marxismoeducar.cl

        Estás en Biblioteca...                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   




CAPITULO VIII

CAPITAL FIJO Y CAPITAL CIRCULANTE
[a]
I. Las diferencias de forma

En el libro I, cap. VI[b], vimos que una parte del capital constante mantiene la forma determinada de uso en la que entra en el proceso de producción frente a los productos a cuya creación contribuye. Siempre vuelve a cumplir, pues, las mismas funciones en procesos laborales continuamente repetidos durante un período más o menos prolongado. Así ocurre, por ejemplo, con los edificios de trabajo, las máquinas, etc., en pocas palabras, con todo lo que reunimos bajo el nombre de medios de trabajo. Esta parte del capital constante cede valor al producto en la proporción en que pierde, con su propio valor de uso, su propio valor de cambio. Esta cesión de valor o este pasaje del valor de un medio de producción de este tipo al producto en cuya creación coopera, se determina por un cálculo promedial, se mide por la duración media de su funcionamiento, desde el momento en que el medio de producción ingresa en el proceso de producción hasta el momento en que se ha desgastado totalmente, en que ha muerto, y hay que reponerlo mediante un nuevo ejemplar del mismo tipo o reproducirlo.
[190]
Lo peculiar de esta parte del capital constante de los medios de trabajo propiamente dichos es, pues, lo siguiente:
Una parte del capital se ha adelantado bajo la forma de capital constante, es decir, de medios de producción, que ahora funcionan como factores del proceso laboral mientras dura la figura autónoma de uso con la cual ingresan en el mismo. El producto terminado, y por ende también los creadores del producto, en la medida en que se los ha transformado en producto, salen del proceso de producción para pasar, como mercancía, de la esfera de la producción a la esfera de la circulación. En cambio los medios de trabajo no abandonan nunca la esfera de la producción, una vez que han entrado en la misma. Su función los confina allí. Una parte del valor de capital adelantado está fijada en esta forma, determinada por la función de los medios de trabajo en el proceso. Con el funcionamiento, y en consecuencia el desgaste, del medio de trabajo, un parte de su valor pasa al producto; otra queda fijada en el medio de trabajo y por ende en el proceso de producción. El valor así fijado disminuye constantemente, hasta que el medio de trabajo ha cumplido su tiempo de servicio y por tanto también su valor se ha distribuido, en un período más o menos prolongado, entre una masa de productos que surgen de una serie de procesos laborales continuamente reiterados. Pero mientras todavía es eficaz como medio de trabajo, o sea, mientras no hay que sustituirlo por un nuevo ejemplar del mismo tipo, siempre queda valor constante de capital fijado en él, mientras otra parte del valor fijado en él originariamente pasa al producto y por tanto circula como parte constituida del acopio de mercancías. Cuanto más dura el medio de trabajo, cuanto más lentamente se desgasta, más tiempo queda el valor constante de capital fijado en esta forma de uso. Pero sea cual fuere el grado de su durabilidad, la proporción en la que traspasa valor siempre está en razón inversa a su tiempo total de funcionamiento. Si de dos máquinas de igual valor una se desgasta en cinco años y la otra en diez, la primera cede, en igual espacio de tiempo, el doble de valor que la segunda.
Esta parte del valor de capital, fijada en medios de trabajo, circula al igual que cualquier otra. Hemos visto, en general, que todo el valor de capital se encuentra en [191] circulación constante, y por eso, en este sentido, todo capital es capital circulante. Pero la circulación de la parte del capital que estamos considerando aquí es peculiar. En primer lugar, no circula en su forma de uso, sino que sólo circula su valor, y lo hace paulatinamente, de manera fragmentaria, a medida que pasa de esa parte del capital al producto que circula como mercancía. A lo largo de todo el tiempo en que estos medios están en funcionamiento, una parte de su valor queda siempre fijada en ellos, autónoma frente a las mercancías que ayudan a producir. Por esta peculiaridad, esta parte del capital constante recibe la forma: capital fijo. En cambio, todas las otras partes constitutivas materiales del capital adelantado en el proceso de producción constituyen, por oposición a aquél, capital circulante o fluido.[c1]
Una parte de los medios de producción a saber, aquellos materiales auxiliares consumidos por los propios medios de trabajo durante su funcionamiento, como el carbón por la máquina de vapor; o los que sólo coadyuvan en el proceso, como el gas de alumbrado, etc. no entra materialmente en el producto. Sólo su valor constituye una parte del valor del producto. El producto, en su propia circulación, hace circular el valor de estos medios de producción. Comparten este rasgo con el capital fijo. Pero en cada proceso laboral en el que entran se los consume totalmente y en consecuencia, para cada nuevo proceso laboral, hay que reponerlos totalmente mediante nuevos ejemplares del mismo tipo. No conservan su figura autónoma de uso durante su funcionamiento. Por consiguiente, durante dicho funcionamiento tampoco queda fijada una parte del valor de capital en la antigua figura de uso de aquéllos, en su forma en especie. La circunstancia de que esta parte de los materiales auxiliares no entre materialmente en el producto, sino que sólo por su valor entre como parte de valor en el valor del producto, y la de que la función de estos materiales quede confinada dentro de la esfera de la producción, circunstancia ésta que es concomitante de aquélla, ha inducido a economistas como Ramsay (al confundir, al mismo tiempo, capital fijo y [192] constante) en el error de aplicar a estos materiales la categoría de capital fijo.
