigioso "filósofo" es la siguiente: "Con cinco libras de cebada, cinco libras de maíz, 3 peniques de arenques, 1 penique de sal, 1 penique de vinagre, 2 peniques de pimienta y otros condimentos (en total 20 3/4 peniques), se puede obtener una sopa para 64 personas. Teniendo en cuenta los precios medios del cereal [...], puede abatirse el costo a 1/4 de penique por cabeza" [55] 56. Con el progreso de la producción capitalista, la adulteración de mercancías ha vuelto superfluos los ideales de Thompson [57]. A fines del siglo XVIII y [744] durante los primeros decenios del XIX, los arrendatarios y terratenientes ingleses impusieron el salario mínimo absoluto, pagando a los jornaleros agrícolas menos del mínimo bajo la forma de salario, y el resto como socorro parroquial. Véase un ejemplo del espíritu bufonesco con que procedían los Dogberries 58 ingleses cuando fijaban "legalmente" la tarifa del salario: "Cuando los squires [hacendados] fijaron los salarios para Speenhamland, en 1795, ya habían almorzado, pero evidentemente pensaron que no era necesario que los obreros hicieran otro tanto... Decidieron que el salario semanal fuera de 3 chelines por persona mientras el pan de 8 libras y 11 onzas [q] costara 1 chelín, la remuneración del obrero debía aumentar regularmente hasta que ese pan costara 1 chelín y 5 peniques. No bien sobrepasara ese precio, el salario se reduciría proporcionalmente hasta que el precio del pan llegara a 2 chelines, en cuyo caso la alimentación del obrero disminuiría en 1/5" [59]. Ante la comision investigadora de la House of Lords [cámara de los Lores], en 1814, se le preguntó a un tal A. Bennett, gran arrendatario, magistrado, administrador de un hospicio y regulador de salarios: "¿Existe alguna relación entre el valor del trabajo diario y el socorro parroquial a los trabajadores?" Respuesta: "Sí. El ingreso semanal de cada familia se completa, por encima de su salario nominal hasta el pan de un galón (8 libras y 11 onzas) y 3 peniques por cabeza... Suponemos que el pan de un galón alcanza para mantener a todas las personas de la familia durante la semana, y los 3 peniques son para ropa. Cuando la parroquia prefiere proporcionar ella misma la vestimenta, se descuentan los 3 peniques. Esta práctica impera no sólo en todo el oeste de Wiltshire, sino, a mi parecer, en todo el país" [60]. "De [745] esta manera", exclama un escritor burgués de la época, "los arrendatarios degradaron durante años a una clase respetable de sus coterráneos, obligándolos a recurrir al workhouse [hospicio]... El arrendatario ha aumentado sus propias ganancias impidiéndole al obrero la acumulación del fondo de consumo más indispensable" [61] 62. La llamada industria domiciliaria [r], por ejemplo, ha mostrado cual es el papel que desempeña actualmente, en la formación del plusvalor y por tanto del fondo de acumulación del capital, el robo directo que se perpetra contra el fondo de consumo necesario del obrero. En el curso de esta sección expondremos nuevos hechos relacionados con el punto.

La elasticidad de la fuerza de trabajo o su capacidad de una tensión mayor en intensidad o en extensión constituye, dentro de ciertos límites, una fuente creadora de riqueza adicional y por tanto del fondo de acumulación, fuente que no depende del volumen dado de los medios de producción en funcionamiento, ya producidos, ni de los elementos materiales del capital constante. En la industria extractiva, por ejemplo en la minería, el objeto de trabajo existe por obra de la naturaleza. Por consiguiente, estando dados los propios medios de trabajo necesario y la industria extractiva misma suministra a su vez, en su mayor parte, la materia prima de esos instrumentos de trabajo, metales, madera, etc., y los medios auxiliares, como el carbón , el producto de ninguna manera está limitado por el volumen de esos medios de trabajo. Ocurre, tan sólo, que se los consume más rápidamente, debido al mayor gasto de fuerza de trabajo, y por tanto que se abrevia su período de reproducción. Bajo condiciones en lo demás iguales, en cambio, la masa misma de productos como carbón, hierro se incrementa en proporción al trabajo gastado en el objeto natural. Como en el primer día de la producción, convergen aquí el hombre y la naturaleza, esto es, los creadores originarios del producto, y por tanto [746] los creadores también de los elementos materiales del capital. En la agricultura propiamente dicha, en efecto, las simientes y los abonos desempeñan el mismo papel que la materia prima en la manufactura, y no es posible sembrar más tierra sin disponer previamente de más semilla. Pero dada esa materia prima y los instrumentos de trabajo, es conocido el efecto prodigioso que el laboreo puramente mecánico del suelo cuya intensidad depende de la tensión a que es sometida la fuerza de trabajo ejerce sobre el carácter masivo del producto. Se trata, nuevamente, de una acción inmediata del hombre sobre el objeto natural, acción que se convierte en fuente directa de la riqueza. La industria extractiva y la agricultura, por otra parte, proporcionan a la manufactura la materia prima y las materias auxiliares, o sea los elementos materiales que aquí están presupuestos a todo gasto mayor de trabajo, mientras que los medios de trabajo propiamente dichos también en esta esfera no hacen más que abreviar su período de reproducción por la tensión mayor en extensión o intensidad de la fuerza de trabajo. El capital, pues, al incorporarse los dos creadores originarios de la riqueza la fuerza de trabajo y la tierra adquiere en ellos otros tantos factores de la reproducción en escala ampliada y por tanto de la acumulación, factores elásticos que no dependen del propio volumen material del capital.

Prescindiendo del grado de explotación del trabajo, la producción del plusvalor y por tanto la acumulación del capital, acumulación cuyo elemento formativo es el plusvalor se determina en lo esencial por la fuerza productiva del trabajo [s] "Otro factor importante en la acumulación del capital es el grado de productividad del trabajo social.".

[747] Al aumentar la fuerza productiva del trabajo se acrecienta la masa de productos en los que se manifiesta un valor determinado, y por ende también un plusvalor de magnitud dada. Si la tasa de plusvalor se mantiene [748] incambiada, e incluso si baja, siempre que baje más lentamente de lo que aumenta la fuerza productiva del trabajo, se acrecienta la masa del plusproducto. Manteniéndose inalterada la división de éste entre rédito y pluscapital, pues, el consumo del capitalista puede aumentar sin que decrezca el fondo de acumulación. La magnitud proporcional de dicho fondo, incluso, puede acrecentarse a expensas del fondo de consumo, mientras que el abaratamiento de las mercancías pone a disposición del capitalista tantos o más medios de disfrute que antes. Pero, como hemos visto, la productividad creciente del trabajo va a la par del abaratamiento del obrero, y por tanto de una tasa creciente del plusvalor, incluso cuando el salario real aumenta. El aumento de éste nunca está en proporción al de la productividad del trabajo. Por consiguiente, el mismo valor de capital variable pone en movimiento más fuerza de trabajo y por tanto más trabajo. El mismo valor de capital constante se presenta en más medios de producción, esto es, en más medios de trabajo, material de trabajo y materias auxiliares, suministra, por tanto, más elementos formadores de producto y asimismo más elementos formadores de valor, o absorbedores de trabajo. Por ende, si el valor del pluscapital se mantiene incambiado, e incluso si disminuye, se opera una acumulación acelerada. No sólo se amplía materialmente la escala de la reproducción, sino que la producción del plusvalor se acrecienta más rápidamente que el valor del pluscapital.

El desarrollo de la fuerza productiva del trabajo reactúa también sobre el capital original, esto es, sobre el capital que se encuentra ya en el proceso de producción. Una parte del capital constante en funciones se compone de medios de trabajo, tales como maquinaria, etc., que sólo se consumen,y por tanto se reproducen o se los remplaza por nuevos ejemplares del mismo tipo en períodos prolongados. Pero cada año perece, o alcanza el término final de su función productiva, una parte de esos medios de trabajo. Esa parte, por consiguiente, se encuentra cada año en la fase de su reproducción periódica o de su remplazo por nuevos ejemplares de la misma clase. Si en los lugares de nacimiento de esos medios de trabajo la fuerza productiva del trabajo se ha ampliado y se amplía continuamente gracias al aporte ininterrumpido de la ciencia y de la técnica , las máquinas, herramientas, aparatos, [749] etcétera, viejos son desplazados por otros más eficaces y, teniendo en cuenta el volumen de su rendimiento, más baratos. El capital antiguo se reproduce en una forma más productiva, aun si prescindimos de la continua modificación de detalle en los medios de trabajo existentes. La otra parte del capital constante la materia prima y los materiales auxiliares se reproduce continuamente a lo largo del año; la que procede de la agricultura, en su mayor parte lo hace anualmente. Por lo tanto, toda introducción de métodos, etc., perfeccionados, opera aquí casi simultáneamente sobre el capital adicional y el que ya está en funciones. Todo progreso de la química multiplica no sólo las aplicaciones útiles del mismo material [t], extendiendo así, con el crecimiento del capital, las esferas en que éste se invierte; hace más: enseña a arrojar de nuevo al ciclo del proceso de la reproducción las deyecciones del proceso de producción y consumo, creando así, sin una inversión de capital previa, nueva materia de capital. Al igual que en el caso de una explotación de la riqueza natural incrementada por el mero aumento en la tensión de la fuerza de trabajo, la ciencia constituye [u] una potencia de expansión del capital en funciones, independientemente de la magnitud dada que haya alcanzado el mismo. Dicha potencia reacciona a la vez sobre la parte del capital original que ha ingresado a su fase de renovación. En su nueva forma, el capital se incorpora gratuitamente el progreso social efectuado a espaldas de su forma precedente. Por cierto, este desarrollo de la fuerza productiva se ve acompañado, al propio tiempo, por la depreciación parcial de los capitales en funciones. En la medida en que esa depreciación se vuelve más aguda por la competencia, su peso principal recae sobre el obrero, con cuya explotación redoblada el capitalista procura resarcirse.