La parte de los medios de producción que entra materialmente en el producto, o sea materia prima, etc., recibe de esta manera, en parte, formas bajo las cuales puede entrar más tarde como medio de disfrute en el consumo individual. Los medios de trabajo propiamente dichos, los portadores materiales del capital fijo, sólo se consumen productivamente y no pueden entrar en el consumo individual porque no entran en el producto o en el valor de uso que ayudan a crear; antes bien, conservan frente a éste su figura autónoma hasta que se desgastan por completo. Los medios de trasporte constituyen una excepción. E efecto útil que producen durante su funcionamiento productivo, y por ende durante su permanencia en la esfera de la producción, el cambio de lugar, entra simultáneamente en el consumo individual, por ejemplo, del viajero. Este paga el uso también en el presente caso, así como paga el de otros medios de consumo. Hemos visto que en la fabricación química, por ejemplo, la materia prima y los materiales auxiliares se confunden.[d] Lo mismo ocurre también con los medios de trabajo, los materiales auxiliares y las materias primas. Así por ejemplo, en la agricultura, las sustancias agregadas al suelo para mejorarlo entran parcialmente, como creadoras de producto, en el producto vegetal. Por otra parte, su efecto se distribuye a lo largo de un período más prolongado, por ejemplo de 4-5 años. Por tanto, una parte de las mismas entra materialmente en el producto y con ello le transfiere simultáneamente su valor, mientras otra parte fija también su valor en su antigua forma de uso. Sigue existiendo como medio de producción y por eso recibe la forma de capital fijo. Como bestia de labor, un buey es capital fijo. Si se lo come, no funciona como medio de trabajo, y por ende tampoco como capital fijo.
La determinación que el carácter de capital fijo confiere a una parte del valor de capital desembolsado en medios de producción, reside exclusivamente en el modo peculiar con que este valor circula. Este modo característico de circulación surge del modo característico con que el medio de trabajo cede su valor al producto o se comporta [193] como creador de valor durante el proceso de producción. Y este modo, a su vez, surge de la índole particular de la función de los medios de trabajo en el proceso laboral.
Sabemos que el mismo valor de uso que emerge como producto de un proceso laboral, entra en otro como medio de producción. Sólo la función de un producto como medio de trabajo en el proceso de producción lo convierte en capital fijo. En cambio el producto mismo, cuando acaba de egresar de un proceso, no es de ninguna manera capital fijo. Una máquina, por ejemplo, como producto o mercancía del fabricante de máquinas, forma parte del capital mercantil de éste. Y sólo se convierte en capital fijo en manos de su comprador, del capitalista que la emplea productivamente.
Si todas las otras circunstancias son iguales, el grado de fijeza crece al crecer la durabilidad del medio de trabajo. Pues de esta durabilidad depende la magnitud de la diferencia entre el valor de capital fijado en medios de trabajo y la parte de esta magnitud de valor que el medio de trabajo cede al producto en repetidos procesos laborales. Cuanto más lentamente ocurr esta cesión de valor y el medio de trabajo transfiere valor en cada repetición del mismo proceso laboral , mayor será el capital fijo, mayor la diferencia entre el capital empleado en el proceso de producción y el consumido en él. No bien haya desaparecido esta diferencia, el medio de trabajo habrá agotado su ciclo vital y perdido, junto con su valor de uso, su valor. Habrá dejado de ser portador de valor. Como el medio de trabajo, al igual que cualquier otro portador material de capital constante, sólo transfiere valor al producto en la medida en que pierde, junto con su valor de uso, su valor, resulta evidente que cuanto más lentamente se pierda su valor de uso, cuanto más tiempo dure el medio de trabajo en el proceso de producción, más prolongado será el período en el cual queda fijado en él valor constante de capital.
Si un medio de producción que no es un medio de trabajo en sentido estricto, por ejemplo: material auxiliar, materia prima, producto semielaborado, etc., se comporta como los medios de trabajo con respecto a la transferencia de valor y por ende al modo de circulación de su valor, es también portador material, forma de existencia de capital [194] fijo. Esto ocurre en el caso de aquellas mejoras del suelo ya mencionadas, que agregan al suelo componentes químicos cuyo efecto dura varios períodos de producción o años. Aquí una parte del valor sigue existiendo, a la vera del producto, en su figura autónoma o en la figura de capital fijo, mientras otra parte de valor se ha transferido al producto y por eso circula con él. En este caso no sólo entra en el producto una parte de valor del capital fijo, sino también el valor de uso, la sustancia en la que existe esta parte de valor.
Dejando a un lado el error fundamental la confusión de las categorías capital fijo y circulante con las categorías capital constante y variable la confusión en las definiciones reinante hasta ahora entre los economistas se basa ante todo en los siguientes puntos:
Se convierte a determinadas propiedades, que correponden a los medios de trabajo por su materia, en propiedades directas del capital fijo, por ejemplo la inmovilidad física, digamos la de una casa. En este caso, siempre resulta fácil demostrar que otros medios de trabajo, que como tales también son capital fijo, tienen la propiedad opuesta, por ejemplo la movilidad física, digamos la de un barco.
O se confunde la determinación económica de la forma, determinación que resulta de la circulación del valor, con una propiedad de cosa, como si cosas que en sí no son en absoluto capital, sino que sólo llegan a serlo en determinadas condiciones sociales, pudieran ser ya de por sí y por naturaleza capital en una forma determinada, fijo o circulante. Vimos en el libro I, cap. V,[e] que en todo proceso laboral, cualesquiera que sean las condiciones sociales en las que se desarrolla, los medios de producción se dividen en medios de trabajo y objeto de trabajo. Pero sólo dentro del modo capitalista de producción se convierten aquéllos y éste en capital, y precisamente en "capital productivo", como se precisó en la sección anterior. De esta manera, la diferencia entre medio de trabajo y objeto de trabajo, fundada en la naturaleza del proceso laboral, se refleja en la nueva forma de la diferencia entre capital fijo y capital circulante. Sólo así se convierte en capital fijo una cosa que funciona como medio de trabajo. Si esa cosa, por sus propiedades materiales, también puede servir [195] para otras funciones que no sean las de medio de trabajo, será o no capital fijo según la diversidad de su función. El ganado, como animales de labor, es capital fijo; como ganado de engorde es materia prima que finalmente entra como producto en la circulación y por tanto no es capital fijo, sino circulante.
El mero hecho de que un medio de producción esté fijado más tiempo en procesos laborales repetidos que, sin embargo, están en conexión, son continuos, y por eso constituyen un período de producción es decir, el tiempo total de producción necesario para elaborar un producto obliga al capitalista, tal como lo hace el capital fijo, a efectuar un adelanto más o menos prolongado, pero no convierte su capital en capital fijo. La semilla, por ejemplo, no es capital fijo, sino sólo materia prima que está fijada en el proceso de producción durante un año aproximadamente. Todo capital, mientras funciona como capital productivo, está fijado en el proceso de producción, y en consecuencia también lo están todos los elementos del capital productivo, sea cual fuere su figura material, su función y el modo de circulación de su valor. El que este hallarse fijado dure más o menos tiempo, según la índole del proceso de producción o el efecto útil perseguido, no provoca la diferencia entre capital fijo y circulate.[2]
Una parte de los medios de trabajo, en la que están incluidas las condiciones generales de trabajo, se inmoviliza en un lugar no bien ingresa en el proceso de producción como medio de trabajo o, en su caso, no bien se la prepara para la función productiva, como ocurre, por ejemplo, con las máquinas. O bien se la produce desde un principio en esta forma inmóvil, ligada al lugar, como ocurre, por ejemplo, con las mejoras del suelo, los edificios de las fábricas, los altos hornos, los canales, las vías férreas, etc. Aquí, el que el medio de trabajo esté ligado continuamente al proceso de producción dentro del cual ha de funcionar está condicionado, al mismo tiempo, por su modo material de existencia. Por otra parte, un medio de trabajo puede moverse sin cesar, cambiar siempre de lugar físicamente, [196] y sin embargo encontrarse de manera ininterrumpida en el proceso de producción, como una locomotora, un barco, animales de labor, etc. Ni la inmovilidad le confiere, en un caso, el carácter de capital fijo, ni la movilidad se lo quita en el otro. Sin embargo, el hecho de que los medios de trabajo estén fijados en un lugar, de que con sus raíces estén metidos firmemente en la tierra, le asigna a esta parte del capital fijo un papel propio en la economía de las naciones. No se los puede enviar al extranjero, no pueden circular como mercancías en el mercado mundial. Los títulos de propiedad sobre este capital fijo pueden cambiar de manos, se lo puede comprar y vender, y en esa medida, puede circular idealmente. Estos títulos de propiedad pueden circular incluso en mercados extranjeros, por ejemplo bajo la forma de acciones. Pero la proporción que existe en un país entre la parte inmóvil, materialmente fijada de la riqueza y la parte móvil de la misma, no cambia porque cambien las personas, los propietarios de este tipo de capital fijo.[3f]