Cuando analizamos el plusvalor relativo, vimos como el desarrollo de la fuerza productiva social del trabajo exigía que aumentara sin cesar la masa de capital constante puesta en movimiento por la misma fuerza de trabajo. Al aumentar la riqueza o la abundancia y eficacia del trabajo [750] objetivado en la maquinaria, etc. trabajo objetivado del cual el obrero parte como de una condición, ya producida, del proceso de producción , se acrecienta la masa del antiguo valor de capital, al que se conserva y en este sentido se la reproduce por la mera adición de trabajo nuevo, esto es, por la producción de valor nuevo. Compárese, por ejemplo, un hilandero inglés con uno de la India. Supongamos, para simplificar, que la jornada laboral inglesa y la índica sean de la misma extensión e intensidad. El hilandero inglés a lo largo de un día transforma en hilado una masa muchos cientos de veces mayor de algodón, instrumentos de hilar, etc. Conserva en su producto, por tanto, un valor de capital muchos cientos de veces mayor. Incluso si el producto de valor de su trabajo diario, es decir, el valor nuevo añadido por dicho trabajo a los medios de producción, sólo equivaliera al del indio, pese a ello su trabajo diario no sólo se representaría en una cantidad mayor de productos, sino en un valor de producto, en un valor previo, infinitamete mayor, transferido por él al producto nuevo y en condiciones de funcionar nuevamente como capital [v] "Si un hilandero inglés y uno chino, por ejemplo, trabajaran el mismo número de horas con la misma intensidad, ambos producirían en una semana valores iguales. Pese a esa igualdad, existe una diferencia enorme entre el valor del producto semanal del inglés, que dispone de un poderoso autómata, y el del chino, que sólo trabaja con una rueca. En el mismo tiempo en que el chino hila una libra de algodón, el inglés produce varios cientos de libras. Una suma de valores anteriores varios cientos de veces mayor abulta el valor del producto de este último hilandero, producto en el cual aquellos valores se conservan bajo una nueva forma útil y pueden, de esta manera, volver a funcionar como capital".. "En 1782", nos informa Friedrich Engels, "toda la cosecha lanera de los tres años precedentes estaba aún sin elaborar" (en Inglaterra) "por falta de [751] obreros, y hubiera seguido así de no haber llegado en su ayuda la maquinaria recién inventada, gracias a la cual se pudo hilar el textil" [63]. El trabajo objetivado bajo la forma de maquinaria, como es obvio, no sacó directamente de abajo de la tierra ni un solo hombre, pero permitió a un exiguo número de obreros, mediante el añadido de relativamente poco trabajo vivo, no sólo consumir de manera productiva la lana y agregarle valor nuevo, sino conservar bajo la forma de hilado, etc., el valor antiguo de la misma. Proporcionó con ello, al mismo tiempo, un medio y un estímulo para la reproducción ampliada de la lana. Conservar valor viejo mientras crea el nuevo, es un don natural del trabajo vivo. Al aumentar la eficacia, el volumen y el valor de sus medios de producción, o sea con la acumulación que acompaña el desarrollo de su fuerza productiva, el trabajo conserva y perpetúa, pues, bajo formas siempre nuevas, un valor de capital en crecimiento incesante [64]. [752] Esta fuerza natural del trabajo se manifiesta como facultad de autoconservación del capital que se lo ha incorporado, del mismo modo que las fuerzas productivas sociales del trabajo aparecen como atributos del capital, y así como la constante apropiación de plustrabajo por el capitalista se manifiesta como constante autovalorización del capital. Todas las potencias del trabajo se proyectan como potencias del capital, así como todas las formas de valor de la mercancía lo hacen como formas del dinero.

[753] Bajo condiciones en lo demás iguales, la magnitud del plusvalor producido y por tanto la acumulación están determinadas, en último término, por la magnitud del capital adelantado. Al acrecentarse el capital global crece también su parte constitutiva variable, aunque no en la misma proporción. Cuanto mayor sea la escala en que produzca el capitalista individual, tanto mayor será el número de obreros que explote simultáneamente, o la masa del trabajo impago de la que se apropia [65]a Nota suprimida en la 3ª y 4ª ediciones.. Por consiguiente, cuanto más se acreciente el capital individual, tanto mayor será el fondo que se divide en fondo de acumulación y fondo de consumo. El capitalista, por tanto, puede vivir más pródigamente y al mismo tiempo "abstenerse" más [w].

Con el acrecentamiento del capital, aumenta la diferencia entre el capital empleado y el consumido. En otras palabras: crece la masa de valor y la masa material de los medios de trabajo locales, maquinaria, tuberías, animales de tiro, aparatos de todo tipo que durante períodos más largos o más breves, en procesos de producción constanstemente repetidos, funcionan en todo su volumen o sirven para obtener determinados efectos útiles, desgastándose sólo paulatinamente y perdiendo por tanto su valor sólo fracción a fracción, o sea, transfiriéndolo también sólo de manera fraccionada al producto. En la misma proporción en que estos medios de trabajo sirven como creadores de producto sin agregarle valor a éste o sea, en la misma proporción en que se los emplea de manera total, pero se los consume sólo parcialmente , prestan el mismo servicio gratuito, como ya hemos indicado, que las fuerzas naturales, el agua, el vapor, el aire, la electricidad, etc. Este servicio gratuito del trabajo pretérito, cuando el trabajo vivo se apodera de él y le infunde un alma, se acumula, a medida que se amplía la escala de la acumulación.

[754] Como el trabajo pretérito se disfraza siempre de capital, esto es, como el pasivo del trabajo de A, B, C, etc., figura como el activo del no trabajador X, los burgueses y los economistas se deshacen siempre en alabanzas sobre las excelencias que adornan al trabajo pretérito, el cual, según el genio escocés MacCulloch, debe incluso percibir un sueldo [x] 66b Nota 61 en la 3ª y 4ª ediciones.. El peso siempre creciente del trabajo pretérito que coopera bajo la forma de medios de producción en el proceso vivo del trabajo, se asigna así a su figura de capital, la cual ha sido enajenada al propio obrero y no es más que el trabajo pretérito e impago del mismo. Los agentes prácticos de la producción capitalista y sus lenguaraces ideológicos son tan incapaces de quitar mentalmente al medio de producción la máscara social antagónica que hoy se le adhiere, como incapaz es un esclavista de concebir al trabajador mismo separado de su caracterización como esclavo [y].

5. El llamado fondo de trabajo

En el curso de esta investigación hemos llegado al resultado de que el capital no es una magnitud fija, sino una parte elástica de la riqueza social, una parte que fluctúa constantemente con la división del plusvalor en rédito y pluscapital. Vimos, además, que aun cuando esté dada [755] la magnitud del capital en funciones, la fuerza de trabajo, la ciencia y la tierra a él incorporadas (y por tierra entendemos, desde el punto de vista económico, todos los objetos de trabajo existentes por obra de la naturaleza, sin intervención del hombre) son potencias elásticas del capital, las que dentro de ciertos límites, le dejan un margen de actividad independiente de su propia magnitud. Hemos hecho caso omiso aquí de todas las relaciones del procese de circulación, que ocasionan grados muy diversos de eficiencia de la misma masa de capital. Y como presuponemos los límites de la producción capitalista, o sea una figura puramente espontánea y natural del proceso social de producción, hemos prescindido de toda combinación más racional que pudiera efectuarse de manera directa y planificada con los medios de producción y la fuerza de trabajo existentes. La economía clásica gustó siempre de concebir el capital social como una magnitud fija cuyo grado de eficacia también sería fijo. Pero el prejuicio no fue establecido como dogma sino en las obras del archifilisteo Jeremy Bentham, ese oráculo insípidamente pedante, acartonado y charlatanesco del sentido común burgués decimonónico [67]a Nota 62 en la 3ª y 4ª ediciones.. Bentham es entre los filósofos lo que Martir Tupper entre los poetas [68]. A uno y a otro sólo se los podía fabricar en Inglaterra [69]b Nota 63 en la 3ª y 4ª ediciones. 70. Con el dogma benthamiano [756] se vuelven completamente incomprensibles los fenómenos más comunes del proceso de producción, como por ejemplo sus expansiones y contracciones súbitas, e incluso la acumulación [71]. Tanto Bentham como Malthus, James Mill, MacCulloch y otros, utilizaron el dogma con finalidades apologéticas, y en particular para presentar como una magnitud fija una parte del capital, el capital variable, o sea el que se convierte en fuerza de trabajo. La existencia material del capital variable, esto es, la masa de medios de subsistencia que ese capital representa para el obrero, o el llamado fondo de trabajo, fue convertida fantásticamente en una parte especial de la riqueza social, infranqueable y circunscrita por barreras naturales. Para poner en movimiento la riqueza social que ha de funcionar como capital constante o, expresándolo materialmente, como medios de producción, se requiere una masa determinada de trabajo vivo. Dicha masa está tecnológicamente dada. Pero lo que no está dado es el número de obreros que se requiere para poner en acción [757] esa masa de trabajo, ya que varía con el grado de explotación de la fuerza de trabajo individual, y tampoco está dado el precio de esa fuerza de trabajo, sino sólo sus límites mínimos, por lo demás muy elásticos. Los hechos sobre los que reposa el dogma son los siguientes: por una parte, el obrero no tiene por qué entremeterse en la división de la riqueza social entre medios de disfrute para el no trabajador, por un lado, y medios de producción, por el otro. Por otra parte, sólo en casos excepcionalmente favorables puede ampliar el llamado "fondo de trabajo" a expensas del "rédito" de los ricos [72]a Nota 65 en la 3ª y 4ª ediciones..

A qué insulsa tautología lleva el imaginar que los límites capitalistas del fondo de trabajo son sus lindes naturales sociales, nos lo muestra el profesor Fawcett: "El capital circulante 73b Nota 66 en la 3ª y 4ª ediciones. de un país", nos dice, "es su fondo de trabajo. Por consiguiente, para calcular el salario dinerario medio que percibe cada obrero, simplemente tenemos que dividir el monto de ese capital por el número de la población laboriosa" [74]c Nota 67 en la 3ª y 4ª ediciones.. Es decir: primero sumamos los [758] salarios individuales efectivamente abonados, y luego sostenemos que esta adición constituye la suma de valor del "fondo de trabajo" establecido por Dios y la naturaleza. Por último, dividimos la suma así obtenida entre el número de obreros, para descubrir nuevamente cuánto puede corresponder, promedialmente, a cada obrero individual. Es un procedimiento insólitamente astuto. Pero ello no le impide decir al señor Fawcett, sin detenerse a tomar aliento: "La riqueza global acumulada anualmente en Inglaterra se divide en dos partes. Una parte se emplea en Inglaterra para la conservación de nuestra propia industria. Otra, se exporta a otros países... La parte empleada en nuestra industria no constituye una porción importante de la riqueza acumulada anualmente en este país" [75]a Nota 68 en la 3ª y 4ª ediciones.. Como vemos, la parte mayor del plusproducto anualmente creciente, sustraído al obrero inglés sin darle un equivalente, no se capitaliza en Inglaterra, sino en países extranjeros. Pero con el pluscapital exportado de esta suerte, se exporta también una parte del "fondo de trabajo" inventado por Dios y Bentham [76]b Nota 69 en la 3ª y 4ª ediciones.. 1 21 "Acumulación de capital: el empleo de una parte del rédito como capital." (Malthus, "Definitions...", ed. Cazenove, p. 11). "Conversión de rédito en capital." (Malthus, "Principles...", p. 320).