La peculiar circulación del capital fijo produce una rotación peculiar. La parte de valor que él pierde por desgaste en su forma en especie, circula como parte de valor del producto. Mediante su circulación, el producto se transforma de mercancía en dinero, por consiguiente, esto también le ocurre a la parte de valor del medio de trabajo que el producto hace circular, y precisamente, el valor de ese medio de trabajo cae gota a gota como dinero, del proceso de circulación, en la misma proporción en [197] que el medio de trabajo deja de ser portador de valor en el proceso de producción. Como vemos, su valor adquiere ahora una existencia doble. Una parte del mismo queda ligada a su forma de uso o en especie, perteneciente al proceso de producción; otra parte se desprende de ella como dinero. La parte de valor del medio de trabajo existente bajo la forma en especie disminuye constantemente en el transcurso de su funcionamiento, mientras la parte de su valor convertida a la forma dineraria aumenta de manera constante, hasta que por último el medio de trabajo ha agotado su ciclo vital, y su valor global, separado de su cadáver, se ha transformado en dinero. Aquí se aprecia la peculiaridad en la rotación de este elemento del capital productivo. La transformación de su valor en dinero corre parejas con la metamorfosis en dinero de la mercancía, que es su portadora de valor. Pero su reconversión de la forma dineraria a la forma de uso se separa de la reconversión de la mercancía en los otros elementos que la producen y está determinada más bien por su propio período de reproducción, es decir, por el tiempo durante el cual el medio de trabajo se ha agotado y hay que sustituirlo por otro ejemplar del mismo tipo. Si el tiempo de funcionamiento de una máquina, cuyo valor es, supongamos, de £ 10.000, es de 10 años, por ejemplo, entonces el tiempo de rotación del valor adelantado originariamente en ella será de 10 años. Antes de que expire ese lapso no hay que renovarla, sino que sigue actuando bajo su forma de uso.Mientras tanto el valor de la máquina circula fragmentariamente como parte de valor de las mercancías para cuya producción continuada ella sirve, y así su valor se convierte de manera paulatina en dinero hasta que finalmente, al cabo de los 10 años, se lo ha transformado por entero en dinero, y de dinero, se lo ha reconvertido en una máquina, es decir que el valor ha cumplido su rotación. Hasta que llegue este momento de la reproducción el valor de la máquina se acumula poco a poco, y en un principio bajo la forma de un fondo de reserva en dinero.[g]
Los demás elementos del capital productivo consisten, en parte, en los elementos del capital constante que existen [198] como materias auxiliares y materias primas; en parte, en capital variable desembolsado en fuerza de trabajo.
El análisis del proceso laboral y de valorización (libro I, cap. V) demostró que estas distintas partes constitutivas se comportan, como creadoras de producto y de valor, de manera completamente distinta. El valor de la parte del capital constante que consiste en materiales auxiliares y materias primas al igual que el valor de la parte suya que consiste en medios de trabajo vuelve a aparecer en el valor del producto como valor sólo transferido, mientras que la fuerza de trabajo agrega, mediante el proceso laboral, un equivalente de su valor al producto, o sea reproduce realmente su valor. Además, una parte de los materiales auxiliares, carbón para calefacción, gas de alumbrado, etc., se consume en el proceso laboral sin entrar de manera material en el producto, mientras que otra parte de las mismas entra físicamente en el producto y constituye el material de la sustancia de éste. Sin embargo, todas estas diferencias carecen de importancia para la circulación y, en consecuencia, para el modo de rotación. En la medida en que las materias primas y auxiliares se consumen totalmente en la creación de su producto, transfieren a éste todo su valor. Por eso, el producto hace circular este valor también en su totalidad, éste se transforma en dinero y vuelve a convertirse de dinero en los elementos de producción de la mercancía. Su rotación no se interrumpe como la del capital fijo, sino que recorre continuamente todo el ciclo de sus formas, de manera que estos elementos del capital productivo se renuevan in natura sin interrupción.
En cuanto a la parte constitutiva variable del capital productivo, desembolsada en fuerza de trabajo: esta última se compra por un lapso determinado. No bien el capitalista la ha comprado e incorporado al proceso de producción, ella se convierte en arte constitutiva de su capital, precisamente la parte constitutiva variable de éste. La fuerza de trabajo opera diariamente durante un espacio de tiempo en el cual agrega al producto no sólo todo su valor diario, sino también un plusvalor, un excedente,[h] que aquí dejamos a un lado por el momento. Después que la fuerza [199] de trabajo ha sido comprada y ha operado por una semana, por ejemplo, hay que renovar continuamente la compra en los plazos habituales. El equivalente del valor de la fuerza de trabajo, equivalente que ésta agrega durante su funcionamiento al producto y que, al circular éste, se transforma en dinero, debe reconvertirse constantemente de dinero en fuerza de trabajo o describir constantemente el ciclo completo de sus formas, es decir, debe rotar, si no se ha de interrumpir el ciclo de la producción continua.
La parte de valor del capital productivo adelantada en fuerza de trabajo pasa pues, totalmente, al producto (aquí siempre dejamos a un lado el plusvalor), describe con él las dos metamorfosis pertenecientes a la esfera de la circulación y por medio de esta renovación continua permanece incorporada de manera constante al proceso de producción. Por tanto, por mucho que difiera en lo demás, con relación a la formación de valor, el comportamiento de la fuerza de trabajo del de los componentes formativos del capital constante que no constituyen capital fijo, este tipo de rotación de su valor es común a la fuerza de trabajo y a dichos componentes, en contraposición al capital fijo. Estas partes constitutivas del capital productivo las partes de valor del mismo desembolsadas en fuerza de trabajo y en medios de producción que no constituyen capital fijo se contraponen al capital fijo como capital circulante o fluido[i] por este carácter de la rotación que les es común.
Como se ha visto antes,[j] el dinero que el capitalista paga al obrero por el uso de la fuerza de trabajo sólo es, en realidad, la forma general de equivalente para los medios de subsistencia imprescindibles del obrero. En este sentido, el capital variable consiste materialmente en medios de subsistencia. Pero aquí, al considerar la rotación, se trata de la forma. Lo que el capitalista compra no son los medios de subsistencia del obrero, sino la propia fuerza de trabajo de éste. Lo que constituye la parte variable del capital de aquél no son los medios de subsistencia del [200] obrero, sino la fuerza de trabajo de éste puesta en actividad. Lo que el capitalista consume productivamente en el proceso laboral es la propia fuerza de trabajo y no los medios de subsistencia del obrero. Es el propio obrero quien convierte el dinero recibido a cambio de su fuerza de trabajo, en medios de subsistencia, para reconvertirlos en fuerza de trabajo, para mantenerse vivo, al igual que el capitalista, por ejemplo, convierte en medios de subsistencia para sí mismo una parte del plusvalor de la mercancía que él vende por dinero, sin que por eso se diga que el comprador de su mercancía le paga en medios de subsistencia. Aún en los casos en que se paga al obrero una parte de su salario en medios de subsistencia, en especie, esto es hoy en día una segunda transacción. El vende su fuerza de trabajo por un precio determinado y al venderla se conviene que reciba una parte de ese precio en medios de subsistencia. Esto modifica sólo la forma del pago, pero no el hecho de que lo que realmente vende el obrero es su fuerza de trabajo. Es una segunda transacción que ya no se desarrolla entre obrero y capitalista, sino entre el obrero como comprador de mercancía y el capitalista como vendedor de mercancía, mientras que en la primera transacción el obrero es vendedor de mercancía (su fuerza de trabajo) y el capitalista es comprador de ésta. Exactamente lo mismo ocurre cuando el capitalista cambia mercancía por mercancía, cuando, por ejemplo, se hace reponer en ierro la máquina que vende a la planta siderúrgica. No son, pues, los medios de subsistencia del obrero los que asumen la determinación de capital circulante por contraposición al capital fijo. Tampoco lo es su fuerza de trabajo, sino la parte de valor del capital productivo desembolsado en ella, parte que, por la forma de su rotación, recibe este carácter que comparte con unos y que la contrapone a otros, componentes de la parte constante del capital.
El valor del capital circulante[k] en fuerza de trabajo y medios de producción se adelanta sólo por el tiempo durante el cual se elabora el producto, tiempo que varía según la escala de la producción, dada, a su vez, por el [201] volumen del capital fijo. Este valor entra totalmente en el producto; por tanto vuelve a salir totalmente de la circulación mediante la venta del producto y se lo puede adelantar de nuevo. La fuerza de trabajo y los medios de producción en los que existe la parte constitutiva circulante del capital se substraen a la circulación en el volumen necesario para la creación y venta del producto terminado, pero hay que reponerlos y renovarlos continuamente mediante readquisiciones, mediante su reconversión de la forma dineraria a los elementos de producción. Se los sustrae de una vez al mercado en masas menores que los elementos del capital fijo, pero hay que substraerlos a él con mayor frecuencia y el adelanto del capital desembolsado en ellos se renueva en períodos más breves. La conversión[l] constante del producto, que hace circular todo el valor de la fuerza de trabajo y de los medios de producción de que hablamos, sirve de mediadora para esta renovación constante. Por último, ellos describen continuamente todo el ciclo de las metamorfosis, no sólo por su valor, sino también por su forma material; se los reconvierte continuamente de mercancía en los elementos para la producción de la misma mercancía.