[a] a El la 3ª y 4ª ediciones el texto de este párrafo es el siguiente: "Consideremos este proceso, en primer término, desde el punto de vista del capitalista individual. Supongamos, por ejemplo, que el dueño de una hilandería ha adelantado un capital de [sterling] 10.000: cuatro quintas partes en algodón, máquinas, etc., y el quinto restante en salarios. Digamos que anualmente produce 240.000 libras de hilado a un valor de [sterling] 12.000. Si la tasa del plusvalor es de 100 %, el plusvalor quedará encerrado en el plusproducto o producto neto de 40.000 libras de hilado, o sea en un sexto del producto bruto con un valor de [sterling] 2.000 que se realizará por la venta".

[b] b En la 3ª y 4ª ediciones el texto que va desde "La transformación..." hasta "en escala siempre creciente" (p. 728), fue sustituido por el siguiente: "Por tanto, para transformar en capital la suma recién añadida de [sterling] 2.000, el dueño de la hilandería, manteniéndose iguales todas las demás condiciones, adelantará cuatro quintas partes de esa suma en la compra de algodón, etc., y un quinto en la adquisición de nuevos obreros hilanderos que encontrarán en el mercado los medios de subsistencia cuyo valor les ha adelantado el capitalista. El nuevo capital de [sterling] 2.000 comienza entonces a operar en la hilandería y rinde, a su vez, un plusvalor de [sterling] 400.

El valor del capital era adelantado originariamente bajo la forma de dinero; el plusvalor, por el contrario, existe en un principio como valor de determinada parte del producto bruto. Si éste se vende, si se transforma en dinero, el valor del capital recupera su forma primitiva, pero el plusvalor transforma su modo originario de existencia. A partir de este momento, sin embargo, tanto el valor del capital como el plusvalor son sumas de dinero, y su reconversión en capital se efectúa exactamente de la misma manera. El capitalista invierte tanto una como otra suma en la adquisición de mercancías que lo ponen en condiciones de recomenzar la producción de sus artículos, y esta vez, por cierto, en una escala más amplia. Pero para adquirir esas mercancías, es forzoso que las encuentre preexistentes en el mercado.

Su propio hilado sólo circula porque ese capitalista lleva al mercado su producto anual, tal como hacen todos los demás capitalistas con sus mercancías. Pero antes de llegar al mercado, las mercancías ya se encontraban en el fondo anual de producción, esto es, en la masa global de los objetos de todo tipo en los cuales se transforma, a lo largo del año, la masa global de los capitales singulares o el capital global social, masa de la cual cada capitalista singular sólo posee una parte alícuota. Las transacciones en el mercado no hacen más que llevar acabo la transferencia de los componentes singulares de la producción anual, los hacen pasar de unas manos a otras, pero no pueden aumentar la producción anual global ni alterar la naturaleza de los objetos producidos. El uso que se haga del producto global anual, pues, depende de su propia composición, pero en modo alguno de la circulación.

Por de pronto, la producción anual debe suministrar todos los objetos (valores de uso) con los cuales se debe suplir los componentes materiales del capital consumidos en el curso del año. Deducidos los mismos, resta el producto neto o plusproducto, en el que se encierra el plusvalor. Ahora bien, ¿de qué se compone ese plusproducto? ¿Acaso de cosas destinadas a satisfacer las necesidades y caprichos de la clase capitalista, cosas que por tanto ingresarían a su fondo de consumo? Si todo se redujera a eso, se habría despilfarrado alegremente el plusvalor, sin dejar rastro, y no estaríamos más que ante un caso de reproducción simple.

Para acumular, es necesario transformar una parte del plusproducto en capital. Pero, sin hacer milagros, sólo se puede transformar en capital aquellas cosas que son utilizables en el proceso de trabajo, esto es, medios de producción, y además las cosas con las que puede sustentarse el obrero, es decir, los medios de subsistencia. Por consiguiente, es forzoso emplear una parte del plustrabajo anual para producir medios de producción y de subsistencia adicionales, por encima de la cantidad que se requería para remplazar el capital adelantado. En pocas palabras: el plusvalor es transformable en capital, sólo porque el plusproducto del cual él es el valor contiene ya los componentes materiales de un nuevo capital (21bis).

Ahora bien, para hacer que estos componentes funcionen efectivamente como capital, la clase capitalista necesita una cantidad suplementaria de trabajo. Si la explotación de los obreros ya ocupados no se acrecienta en extensión o en intensidad, es necesario emplear fuerzas de trabajo adicionales. El mecanismo de la poducción capitalista ha ofrecido ya la solución a esto, puesto que reproduce la clase obrera como clase dependiente del salario, y como clase cuyo salario habitual no sólo basta para asegurar la conservación de la misma, sino su multiplicación. Para consumar la transformación del plusvalor en capital, éste no necesita más que incorporar a los medios de producción suplementarios contenidos ya en la producción anual, esas fuerzas de trabajo suplementarias que le proporciona anualmente, y a diferentes niveles de edad, la clase obrera. Examinándola concretamente, la acumulación se resuelve en la reproducción del capital en escala progresiva. El ciclo de la reproducción simple se modifica y cambia su forma, para decirlo con Sismondi, por la de una espiral (21bis2).

Pero volvamos ahora a nuestro ejemplo. Es la vieja historia: Abraham engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, etc {207}. El capital originario de [sterling] 10.000 genera un plusvalor de [sterling] 2.000, que se capitaliza. El nuevo capital de [sterling] 2 000 genera un plusvalor de [sterling] 400; éste, capitalizado a su vez, o sea, transformado en un segundo capital adicional, genera un nuevo plusvalor de [sterling] 80, etcétera.

Prescindimos aquí de la parte del plusvalor consumida por el capitalista. Por el momento tampoco nos interesa saber si los capitales adicionales se incorporan al originario o se separan de él para valorizarse de manera independiente; si los usa el mismo capitalista que los acumuló o si los transfiere a otro. Lo único que no debemos olvidar es que junto a los capitales recién formados el capital originario continúa reproduciéndose y produciendo plusvalor, y que lo mismo se aplica a todo capital acumulado con respecto al capital adicional generado por él.

El capital originario se formó gracias al adelanto de [sterling] 10.000. ¿Cómo las obtuvo su poseedor? [exclamdown]Gracias a su propio trabajo y al de sus antepasados!, nos contestan al unísono los portavoces de la economía política (21bis3), y esta suposición, en realidad, parece ser la única congruente con las leyes de a producción de mercancías.

Las cosas son completamente distintas en el caso del capital adicional de [sterling] 2 000. Conocemos exactamente el proceso de su génesis. Se trata de plusvalor capitalizado. Desde su origen, no contiene un solo átomo de valor que no derive de trabajo ajeno impago. Los medios de producción a los que se incorpora la fuerza de trabajo suplementaria, así como los medios de subsistencia gracias a los cuales aquélla se mantiene, no son nada más que partes integrantes del plusproducto, del tributo arrancado anualmente por la clase capitalista a la clase obrera. Cuando aquélla, con una parte del tributo, le compra a ésta fuerza de trabajo adicional, aunque pague por la misma el precio total de tal manera que se intercambie equivalente por equivalente , el suyo sigue siendo el viejo procedimiento del conquistador que compra mercancías a los vencidos con el dinero de ellos, con el dinero que les ha robado.

Cuando el capital adicional ocupa a su propio productor, éste no sólo tiene que seguir valorizando el capital originario, sino, además, volver a comprar el fruto de su trabajo anterior con más trabajo del que ha costado. Como transacción entre la clase capitalista y la clase obrera, en nada modifica los hechos el que se empleen obreros adicionales con el trabajo impago de los obreros ocupados hasta el presente. Puede ocurrir que el capitalista, asimismo, transforme el capital adicional en una máquina que arroje a la calle a los productores de dicho capital adicional y los remplace por un par de niños. En todos los casos, es la clase obrera la que ha creado, mediante el plustrabajo efectuado hasta este año, el capital que el próximo año ocupará trabajo adicional (22). Esto es lo que se denomina generar capital con capital.

El supuesto de la acumulación del primer capital adicional de [sterling] 2.000 era una suma de valor de [sterling] 10.000 adelantada por el capitalista, y que le pertenecía gracias a su <<trabajo originario>>. El supuesto del segundo capital adicional de [sterling] 400 no es, en cambio, ninuna otra cosa sino la acumulación precedente del primero, de las [sterling] 2.000, cuyo plusvalor capitalizado es precisamente ese segundo capital adicional. La propiedad del trabajo impago pretérito se manifiesta ahora como la única condición en que se funda la apropiación actual de trabajo vivo impago, en escala cada vez mayor. Cuanto más haya acumulado el capitalista, tanto más podrá acumular".

21bis Se prescinde aquí del comercio de exportación, por medio del cual una nación puede convertir artículos suntuarios en medios de producción o de subsistencia, y viceversa. Para concebir el objeto de la investigación en su pureza, libre de circunstancias accesorias perturbadoras, hemos de enfocar aquí a todo el mundo comercial como una nación y presupones que la producción capitalista ha arraigado en todas partes y que se ha apoderado de todos los ramos de la industria.

21bis2 El análisis que Sismondi hace de la acumulación presenta la gran falla de que él se complace demasiado con la frase "conversión de rédito en capital", sin investigar las condiciones materiales de esa operación {206}.

21bis3 "El trabajo primitivo, al cual su capital debió su origen." (Sismondi, "Nouveaux principes...", ed. París, t I, p. 109.)

2 [207] Abraham engendró a Isaac e Isaac engendró a Jacob: así empieza, en el "Evangelio de Mateo" (I, 2), la monótona enumeración de 42 generaciones de antepasados de Jesús.-- 716.

3 [206] (W) Simonde de Sismondi, "Nouveaux principes d'économie politique", t. I, París, 1819, p. 119.-- 716.

[4] 22 "El trabajo crea al capital antes de que el capital emplee al trabajo". ("Labour creates capital, before capital employs labour.") E. G. Wakefield, "England and America", Londres, 1833, vol. II, p. 110.