La fuerza de trabajo, al agregarle al producto su propio valor, le agrega continuamente plusvalor, la encarnación de trabajo no pagado. El producto terminado, por consiguiente, hace circular y transforma en dinero ese plusvalor con la misma continuidad que a los restantes elementos de valor de sí mismo. Sin embargo, aquí donde se trata, por de pronto, de la rotación del valor de capital y no de la del plusvalor que rota simultáneamente con él, se dejará a un lado, de momento, este plusvalor.
De lo analizado hasta ahora resulta lo siguiente:
1) Las determinaciones formales de capital fijo y circulante surgen sólo de las distintas maneras de rotar del valor de capital actuante en el proceso de producción o del capital productivo. A su vez esta diferencia en las maneras de rotar surge de los modos distintos en que las distintas partes constitutivas del capital productivo transfieren su valor al producto, pero no de su diversa participación en la producción del valor del producto ni de su comportamiento característico en el proceso de valorización. [202] Finalmente, la diferencia en la cesión del valor al producto y por eso también los distintos modos en que el producto hace circular este valor y en que éste se renueva en su forma originaria en especie mediante las metamorfosis de aquél surge de la diversidad de las figuras materiales en las cuales existe el capital productivo y de las cuales una parte se consume totalmente, otra sólo se va usando y consumiendo poco a poco durante la creación del producto individual. Por tanto, sólo el capital productivo puede dividirse en fijo y circulnte [flüssiges]. En cambio esta antítesis no se da para los otros dos modos de existencia del capital industrial, es decir, ni para el capital mercantil ni para el capital dinerario, ni para ambos en contraposición al capital productivo. Sólo existe para el productivo y dentro del mismo. Por más que el capital dinerario y el capital mercantil actúen como capital y por más fluidamente [flüssig] que circulen [zirkulieren], sólo se pueden convertir en capital circulante [flüssiges] por oposición al fijo una vez que se han transformado en partes constitutivas circulantes [flüssige] del capital productivo. Pero como estas dos formas del capital residen en la esfera de la circulación, la economía, desde Adam Smith, se ha dejado inducir en el error, como veremos, de reunirlas con la parte circulante [flüssigen] del capital productivo bajo la categoría de capital circulante [zirkulierendes]. Son, en realidad, capital de circulación [Zirkulationskapital] por oposición al productivo, pero no son capital circulante [zirkulierendes Kapital] por oposición al fijo.
2) La rotación de la parte constitutiva fija del capital, y por ende también el tiempo de rotación necesario para ella, abarca varias rotaciones de las partes constitutivas circulantes del capital. En el mismo tiempo en que el capital fijo rota una vez, el capital circulante rota varias. Una parte constitutiva de valor del capital productivo sólo recibe la determinación formal de capital fijo cuando el medio de producción en el que ella existe no se gasta totalmente en el espacio de tiempo en el cual el producto es elaborado y se lo expele del proceso de producción como mercancía. Una parte del valor de dicho medio de producción tiene que permanecer ligada a su antigua forma útil que perdura, mientras que a otra la hace circular el producto terminado, cuya circulación, por otra parte, [203] hace circular simultáneamente el valor global de las partes constitutivas circulantes del capital.
3) La parte de valor del capital productivo desembolsada en capital fijo se adelanta en su totalidad y de una vez para todo el tiempo de funcionamiento de la parte de los medios de producción en que consiste el capital fijo. Por tanto, el capitalista vuelca de una vez este valor a la circulación; pero se lo vuelve a sustraer a la circulación sólo de manera fraccionada y paulatina, mediante la realización de las partes de valor que el capital fijo agrega fraccionadamente a las mercancías. Por otra parte: los propios medios de producción, en los que se fija una parte constitutiva del capital productivo, se substraen de una vez a la circulación para incorporarlos al proceso de producción por todo el tiempo de funcionamiento de esos medios, pero durante el mismo tiempo no es necesario reponerlos por nuevos ejemplares del mismo tipo, no es necesario reproducirlos. Durante un lapso más o menos prolongado continúan contribuyendo a la creación de mercancías volcadas a la circulación, sin sustraer ellos mismos de la circulación los elementos de su propia renovación. Durante este tiempo ellos tampoco exigen pues, por su parte, una renovación del adelanto por parte del capitalista. Finalmente: el valor de capital desembolsado en capital fijo recorre, durante el tiempo de funcionamiento de los medios de producción en los cuales existe, el ciclo de sus formas, no materialmente, sino sólo en cuanto a su valor, e incluso esto, sólo de manera parcial y paulatina. Es decir que una parte de su valor circula y se transforma en dinero continuamente como parte de valor de la mercancía, sin reconvertirse de dinero a su forma originaria de uso. Esta reconversión del dinero a la forma en especie del medio de producción sólo tiene lugar al término del período de funcionamiento del meio de producción, cuando éste se ha gastado por entero.
4) Los elementos del capital circulante están fijados en el proceso de producción si éste ha de ser contínuo- la misma continuidad que los elementos del capital fijo. Pero los elementos así fijados del primero se renuevan constantemente in natura [en especie] (los medios de producción mediante nuevos ejemplares del mismo tipo, la fuerza de trabajo mediante compra siempre renovada); mientras que en el caso de los elementos del capital fijo, [204] durante el tiempo en que subsisten, no es necesario renovarlos a ellos mismos ni renovar su compra. En el proceso de producción se encuentran continuamente materias primas y auxiliares, pero siempre se trata de nuevos ejemplares del mismo tipo, después que los viejos se consumieron en la creación del producto terminado. La fuerza de trabajo se encuentra con la misma continuidad en el proceso de producción, pero sólo mediante la renovación constante de su compra, y a menudo con cambio de personas. En cambio los mismos edificios, máquinas, etc., siguen funcionando en los mismos e idénticos procesos de producción que se repiten durante reiteradas rotaciones del capital circulante.
II. Partes constitutivas, reposición, reparación,

acumulación del capital fijo

En una misma inversión de capital, los elementos individuales del capital fijo tienen distintos tiempos de vida, y por eso también distintos tiempos de rotación. En una red ferroviaria, por ejemplo, los rieles, durmientes, terraplenes, edificios de las estaciones, puentes, túneles, locomotoras y vagones tienen distinto tiempo de funcionamiento y distinto tiempo de reproducción, y por ende también el capital adelantado en ellos tiene distintos tiempos de rotación. Durante una larga serie de años no es necesario renovar los edificios, andenes, tanques de agua, viaductos, túneles, zanjas ni terraplenes, en pocas palabras, nada de lo que en el sistema ferroviario inglés se califica de works of art. Los objetos que más se desgastan son las vías y el material rodante (rolling stock).
Al principio, cuando se fundaron los ferrocarriles modernos, la opinión dominante, alimentada por los ingenieros prácticos más eminentes, era que la duración de una red ferroviaria era secular y que el desgaste de los rieles era tan absolutamente imperceptible que había que prescindir de él para todos los fines financieros y prácticos; se consideraba que el tiempo de vida de los buenos rieles era de 100 a 150 años. Pero pronto se vio que el tiempo de vida de un riel, que depende desde luego de la velocidad de las locomotoras, del peso y el número de los trenes, del espesor de los propios rieles y de una serie de otras circunstancias [205] accesorias no sobrepasaba promedialmente los 20 años. En algunas estaciones, centros de intenso tránsito, los rieles se desgastan incluso todos los años.[m] Alrededor de 1867 se empezó a introducir rieles de acero que costaban aproximadamente el doble que los de hierro, pero en cambio duran más del doble que éstos. El tiempo de vida de los durmientes de madera era de 12 a 15 años. Con respecto al material rodante se comprobó un desgaste considerablemente mayor en los vagones de mercancías que en los de pasajeros. En 1867 se calculaba que el tiempo de vida de una locomotora era de 10 a 12 años.
Lo que provoca el desgaste es, en primer lugar, el uso mismo. En general, los rieles se desgastan en proporción al número de trenes ("R. C.", nº 17.645).[4] Al aumentar la velocidad, el desgaste crecía en una proporción superior al cuadrado de la velocidad: es decir, al duplicarse la velocidad de los trenes el desgaste aumentaba en más del cuádruplo. ("R. C.", no. 17.046.)
La influencia de las fuerzas de la naturaleza produce un desgaste adicional. Así, los durmientes no sólo sufren por el desgaste real, sino también por putrefacción. "Los gastos de mantenimiento del ferrocarril no dependen tanto del desgaste inherente al tráfico ferroviario como de la calidad de la madera, del hierro y de las obras de albañilería que están expuestos a la acción de la atmósfera. Un solo mes riguroso de invierno le hará más daño al conjunto de las vías que todo un año de tráfico ferroviario." (R. P. Williams, "on the Maintenance of Permanent Way".
Conferencia en el Instituto de Ingenieros Civiles, otoño de 1867)[5]
Finalmente, como ocurre por todas partes en la gran industria, también aquí el desgaste moral desempeña su papel: transcurridos diez años, generalmente se puede comprar por £ 30.000 la misma cantidad de vagones y locomotoras que antes costaba £ 40.000. Para este material hay [206] que calcular, pues, una depreciación del 25 % en el precio de mercado, aún cuando no se verifique ninguna depreciación del valor de uso. (Lardner, "Railway Economy" [, p. 120]).