5 23 Con que la producción de mercancías, al llegar a cierto grado de su desarrollo deviene producción mercantil capitalista y sólo sobre el fundamento del modo de producción capitalista la mercancía se convierte en forma general y dominante del producto , con la misma necesidad las leyes de propiedad de la producción mercantil se trastruecan en leyes de la apropiación capitalista. Admírese, pues, la astucia de Proudhon, [exclamdown]que quiere abolir la propiedad capitalista al mismo tiempo que reivindica las leyes eternas de propiedad correspondientes a la producción de mercancías! (a)

[6] 24(a) La propiedad del capitalista sobre el producto del trabajo ajeno "es la consecuencia rigurosa de la ley de la apropiación, cuyo principio fundamental era, por el contrario, el título de propiedad exclusivo de cada trabajador sobre el producto de su propio trabajo". (Cherbuliez, "Richesse ou Pauvreté", p. 58, obra en la cual, sin embargo, no se desarrolla correctamente ese trastrocamiento dialéctico.)

c c En la 4ª edición se agrega este texto: "No obstante, por más que el modo de producción capitalista parezca darse de bofetadas con las leyes originarias de la producción de mercancías, dicho modo de producción no surge del quebrantamiento de esas leyes sino, por el contrario, de su aplicación. Una breve ojeada retrospectiva a la secuencia de las fases del movimiento, secuencia cuyo punto terminal es la acumulación capitalista, bastará para aclarar nuevamente este punto.

"Vimos, en primer término, que la transformación originaria de una suma de valor en capital se efectuaba en un todo de acuerdo con las leyes del intercambio. Una de las partes contratantes vende su fuerza de trabajo, la otra la compra. La primera recibe el valor de su mercancía, cuyo valor de uso el trabajo se enajena de esta manera a la segunda. Ésta transforma ahora los medios de producción que ya le pertenecían, con la ayuda del trabajo que también le pertenece, en un nuevo producto que le pertenece igualmente, conforme a derecho.

"El valor de este producto incluye, en primer término, el valor de los medios de producción consumidos. El trabajo útil no puede consumir esos medios de producción sin transferir su valor al nuevo producto, pero para que se la pueda vender, la fuerza de trabajo ha de estar en condiciones de suministrar trabajo útil en el ramo industrial en que se la debe emplear.

" El valor del nuevo producto incluye, además, el equivalente del valor de la fuerza de trabajo y un plusvalor. Y ello se debe precisamente a que la fuerza de trabajo vendida por un lapso determinado día, semana, etc. posee menos valor que el que genera su uso durante ese período. El obrero, no obstante, ha obtenido como pago el valor de cambio de su fuerza de trabajo y enajenado el valor de uso de la misma, tal como es el caso con cualquier compra y venta.

"El hecho de que esa mercancía particular, la fuerza de trabajo, posea el valor de uso peculiar de suministrar trabajo, y por tanto de crear valor, no puede alterar la ey general de la producción de mercancías. Por tanto, si la suma de valor adelantada en salario no reaparece mera y simplemente en el producto, sino que lo hace acrecentada por un plusvalor, ello no deriva de que se haya embaucado al vendedor, quien obtuvo efectivamente el valor de su mercancía, sino únicamente del uso que de esa mercancía hizo el comprador.

"La ley del intercambio sólo condiciona la igualdad con respecto a los valores de cambio de las mercancías entregadas recíprocamente. Condiciona por anticipado, incluso, la desigualdad de sus valores de uso, y nada tiene que ver con su consumo, que sólo puede comenzar una vez celebrada y finiquitada la transacción.

"Por tanto, la transformación originaria del dinero en capital se efectúa en la concordancia más rigurosa con las leyes económicas de la producción de mercancías, así como con el derecho de propiedad derivado de aquéllas. Pese a ello, dicha transformación arroja los resultados siguientes:

"1) Que el producto pertenece al capitalista y no al obrero;

"2) Que el valor de este producto incluye, además del valor del capital adelantado, un plusvalor que al obrero le ha costado trabajo pero al capitalista no le ha costado nada, y que sin embargo se convierte en propiedad legítima del segundo;

"3) Que el obrero ha conservado su fuerza de trabajo y puede venderla de nuevo, siempre que encuentre un comprador.

"La reproducción simple no es más que la repetición periódica de esta primera operación; todas las veces se vuelve siempre a convertir dinero en capital. La ley, pues, no se infringe; por el contrario, obtiene la oportunidad de volverse duraderamente actuante. <<Varios intercambios sucesivos no han hecho más que convertir al último en el representante del primero>>. (Sismondi, "Nouveaux principes...", p. 70.)

"Y sin embargo hemos visto que la reproducción simple basta para imprimir a esta primera operación en tanto se la concebía como proceso aislado un carácter totalmente diferente. <<Entre quienes se reparten el réito nacional unos>> (los obreros) <<adquieren cada año un nuevo derecho a aquél, gracias a su trabajo nuevo; los otros>> (los capitalistas) <<ya han adquirido un derecho permanente sobre ese rédito por medio de un trabajo originario>>. (Ibídem, p.p. 110, 111.) El reino del trabajo, como es sabido, no es el único donde la primogenitura opera milagros.

"Tampoco importa nada el que la reproducción en escala ampliada, la acumulación, sustituya a la reproducción simple. En el caso de ésta, el capitalista gasta el plusvalor en su totalidad; en el caso de aquélla, el capitalista da pruebas de sus virtudes cívicas consumiendo tan sólo una parte y transformando el resto en dinero.

"El plusvalor es propiedad suya, no ha pertenecido nunca a ninguna otra persona. Si lo adelanta destinándolo a la producción, lo que hace es efectuar un adelanto de sus fondos propios, exactamente como lo hizo el primer día en que puso el pie en el mercado. La circunstancia de que, en esta oportunidad, dicho fondo proceda del trabajo impago de sus obreros, no modifica en nada el caso. Si el obrero B está ocupado gracias al plusvalor que ha producido el obrero A, hemos de tener en cuenta, primero, que A ha suministrado ese plusvalor sin que se le rebajara ni un centavo del precio justo de su mercancía, y segundo, que todo este negocio no es en absoluto algo que incumba a B. Lo que B reclama y tiene derecho a reclamar es que el capitalista le pague el valor de su fuerza de trabajo. <<Ambos salían ganando; el obrero porque se le adelantaban los frutos de su trabajo>> (debería decir: del trabajo gratuito de otros obreros) <<antes que estuviera hecho>> (debería decir: antes que el suyo rindiera sus frutos); <<el patrón, porque el trabajo de ese obrero valía más que el salario>> (debería decir: producía más valor que el de su salario). (Ibídem, página 135.)

"El aspecto de la cosa es totalmente diferente, por cierto, cuando examinamos la producción capitalista en la fluencia ininterrumpida de su renovación y tomamos en cuenta, en vezde al capitalista singular y al obrero singular, a la totalidad, a la clase capitalista y, frente a ella, a la clase obrera. Pero con esto aplicaríamos una pauta que es totalmente extraña a la producción de mercancías.

"En la producción de mercancías se enfrentan, independientes el uno del otro, el vendedor y el comprador. Sus relaciones recíprocas finalizan el día en que vence el contrato celebrado entre ellos. Si el negocio se repite, ello ocurre sobre la base de un nuevo contrato que nada tiene que ver con el precedente y en el cual sólo una casualidad puede llegar a reunir al mismo comprador con el mismo vendedor.

"Por ende, si la producción de mercancías o cualquier proceso anexo a ella deben juzgarse conforme a sus propias leyes económicas, será necesario que consideremos cada acto de intercambio por separado, al margen de toda conexión con el acto de intercambio que lo precedió y con el que le sucede. Y como las compras y las ventas sólo pueden celebrarse entre individuos singulares, es inadmisible que busquemos en ellas relaciones entre clases enteras de la sociedad.

"Por larga que sea la secuencia de las reproducciones periódicas y de las acumulaciones precedentes recorridas por el capital que hoy está en funciones, el mismo conserva siempre su virginidad originaria. Mientras en cada acto de intercambio considerado aisladamente se observen las leyes del intercambio, el modo de apropiación puede experimentar un trastocamiento total sin afectar en ningún respecto el derecho de propiedad correspondiente a la producción de mercancías. Este mismo derecho está en vigor como al principio, cuando el producto pertenecía al producto; como cuando éste, intercambiando equivalente por equivalente, sólo podía enriquecerse por su propio trabajo, y sigue también en vigor en el período capitalista, donde la riqueza social deviene, en medida cada vez mayor, la propiedad de aquellos que están en condiciones de volver siempre a apropiarse del trabajo impago de otros.

"Este resultado pasa a ser ineviable no bien el obrero mismo vende libremente la fuerza de trabajo como mercancía. Pero es también a partir de entonces, solamente, cuando se generaliza la producción de mercancías y se convierte en la forma típica de la producción; sólo a partir de ese momento cuando cada producto se produce de antemano para la venta y cuando toda la riqueza producida recorre los canales de la circulación. Tan sólo entonces, cuando el trabajo asalariado constituye su base, la producción de mercancías se impone forzosamente a la sociedad en su conjunto, y es también en ese momento cuando despliega todas sus potencias ocultas. Decir que la interferencia del trabajo asalariado falsea la producción de mercancías es como decir que la producción de mercancías no se debe desarrollar si quiere mantener su autenticidad. En la misma medida en que esa producción prosigue su desarrollo, conforme a sus propias leyes inmanentes, y pasa a convertirse en la producción capitalista, en esa misma medida las leyes de propiedad de la producción capitalista se trastruecan en leyes de la apropiación capitalista (24)."

[7] 25 "Capital", esto es, "riqueza acumulada que se emplea con vistas a la ganancia." (Malthus, "Principles...", p. 262.) "El capital... consiste en riqueza ahorrada del rédito y usada con vistas a la ganancia." (R. Jones, "Text-book of Lectures on the Political Economy of Nations", Hertford, 1852, p. 16.)(a)

[8] 26 "Los poseedores de plusproducto o capital." ("Tke Source and Remedy of the National Difficulties. A Letter to Lord John Russell", Londres, 1821, p. 4.)

[9] 27 "El capital, con el interés compuesto sobre cada parte del capital ahorrado, se apodera de todo, a tal punto que toda la riqueza del mundo de la que se obtiene un ingreso, hace mucho tiempo que se ha convertido en interés de capital." ("Economist", Londres, 19 de julio de 1851.)

[10] [208] Hegel, "Grundlinien der Philosophie des Rechts, oder Naturrecht und Staatswissenschaft in Grundrisse", Berlín, 1840, SS 203, agregado: "Es ésta la disposición simple, no dirigida a la adquisición de la riqueza; así se puede denominar la de la vieja aristocracia, que consume lo existente".-- 726.

[d] d En la 3ª y 4ª ediciones, después de "decisivamente importante" dice: "anunciar la acumulación del capital como el primer deber cívico y predicar infatigablemente que no es posible acumular si uno se devora todo su rédito, en vez de gastar una buena parte del mismo en la contratación de trabajadores productivos suplementarios, que producen más de lo que cuestan".

[11] 28 "Ningún economista del presente puede entender por ahorro el mero atesoramiento, y si dejamos a un lado este procedimiento estrecho e insuficiente {209} es imposible figurarse ningún otro uso de ese término, con respecto a la riqueza nacional, que el que ha de surgir de una aplicación diferente de lo que se ahorra, basada sobre una distinción real entre los diferentes tipos de trabajo mantenidos por dicho ahorro." (Malthus, "Principles...", pp. 38, 39.)

12 [209] Como indican los editores de Werke, en Malthus dice "inefficient" en vez de "insufficient".-- 726.

[e] e Nota 28bis de la 3ª y 4ª ediciones: "Por ejemplo en Balzac quien había estudiado tan hondamente todos los matices de la avaricia , el viejo usurero Gobseck muestra ya su chochez cuando comienza a formar un tesoro almacenando mercancías".

[13] 29 "Acumulación de capitales... cese del intercambio... sobreproducción." (Th. Corbett, "An Inquiry...", p. 104.)

[14] 30 Ricardo, "Principles of...", p. 163, nota.

[15] 31 A pesar de su "Lógica", el señor John Stuart Mill en ninguna parte llega a descubrir la falla de este defectuoso análisis de sus predecesores, el cual, incluso dentro del horizonte burgués, desde un punto de vista puramente profesional, clama por una rectificación. Por doquier registra, con dogmatismo de discípulo, la confusión mental de sus maestros. También aquí: "A largo plazo, el capital se transforma íntegramente en salarios, y cuando se lo remplaza gracias a la venta del producto, vuelve a convertirse en salarios.

f f En la 3ª y 4ª ediciones se inserta aquí: "Mientras sólo tengamos en cuenta el fondo de la producción global anual, el proceso de reproducción anual resultará fácilmente comprensible. Pero todos los componentes de la producción anual deben ser llevados al mercado, y es allí donde comienza la dificultad. Los movimientos de los capitales singulares y de los réditos personales se entrecruzan, entremezclan, se pierden en un cambio general de ubicaciones en la circulación de la riqueza social que confunde nuestra visión y plantea al investigador problemas muy difíciles de resolver".

[g] g En la 3ª y 4ª ediciones: "en la sección tercera".

[h] h En la 3ª y 4ª ediciones se sustituye la frase siguiente por este texto: "El gran mérito de los fisiócratas estriba en haber efectuado, con su Tableau économique {210}, el primer intento de ofrecer una imagen de la producción anual, en la figura bajo la cual surge de la circulación (32).

"Se comprende de suyo, por lo demás, que la economía política no haya dejado de explotar, en beneficio de la clase capitalista, la tesis de Adam Smith según la cual toda la parte del producto neto transformada en capital es consumida por la clase obrera".

16 [210] Tableau économique. --Marx analizó detalladamente en otros lugares el Tableau de Quesnay, el primer intento de representar esquemáticamente la reproducción y circulación del capital global de la sociedad: "El capital", t. II, cap. XIX; "Teorías del plusvalor", parte I, cap. VI, y el capítulo X (redactado por él) de la sección segunda del "Anti-Dühring" de Engels. En carta a éste, fechada el 6 de julio de 1863, Marx expone su propio "cuadro económico", contrapuesto al de Quesnay (véase MEW, t. XXX, pp. 362-367).-- 729.

[17] 32 En muchos aspectos de su análisis del proceso de reproducción y también, por ende, de la acumulación, Adam Smith no sólo no ha hecho progreso alguno con respecto a sus predecesores, en particular a los fisiócratas, sino que ha dado muy importantes pasos atrás. Con la ilusión suya que mencionamos en el texto está vinculado el dogma, verdaderamente fabuloso y también legado por Smith a la economía política, de que el precio de las mercancías se compone de salario, ganancia (interés) y renta de la tierra, o sea sólo de salario y plusvalor. Storch, partiendo de esta base, por lo menos admite ingenuamente: "Es imposihle resolver el precio necesario en sus elementos más simples". (Storch, "Cours d'économie...", t. II, p. 141, nota.) [exclamdown]Admirable ciencia económica, esta que declara la imposibilidad de resolver el precio de las mercancías en sus elementos más simples! En el capítulo VII del libro tercero ventilaremos más en detalle esta cuestión (c).

[18] 33 El lector observará que la palabra rédito se usa en dos acepciones: primero, para designar el plusvalor como fruto que surge periódicamente del capital, y luego para denotar la parte de ese fruto que el capitalista consume periódicamente o agrega a su fondo de consumo. Mantengo ese doble sentido porque armoniza con el uso de los economistas ingleses y franceses.

[i] i En la 3ª y 4ª ediciones figura, en vez de los dos párrafos precedentes, el siguiente texto: "Dada la masa del plusvalor, una de esas partes será tanto mayor cuanto menor sea la otra. Suponiendo que todas las demás circunstancias se mantengan iguales, la magnitud de la acumulación será lo que determine la proporción en que se verifica esa división. Pero el que ejecuta la división es el propietario del plusvalor, el capitalista. La misma, pues, es un acto de su voluntad. De la parte que acumula del tributo recaudado por él se dice que la ahorra porque no la devora íntegramente, o sea porque ejerce su función de capitalista, a saber: enriquecerse".

[19] [211] Ninguna fecha no tiene. --En "Die Polendebatte in Frankfurt", serie de artículos publicada por la "Neue Rheinische Zeitung" en agosto-setiembre de 1848, Marx y Engels se refieren al discurso que pronunciara en la Asamblea Nacional de Francfort, el 31 de agosto de ese año, el terrateniente silesio Felix Maria von Lichnowski. En un alemán más bien heterodoxo (cuya sintaxis reconstruimos aproximadamente en la versión española de aquella expresión) el representante silesio se pronunció contra el derecho de Polonia a la existencia, derecho histórico que, dijo, "ninguna fecha no tiene": "un derecho mayor" (el de los alemanes) "podría reivindicar" siempre, según Lichnowski, una fecha anterior de ocupación del territorio polaco. (Cfr. MEW, t. V, pp. 351-353).-- 731.

[j] j En lugar de la frase precedente, en la 3ª y 4ª ediciones figura este pasaje: "Pero lo que en éste se manifiesta como manía individual, es en el capitalista el efecto del mecanismo social, en el que dicho capitalista no es más que una rueda del engranaje. Por lo demás, el desarrollo de la producción capitalista vuelve necesario un incremento continuo del capital invertido en una empresa industrial, y la competencia impone a cada capitalista individual, como leyes coercitivas externas, las leyes inmanentes del modo de producción capitalista. Lo constriñe a expandir continuamente su capital para conservarlo, y no es posible expandirlo sino por medio de la acumulación progresiva".

[20] 34 En la forma arcaica aunque constantemente renovada del capitalista, o sea en el usurero, Lutero expone con sumo acierto la pasión de dominio como elemento del afán de enriquecerse. "Los paganos pudieron llegar a la conclusión, especulando racionalmente, de que un usurero era un cuádruple ladrón y asesino. Pero nosotros los cristianos los honramos a tal punto, que casi los adoramos por su dinero... Quien chupa, roba y quita el alimento a otro, comete un asesinato tan grande (en lo que de él depende) como el que lo hace morir de hambre o lo arruina por completo. Pero eso es lo que hace un usurero, y se repantiga muy seguro en su silla, cuando más bien debería colgar de la horca y ser comido de tantos cuervos como gúldenes ha robado, si fuera posible que tuviese tanta carne como para que tantos cuervos pudieran desmenuzarla y repartírsela. Mientras, se cuelga a los ladronzuelos... A los ladrones pequeños los ponen en el cepo; los ladrones grandes se pavonean vestidos de seda y oro... De manera, pues, que no hay sobre la tierra mayor enemigo del hombre (después del diablo), que un avaro y usurero, pues éste quiere ser Dios sobre todos los hombres. Turcos, guerreros y tiranos son también hombres malvados, pero se ven obligados a dejar vivir a la gente y a confesar que son malvados y enemigos. Y alguna vez que otra pueden, e incluso deben, apiadarse de alguien. Pero un usurero y avariento querría que todo el mundo muriese de hambre y de sed, de pena y de miseria, si por él fuera, a fin de poseerlo todo él solo y que todos lo recibieran como a un dios y fueran eternamente sus siervos. Vestir suntuosos mantos, ostentar cadenas y anillos de oro, limpiarse el hocico y que los consideren y reverencien como varones caritativos y piadosos... La usura es un monstruo grande y descomunal, cual un ogro que todo lo devasta, más que ningún Caco, Gerión o Anteo. Y sin embargo se acicala y quiere pasar por piadosa y que no se vea adónde van a parar los bueyes que mete a reculones en su guarida. Pero Hércules habrá e oír el bramido de los bueyes y la grita de los prisioneros y buscará a Caco entre peñas y quebradas y liberará del malvado a los bueyes {212}. Pues Caco significa un malvado que es un piadoso usurero que arrebata, roba y devora todo. Y pretende no haber hecho nada, y nadie debe descubrirlo, porque por las huellas de los bueyes metidos a reculones en su guarida, parece que los ha soltado. El usurero, pues, quiere embaucar al mundo, como si él fuera útil y diera al mundo bueyes, cuando no hace más que atraparlos y devorarlos... Y si se somete al suplicio de la rueda y se decapita a los salteadores de caminos, a los asesinos y bandidos, cuánto más habría que imponer ese tormento y sangrar a todos los usureros... cazarlos, anatematizarlos y decapitarlos." (Martin Luther, "An die Pfarrherrn"...)

21 [212] Caco, probablemente un viejo dios del fuego al que se había rendido culto en el monte Palatino, en una leyenda tardía del ciclo de Hércules es apenas un semihombre, un monstruo que roba a aquél algunos de los toros y terneras robados, a su vez, por el héroe a Gerión (véase Virgilio, "Eneida", VIII, 192 y ss.). Gerión era un gigante de tres cuerpos, al que Hércules dio muerte y despojó de su ganado. El gigante libio Anteo, hijo de la Tierra (la creencia de que recuperaba sus fuerzas al ser derribado y entrar en contacto con su madre parece ser una incorporación tardía al mito), también fue muerto por Hércules.-- 732.

[22] [213] "Enternecimiento humano" --según el poema de Schiller, "La fianza", verso 132-- es el que experimenta el tirano de Siracusa, Dionisio, cuando comprueba hasta qué punto los amigos Damón y Fintias están dispuestos a sacrificar la vida uno por el otro.-- 733.

[23] [214] Su propio Adán, esto es, él mismo. En la versión francesa de uno de estos pasajes agrega Marx: "su carne". Véase nuestra nota 56.-- 706; 733; 738.

[24] [215] "[exclamdown]Dos almas moran, ay, en mi pecho y una quiere divorciarse de la otra!" --Goethe, "Faust", parte I, "Ante la puerta". Goethe parafrasea a un autor cuya influencia sobre el gran escritor alemán había subrayado Marx (en carta a Engels del 3 de mayo de 1854, MEW, t. XXVIII, p. 356), Calderón: "¿Qué es eso, cielos? ¿Hay dos corazones en mi pecho? ¿Hay en mí dos albedríos, dos almas?" ("Los empeños de un acaso", jornada I.).-- 706; 733.

[k] k 0,57 litros, aproximadamente.

[25] 35 Dr. Aikin, "Description of the Country from 30 to 40 miles round Manchester", Londres, 1795, pp. 181, 182 y ss., 188.

[26] [216] [exclamdown]He allí a Moisés y los profetas!. --Vale decir: [exclamdown]eso es lo esencial, el precepto al que hay que atenerse! La expresión procede del "Evangelio de Lucas", XVI, 29-31: desde el infierno el rico pide que Lázaro, que está en el cielo, prevenga a los hermanos del primero acerca del terrible futuro que les aguarda si siguen viviendo en el pecado, a lo que responde Abraham: "A Moisés y los profetas tienen; óiganlos. [...] Si no oyen a Moisés y los profetas tampoco se persuadirán, si alguno se levantare de los muertos".-- 735; 963.

[27] 36 A. Smith, "Wealth of Nations", lib. II, cap. III, o. 367.

[28] 37 Incluso Jean-Baptiste Say dice: "Los ahorros de los ricos se efectúan a costa de los pobres" {217}. "El proletario romano vivía casi enteramente a costa de la sociedad... Casi se podría decir que la sociedad moderna vive a expensas de los proletarios, de la parte que les descuenta de la retribución de su trabajo". (Sismondi, "Études...", t. I, p. 24.)

29 [217] (W) J. B. Say, "Traité d'économie politique", 5ª ed., t. I, París, 1826, pp. 130-131.-- 735.

[30] 38 Malthus, "Principles...", pp. 319, 320.

[31] [218] La palabra hebrea shibboleth (espiga) se usa aquí en el sentido de "consigna", "santo y seña". Según la Biblia ("Jueces", XII, 5-6), los galaaditas, tras derrotar a los efraimitas se apostaron en los vados del Jordán; para distinguir de los hombres de su propia tribu a sus enemigos en fuga, obligaban a todo el que quería pasar a decir shibboleth. Los efraimitas, que no sabían pronunciar el sonido sh, decían sibboleth y eran degollados.-- 736.

[32] 39 "An Inquiry into those Principles Respecting the Nature of Demand...", p. 67.

[33] 40 Ibídem, p. 59.

[34] [219] La revolución del 27-29 de julio de 1830 derrocó a Carlos X, que con sus intentos de restaurar la monarquía absoluta se había vuelto intolerable para la burguesía, y puso en el trono de Francia a Luis Felipe, el "rey burgués".-- 736.

[35] 41 Senior, "Principes fondamentaux de l'économie politique", trad. Arrivabene, París, 1836, p. 309. Esta afirmación, sin embargo, les resultó un poco excesiva a los partidarios de la vieja escuela clásica. "El señor Senior ha sustituido la expresión trabajo y capital por la expresión trabajo y abstinencia... Abstinencia es mera negación. No es la abstinencia, sino el uso del capital empleado productivamente lo que constituye la fuente de la ganancia" {220} (John Cazenove, notas a las "Definitions...", de Malthus, p. 130, nota.) El señor John Stuart Mill, por el contrario, extracta por una parte la teoría ricardiana de la ganancia y por otra se anexa la "remuneration of abstinence" [remuneración de la abstinencia] postulada por Senior. En la misma medida en que le es ajena la "contradicción" hegueliana, fuente de toda dialéctica, Mill se siente como un pez en el agua en medio de las contradicciones más vulgares.

[36] [220] En TI 596 la cita se presenta así: "<<EI señor Senior la ha sustituido>> (la expresión trabajo y ganancia) <<por la expresión trabajo y abstinencia. Quien convierte su rédito se abstiene del disfrute que le proporcionaría gastarlo. No es el capital, sino el uso productivo del capital lo que constituye la causa de las ganancias>>".-- 737.

37 [221] (W) La fórmula "determinatio est negatio" figura en una carta de Spinoza del 2 de junio de 1674 a una persona innominada (véase la correspondencia de Baruch Spinoza, carta 50), donde se la emplea en el sentido de "delimitación o determinación es negación". Encontramos la fórmula "omnis determinatio est negatio", y su interpretación en el sentido de "toda determinación es negación", en las obras de Hegel, a través de las cuales dicha fórmula obtuvo amplia difusión. (Véase "Enzyklopädie der philosophischen Wissenschaften", parte I, SS 91, agregado; "Die Wissenschaft der Logik, libro I, primera sección, cap. II, b; "Vorlesungen über die Geschichte der Philosophie, parte I, primera sección, cap. I, parágrafo sobre Parménides.).-- 737.

[38] 42 Senior, op. cit., p. 342.

[39] 43 "Nadie... sembraría su trigo, por ejemplo, y lo dejaría permanecer doce meses en la tierra, ni dejaría durante años su vino en una bodega, en vez de consumir inmediatamente esas cosas o su equivalente, si no confiara en obtener un valor adicional, etc." (Scrope, "Political Economy", ed. por A. Potter, Nueva York, 1841, p. 133.) {222}

40 [222] (W) Se cita aquí el libro de Potter, "Political Economy: its Objects, Uses and Principles, Nueva York, 1841. Como se desprende de la introducción, gran parte del libro es, en lo esencial, una reimpresión de los primeros diez capítulos de la obra de Scrope, "Principles of Political Economy", publicada en Inglaterra en 1833. Potter introdujo en el texto algunas variantes.-- 738.

[41] [214] Su propio Adán, esto es, él mismo. En la versión francesa de uno de estos pasajes agrega Marx: "su carne". Véase nuestra nota 56.-- 706; 733; 738.

[42] 44 "La privación que se impone el capitalista al prestar" (este eufemismo se usa, conforme a la receta más socorrida de la economía vulgar, para identificar al asalariado, a quien explota el capitalista industrial, con el capitalista mismo, que obtiene dinero del capitalista prestamista) "sus instrumentos de producción al trabajador en vez de destinar el valor a su uso personal, transformándolo en objetos útiles o de placer." (G. de Molinari, Études économiques", p. 36.)

[43] [223] Visnú (Vishnú, en sánscrito "el que penetra" o "el que trabaja"). Dialécticamente opuesto y asociado a Brahma, el creador, y Siva, el destructor, Visnú es el principio conservador de la trimurti o trinidad india. Su culto incluye distintos tipos de automortificación.-- 738.

[44] 45 "La conservation d'un capital exige... un effort... constant pour résister à la tentation de le consommer." (Courcelle-Seneuil, "Traité théorique...", p. 57.)

45 46 "Las diversas clases de ingreso que contribuyen de la manera más abundante al progreso del capital nacional, cambian en diferentes fases de su desarrollo y difieren enteramente, por tanto, en naciones que ocupan posiciones diferentes en ese desarrollo... Las ganancias... una fuente poco importante de acumulación en los estadios primitivos de la sociedad, si se las compara con los salarios y rentas... Cuando se ha operado efectivamente un avance considerable en las fuerzas de la industria nacional, las ganancias aumentan su importancia relativa como fuente de acumulación." (Richard Jones, "Text-book...", pp. 16, 21.)

[l] l En la 3ª y 4ª ediciones: "en el Colegio de Haileybury, Indias Orientales".

[46] [224] En TI 598, "rédito" en vez de "rédito ajeno".-- 739.

[47] 47 Ibídem, p. 36 y s. {F. E. Agregado a la 4ª edición . Seguramente se trata de un error; la cita no ha sido localizada (b).}

m m En la 4ª edición, "magnitud", etc., está después de "diferencia creciente", etcétera.

[n] n En lugar de esta frase y del párrafo precedente, dice así en la 3ª y 4ª ediciones: "Si suponemos como dada la proporción en que el plusvalor se divide en capital y rédito, es obvio que la magnitud del capital acumulado se regirá por la magnitud absoluta del plusvalor. Supongamos que se capitalice el 80 % y se consuma el 20 %; el capital acumulado ascenderá a [sterling] 2.400 o a [sterling] 1.200 según el plusvalor global haya sido de [sterling] 3.000 ó de 1.500. Por consiguiente, todas las circunstancias que determinan la masa del plusvalor, contribuyen a determinar la magnitud de la acumulación. Resumimos aquí, una vez más, esas circunstancias, pero sólo en la medida en que ofrecen, con respecto a la acumulación, nuevos puntos de vista.

48 48 "Ricardo afirma: <<En diferentes estadios de la sociedad la acumulación de capital o los medios de emplear trabajo>>" (es decir, de explotarlo) "<<es más o menos rápida, y depende necesariamente, en todos los casos, de las fuerzas productivas del trabajo. Éstas, en general, alcanzan su nivel máximo cuando existe abundancia de tierra fértil.>> Si en esta frase <<fuerzas prodructivas del frabajo>> significa la pequeñez de esa parte alícuota de cada producto que toca a aquellos cuyo trabajo manual lo produce, la frase es tautológica, porque la parte restante es el fondo a partir del cual se puede acumular capital, si a su propietario le place (if the owner pleases). Pero esto no suele ocurrir allí donde existe la tierra más fértil." ("Observations on Certain Verbal Disputes...", página 74.)

[o] o En la 3ª y 4ª ediciones en lugar de las tres frases precedentes figura este texto: "La reducción violenta del salario por debajo de este valor, sin embargo, desempeña un papel demasiado importante en el movimiento práctico como para no detenernos en ella un momento. Dicha reducción transforma de hecho, dentro de ciertos límites, el fondo para el consumo necesario del obrero en fondo para la acumulación del capital".

[p] p En la 4ª edición no figuran las palabras "junto a la maquinaria misma" {225}.

49 [225] El arreglo de la cuarta edición hace que la traducción alemana del texto de Mill difiera ligeramente de su original inglés (tal como aparece en TI 600), donde figuran las palabras suprimidas por Engels: "along with the tools themselves".-- 741.

[50] 49 John Stuart Mill, "Essays on Some Unsettled Questions...", pp. 90, 91.

[51] 50 "An Essay on Trade and Commerce...", p. 44. De manera análoga, el "Times" de diciembre de 1866 y enero de 1867 publicó las efusiones sentimentales de ciertos propietarios ingleses de minas, con respecto a la feliz situación de los mineros belgas; éstos ya no exigían ni obtenían más que lo estrictamente necesario para vivir al servicio de sus "masters" [patrones]. Los obreros belgas tienen mucho que soportar, [exclamdown]pero de ahí a que el "Times" los presente como trabajadores modelos!... A principios de febrero de 1867 la huelga de los mineros belgas (en Marchienne), aplastada por la pólvora y el plomo, dio una respuesta al periódico inglés.

[52] 51 Ibídem, pp. 44, 46.

[53] 54 El fabricante de Northamptonshire incurre en un pia fraus [fraude piadoso], que la fogosidad de su corazón vuelve disculpable. Presuntamente compara la vida de los obreros manufactureros ingleses con la de los franceses, pero lo que describe en las frases recién citadas es, como él mismo lo confiesa irreflexivamente más adelante, [exclamdown]la condición de los obreros agrícolas franceses!

[54] 53 Ibídem, pp. 70, 71. Nota a la 3ª edición. Hoy en día, gracias a la competencia que desde entonces se ha instaurado en el mercado mundial, hemos efectuado considerables progresos en esa dirección. "Si China", explica el parlamentario Stapleton a sus electores, "se convirtiera en un gran país industrial, no veo cómo la población obrera de Europa podría hacer frente a ese desafío sin descender al nivel de sus competidores." ("Times", 3 de setiembre de 1873.) No los salarios continentales, oh no, sino los salarios chinos: he ahí el objetivo que actualmente se ha fijado el capital.

[55] 54 Benjamin Thompson, "Essays, Political, Economical, and Philosophical...", 3 vols., Londres, 1796-1802, vol. I, p. 294. En su obra "The State of the Poor...", sir Frederic Morton Eden recomienda encarecidamente la menesterosa sopa rumfordiana a los directores de hospicios y, con el ceño fruncido, hace presente a los obreros ingleses que "entre los escoceses hay muchas familias que en lugar de alimentarse con trigo, centeno y carne, viven durante meses y además muy confortablemente (and that very comfortably too) comiendo papillas de avena y harina de cebada a la que sólo se le ha añadido sal y agua". (Ibídem, vol. I, lib. II, cap. II, p. 503.) {226} "Advertencias" similares se han formulado en el siglo XIX. "Los obreros agrícolas ingleses", se dice, por ejemplo, "rehúsan comer mezclas de cereales de tipo inferior. En Escocia, donde la gente recibe una educación más esmerada, probablemente no se conozca este prejuicio." (Charles H. Parry, M. D., "The Question of the Necessity of the Existing Cornlaws Considered", Londres, 1816, p. 69.) Este mismo Parry, sin embargo, se queja de que el obrero inglés sea ahora (1815) mucho más enclenque que en tiempos de Eden (1797).

56 [226] Cfr. con la definición de avena en el Dictionary of the English Language del doctor Johnson, publicado en 1755: "Un cereal que en Inglaterra generalmente se les da a los caballos, pero que en Escocia alimenta a la gente".-- 743.

[57] 55 De los informes de la última comisión investigadora parlamentaria sobre la adulteración de víveres se desprende que incluso la falsificación de las sustancias medicamentosas no constituye en Inglaterra la excepción, sino la regla. El análisis, por ejemplo, de 34 muestras de opio adquiridas en otras tantas farmacias londinenses, arrojó el resultado de que 31 estaban adulteradas con cáscaras de adormidera, harina de trigo, mucílago de goma, arcilla, arena, etc. Muchas no contenían un solo átomo de morfina.

58 [175] Alusión al personaje shakespiriano Dogberry (véase vol. I, p. 102); el término se usa para designar a un funcionario ignorante y fatuo.-- 518; 744.

[q] q 3,941 Kg.

[59] 56 G. L. Newnham (barrister at law), "A Review of the Evidence before the Committees of the two Houses of Parliament on the Cornlaws", Londres, 1815, p. 20, nota.

[60] 57 Ibídem, pp. 19, 20.

[61] 58 Ch H. Parry, "The Question of the Necessity...", pp. 77, 69. Los señores terratenientes, por su parte, no sólo se "indemnizaron" por la guerra antijacobina {220}, que llevaron a cabo en nombre de Inglaterra, sino que se enriquecieron enormemente. "Sus rentas se duplicaron, se triplicaron, se cuadruplicaron y, en casos excepcionales, se sextuplicaron en 18 años." (Ibídem, pp. 100, 101.)

62 [200] Guerra antijacobina. --En la versión francesa (TFA 493) Marx atribuye la autoría de esa expresión al escritor y líder radical y obrerista William Cobbett (1762-1835): "antijacobin war, tal es el nombre dado por William Cobbett a la guerra contra la Revolución Francesa".-- 678; 745; 842; 939.

[r] r En la 3ª y 4ª ediciones se agrega: "(véase el cap. XV, 8, c)".

[s] s En la 3ª y 4ª ediciones los dos párrafos precedentes se sustituyen por este texto: "Aunque en todos los ramos industriales la parte del capital constante compuesta de medios de trabajo tiene que bastar para emplear a cierto número de obreros, determinado por la magnitud de la inversión, de ninguna manera es necesario que esa parte crezca siempre en la misma proporción en que lo hace la cantidad de trabajo ocupado. Supongamos que en una fábrica 100 obreros proporcionan, laborando 8 horas, 800 horas de trabajo. Si el capitalista quiere aumentar en la mitad esa suma, puede emplear 50 obreros más, pero entonces se verá obligado a adelantar un nuevo capital, no sólo para salarios, sino también para medios de trabajo. Sin embargo, puede hacer que los 100 obreros antiguos trabajen 12 horas en vez de 8, en cuyo caso le bastará con los medios de trabajo ya existentes; ocurrirá, tan sólo, que éstos se desgastarán con mayor rapidez. De esta manera, el trabajo adicional generado por una mayor tensión de la fuerza de trabajo puede acrecentar el plusproducto y el plusvalor, esto es, la sustancia de la acumulación, sin un incremento proporcional de la parte constante del capital.

"En la industria extractiva, por ejemplo en las minas, las materias primas no forman parte del adelanto de capital. El objeto de trabajo no es aquí producto del trabajo precedente, sino gratuito obsequio de la naturaleza. Así ocurre con los minerales metalíferos, los minerales en general, la hulla, la piedra, etc. El capital constante se compone aquí casi exclusivamente de medios de trabajo que pueden tolerar, muy fácilmente, una cantidad de trabajo acrecentada (turnos diurno y nocturno de obreros, por ejemplo). Pero si todas las demás circunstancias son iguales, la masa y el valor del producto alimentarán en razón directa del trabajo empleado. Como en el primer día de la producción, convergen aquí el hombre y la naturaleza, esto es, los creadores originarios del producto, y por tanto los creadores también de los elementos materiales dl capital. Gracias a la elasticidad de la fuerza de trabajo, el dominio de la acumulación se ha ensanchado sin que se operara un incremento previo del capital constante.

"En la agricultura es imposible expandir la tierra cultivada sin un adelanto de simientes y abono adicionales. Pero una vez efectuado ese adelanto, el laboreo puramente mecánico del suelo ejerce un efecto prodigioso sobre el carácter masivo del producto. De esta manera, una cantidad mayor de trabajo, suministrada por el mismo número de obreros, acrecienta la fertilidad sin exigir un nuevo adelanto de medios de trabajo. Se trata aquí, una vez más, de la acción inmediata del hombre sobre la naturaleza, acción que deviene, sin injerencia de un nuevo capital, en fuente directa de una mayor acumulación.

"Por último, en la industria propiamente dicha todo gasto adicional de trabajo presupone el correspondiente gasto adicional de materias primas, pero no necesariamente de medios de trabajo. Y como la industria extractiva y la agricultura suministran a la industria fabril sus propias materias primas y las de sus medios de trabajo, ésta se beneficia también con el suplemento de productos creado por aquéllas sin necesidad de ningún capital suplementario o adicional.

"Resultado general: el capital, al incorporarse los dos creadores originarios de la riqueza la fuerza de trabajo y la tierra , adquiere una fuerza expansiva que le permite extender los elementos de su acumulación más allá de los límites aparentemente fijados por su propia magnitud, límites trazados por el valor y la masa de los medios de producción ya producidos en los que el capital tiene su existencia.

[t] t En la 3ª y 4ª ediciones: "no sólo el número de las materias útiles y las aplicaciones útiles de los materiales ya conocidos."

[u] u En la 3ª y 4ª ediciones se lee: "la ciencia y la técnica constituyen".

[v] v El texto de este párrafo, hasta aquí, es sustituido en la 3ª y 4ª ediciones por el siguiente: "El trabajo transfiere al producto el valor de los medios de producción consumidos por él. Por otra parte, el valor y la masa de los medios de producción puestos en movimiento por una cantidad de trabajo dada, se acrecientan a medida que el trabajo se vuelve más productivo. Por tanto, aunque la misma cantidad de trabajo agregue siempre a sus productos la misma suma de valor nuevo, al aumentar la productividad del trabajo se acrecienta, sin embargo, el valor antiguo de capital que aquella cantidad de trabajo transfiere simultáneamente a los productos.

[63] 59 Frierich Engels, "Die Lage...", p. 20.

[64] 60 A causa de su análisis defectuoso del proceso de trabajo y de valorización, la economía clásica nunca ha comprendido debidamente este importante elemento de la reproducción, como puede verse, pongamos por caso, en Ricardo. Dice éste, por ejemplo: sean cuales fueren los cambios experimentados por la fuerza productiva, "un millón de hombres siempre produce en las fábricas el mismo valor". Cuando la extensión y el grado de intensidad de su trabajo están dados, esto es cierto. Pero ello no impide, y Ricardo lo pasa por alto en algunas de sus conclusiones, que un millón de hombres, cuando difiere la fuerza productiva de su trabajo, transforme en producto masas muy diferentes de medios de producción; conserve, por tanto, masas de valor muy diferentes en su producto y, en consecuencia, que sean muy diferentes los valores de los productos que, suministra. Ricardo, dicho sea de pasada, procura en vano, valiéndose de ese ejemplo, explicarle a Jean-Baptiste Say la diferencia entre valor de uso (que aquí denomina wealth, riqueza material) y valor de cambio. Say responde: "En cuanto a la dificultad alegada por el señor Ricardo cuando dice que gracias a procedimientos mejores un millón de personas pueden producir dos, tres veces más riqueza sin producir por ello más valor, esta dificultad deja de serlo cuando se considera, como es debido, que la producción es un intercambio en el cual se dan los servicios productivos del trabajo propio, de la tierra y los capitales propios, para obtener productos. Mediante estos servicios productivos adquirimos todos los productos que existen en el mundo [...]. Ahora bien... somos tanto más ricos, nuestros servicios productivos tienen tanto más valor, cuanto mayor cantidad de cosas útiles obtengan en el intercambio denominado producción". (J. B. Say, "Lettres à M. Malthus", París, 1820, pp. 168, 169.) La "difficulté" existente para él, no para Ricardo que Say debe explicar es: ¿por qué no aumenta el valor de los valores de uso cuando su cantidad, a causa de unamayor productividad del trabajo, se acrecienta? Respuesta: la dificultad se resuelve denominando, gentilmente, valor de cambio al valor de uso. El valor de cambio es una cosa que one way or another [de una u otra manera], está vinculada con el intercambio. Llamemos entonces a la producción "intercambio" de trabajo y de medios de producción por el producto, y es claro como el agua que se obtendrá tanto más valor de cambio cuanto más valor de uso le suministre a uno la producción. En otras palabras: cuantos más valores de uso, por ejemplo medias, suministre una jornada laboral al fabricante de medias, éste será tanto más rico en medias. Súbitamente a Say se le ocurre, sin embargo, que "con la mayor cantidad" de las medias su "precio" (que, naturalmente, nada tiene que ver con el valor de cambio) disminuye, "porque la competencia los obliga" (a los productores) "a entregar los productos por lo que cuestan". ¿Pero de dónde proviene entonces la ganancia, si el capitalista vende las mercancías al precio que le cuestan? Never mind [no importa]. Say declara que a causa de la mayor productividad, cada uno recibe, a cambio del mismo equivalente, dos pares de medias, en lugar de uno como antes, etc. El resultado al que arriba es precisamente la tesis de Ricardo que él pretendía refutar. Luego de este imponente esfuerzo mental, Say apostrofa triunfalmente a Malthus: "Tal es, señor, la doctrina bien fundada sin la cual es imposible, afirmo, explicar las mayores dificultades de la economía política, y en particular cómo puede ocurrir que una nación sea más rica cuando sus productos disminuyen de valor, pese a que la riqueza sea valor". (Ibídem, p. 170.) Un economista inglés, refiriéndose a artilugios similares en las "Lettres" de Say, observa lo siguiente: "Estas afectadas maneras de charlar (those affected ways of talking) constituyen en conjunto lo que el señor Say gusta de llamar su doctrina, doctrina que recomienda encarecidamente a Malthus que enseñe en Hertford, tal como ocurr ya <<en varias partes de Europa>>. Dice Say: <<Si usted encuentra un aspecto paradojal en todas estas proposiciones, examine las cosas que expresan, y me atrevo a creer que le parecerán muy simples y sumamente razonables>>. Sin duda, y a consecuencia del mismo proceso aparecerán como cualquier cosa menos originales o importantes". ("An Inquiry into those Principles Respecting the Nature of Demand...", p. 110.)

[65] 61 En el libro tercero veremos cómo la tasa media de ganancia correspondiente a esferas de producción diferentes, no se ve afectada por la división del capital característica de cada una de las mismas en sus elementos constante y variable. Veremos, asimismo, cómo este fenómeno sólo en apariencia contradice las leyes ya examinadas sobre la naturaleza y producción del plusvalor (a).

[w] w Párrafo suprimido en la 3ª y 4ª ediciones.

[x] x En la 3ª y 4ª ediciones se agrega: "(interés, beneficio, etc.)".

66 62(b) MacCulloch patentó su "salario del trabajo pretérito" mucho antes que Senior obtuviera la patente correspondiente al "salario de la abstinencia".

[y] y En la 3ª y 4ª ediciones se agrega este párrafo: "Dado el grado de explotación a que se somete la fuerza de trabajo, la masa del plusvalor se determina por el número de obreros explotados simultáneamente, número que corresponde, aunque en proporción variable, a la magnitud del capital. Cuanto más crezca el capital por medio de acumulaciones sucesivas, pues, tanto más crecerá también la suma de valor que se escinde en fondo de consumo y fondo de acumulación. El capitalista, por tanto, puede vivir más pródigamente y al mismo tiempo <<abstenerse>> más. Y, por último, todos los resortes de la producción funcionan tanto más enérgicamente, cuanto más se amplía su escala al aumentar la masa del capital adelantado".

[67] 63(a) Cfr., entre otros trabajos, Jeremy Bentham, "Théorie de peines et des récompenses", trad. de E. Dumont, 3ª ed., París, 1826 t. II, lib. IV, cap. II.

[68] [227] Martin Tupper (1810-1889), objeto de la cordial aversión de Marx, publicó en 1838 la primera de las muchas ediciones de su "Proverbial Philosophy", caudaloso fárrago de lugares comunes desganadamente versificados (en la versión francesa Marx habla de la "prosa rimada" de este prosaico poeta) y presuntamente edificantes. Ejemplo: "Un libro es el mejor de los amigos, hoy y siempre".-- 755.

[69] 1 64(b) Jeremy Bentham es un fenómeno puramente inglés. Aun sin exceptuar a nuestro filósofo Christian Wolf, en ninguna época y en ningún país se ha hecho nunca tal alarde, y con tanta autosatisfacción, del lugar común más adocenado. El principio de la utilidad no es ningún invento de Bentham. Éste se limita a reproducir sin ingenio alguno lo que Helvecio y otros franceses del siglo XVIII habían dicho ingeniosamente. Cuando se quiere saber, pongamos por caso, qué es útil para un perro, hay que escudriñar en la naturaleza canina. Es imposible construir esta naturaleza a partir del "principio de la utilidad". Aplicando esto al hombre, quien quisiera enjuiciar según el principio de la utilidad todos los hechos, movimientos, relaciones, etc., del hombre, debería ocuparse primero de la naturaleza humana en general y luego de la naturaleza humana modificada históricamente en cada época. Bentham no pierde tiempo en esas bagatelas. Con la aridez más ingenua parte del supuesto de que el filisteo moderno, y especialmente el filisteo inglés, es el hombre normal. Lo que es útil para este estrafalario hombre normal y para su mundo, es útil en sí y para sí. Conforme a esta pauta, entonces, Bentham enjuicia lo pasado, lo presente y lo futuro. La religión cristiana es "útil", por ejemplo, porque repudia religiosamente las mismas fechorías que el código penal condena jurídicamente. La crítica de arte es nociva, porque a la gente honesta le perturba su disfrute de Martin Tupper, etc. Nuestro buen hombre, cuya divisa es "nulla dies sine linea" [ningún día sin una pincelada] {228}, ha llenado con esa morralla rimeros de libros. Si yo tuviera la valentía de mi amigo Heinrich Heine, llamaría a don Jeremías un genio de la estupidez burguesa.

70 [228] Nulla dies sine linea (ningún día sin una pincelada, o sin un trazo). --Según Plinio el Viejo ("Historia natural", XXXV, 12) el pintor griego Apeles había adquirido la costumbre de no dejar pasar un solo día sin trabajar, aunque fuera poco, en su arte; el dicho proverbial se fundaría en ese hábito.-- 756.

[71] 65(a) "Los economistas se inclinan demasiado a considerar determinada cantidad de capital y determinada cantidad de obreros como si fueran instrumentos de producción dotados de fuerza uniforme y que operan con cierta intensidad uniforme... Los [...] que afirman [...] que las mercancías son los únicos agentes de la producción [...], demuestran que la producción nunca puede acrecentarse, ya que para que se opere ese acrecentamiento es necesario que previamente aumente la cantidad de medios de subsistencia, materias primas y herramientas, y esto, de hecho, significa sostener que ningún incremento de la producción puede tener lugar sin un incremento precedente, o, en otras palabras, que todo incremento es imposible." (S. Bailey, "Money and its Vicissitudes", pp. 58 y 70.) Bailey critica el dogma, principalmente, desde el punto de vista del proceso de circulación.

[72] 66(a) Dice John Stuart Mill en sus "Principtes of... [lib. II, capitulo I, SS 3]: "El producto del trabajo se divide hoy día en razón inversa al trabajo: la parte mayor toca a quienes nunca trabajan; la siguiente a aquellos cuyo trabajo es solamente nominal, y así, en escala decreciente, la remuneración se va encogiendo a medida que el trabajo se vuelve más duro y desagradable, hasta llegar al trabajo más repulsivo y agotador, que ni siquiera puede contar con la seguridad de obtener la satisfacción de sus necesidades vitales". Para evitar equívocos, dejemos constancia de que si bien cabe condenar a hombres como John Stuart Mill, etc., por la contradicción entre sus viejos dogmas económicos y sus tendencias modernas, sería extremadamente injusto confundirlos en un mismo montón con el rebaño de los apologistas económico-vulgares.

73 67(b) H. Fawcett, profesor de economía política en Cambridge: "The Economic Position of the British Labourer", Londres, 1865, página 120.

[74] 68(c) Recuerdo aquí al lector que he sido el primero en emplear las categorías de capital variable y capital constante. Desde Adam Smith, la economía política entremezcla confusamente las determinaciones contenidas en ellas con las diferencias formales, resultantes del proceso de circulación, entre el capital fijo y el circulante. Más detalles sobre el particular se expondrán en el libro segundo, segunda sección.

[75] 69(a) Fawcett, "The Economic Position...", pp. 123, 122.

[76] 70(b) Se podría decir que en Inglaterra no sólo se exporta anualmente capital, sino también, bajo la forma de la emigración, obreros. En el texto, sin embargo, no se hace referencia alguna al peculio de los emigrantes, que en gran parte no son obreros. Los hijos de los arrendatarios constituyen un considerable sector de los emigrantes. El pluscapital inglés enviado cada año al extranjero para ganar intereses, guarda una proporción incomparablemente mayor con la acumulación anual, que la emigración anual con el acrecentamiento experimentado año a año por la población.







subir