"Los puentes tubulares no se renovarán en su forma actual" (porque ahora tenemos formas mejores para este tipo de puentes). "Las reparaciones habituales practicadas en ellos, el retirar y sustituir piezas sueltas, no son practicables." (W. B. Adams, "Roads and Rails", Londres, 1862 [, p. 136].).
En gran parte los medios de trabajo se ven constantemente revolucionados por el progreso de la industria. Por eso no se los repone en su forma originaria, sino en la forma revolucionada. Por un lado, la masa de capital fijo invertida en determinada forma en especie y que tiene que durar dentro de ésta determinado tiempo medio de vida, constituye una razón para introducir sólo gradualmente máquinas nuevas, etc., y por ende un obstáculo para la introducción rápida y general de los medios de trabajo perfeccionados. Por otra parte, la competencia obliga, sobre todo si se trata de trastocamientos decisivos, a sustituir los antiguos medios de trabajo por los nuevos antes de que llegue el término natural de la vida de aquéllos. Son principalmente las catástrofes, las crisis, las que obligan a tal renovación prematura de la maquinaria industrial en una escala social mayor.
El desgaste (dejando de lado el desgaste moral) es la parte de valor que el capital fijo, al usarse y consumirse, va transfiriendo poco a poco al producto, en la misma medida promedial en que va perdiendo su valor de uso.
En parte este desgaste es de tal tipo que el capital fijo posee cierto tiempo de vida medio; se lo adelanta por entero para este tiempo, al cabo del mismo hay que reponerlo totalmente. Para los medios de trabajo vivos, por ejemplo los caballos, el tiempo de reproducción está prescrito por la naturaleza misma. Su tiempo medio de vida como medio de trabajo está determinado por leyes de la naturaleza. No bien ha expirado este plazo, hay que reponer con nuevos los ejemplares gastados. Un caballo no se puede reponer a pedazos, sino que sólo se lo puede sustituir por otro caballo.
Otros elementos del capital fijo admiten renovación periódica o parcial. Aquí hay que distinguir la reposición [207] periódica o parcial de la extensión gradual de la empresa comercial.
El capital fijo consiste parcialmente en partes constitutivas de la misma clase que, sin embargo, no duran lo mismo, sino que hay que renovarlas fragmentariamente en distintos espacios de tiempo. Esto ocurre con los rieles de las estaciones que hay que reponer más frecuentemente que los del resto del conjnto de vías. Lo mismo pasa con los durmientes, de los cuales en la década del 50 en la red ferroviaria belga se renovaba anualmente el 8%, según Lardner, es decir que en el curso de 12 años se reponía la totalidad.[6] La relación es aquí, pues, la siguiente: se adelanta una suma, por diez años digamos, en determinado tipo de capital fijo. Este desembolso se hace de una vez. Pero una parte determinada de este capital fijo, el valor de la cual ha entrado en el valor del producto y se ha convertido, con ésta, en dinero, se repone todos los años in natura, mientras la otra parte continúa existiendo en su forma originaria de uso. Lo que distingue a este capital, como capital fijo, del capital circulante, es que el desembolso se hace de una vez y la reproducción, sólo fragmentaria, ocurre bajo la forma de uso.
Otras partes del capital fijo se componen de partes constitutivas desiguales que se desgastan totalmente en espacios de tiempo desiguales y a las que en consecuencia hay que reponer en dichos períodos desiguales. Esto ocurre sobre todo con las máquinas. Lo que acabamos de señalar con respecto a los diversos tiempos de vida de las diversas partes constitutivas de un capital fijo vale aquí con respecto al tiempo de vida de las diversas partes constitutivas de la misma máquina que figura como fracción de este capital fijo.
Con respecto a la extensión paulatina del negocio en el transcurso de la renovación parcial, señalaremos lo siguiente. Aunque, como hemos visto, el capital fijo continúa operando in natura en el proceso de producción, una parte de su valor, que corresponde al desgaste medio, ha circulado con el producto, se ha transformado en dinero, constituye un elemento del fondo dinerario de reserva para reponer el capital en la fecha de su reproducción in natura. Esta parte del valor fijo de capital, transformada así en dinero, puede servir para ampliar el negocio o para introducir en las máquinas perfeccionamientos [208] que aumenten su eficacia. De esta manera, en períodos más o menos prolongados, se verifica reproducción, y precisamente considerado desde el punto de vista de la sociedad reproducción en escala ampliada, de manera extensiva, si se amplía el campo de producción; de manera intensiva, si se aumenta la eficacia del medio de producción. Esta reproducción en escala ampliada no surge de la acumulación transformación de plusvalor en capital , sino de la reconversión del valor que se ha desgajado, separado en forma dineraria del cuerpo del capital fijo, en nuevo capital fijo del mismo tipo, bien suplementario, bien más eficaz. En qué medida y con qué dimensiones una empresa es capaz de tal suplemento gradual, y por ende también, qué dimensiones debe tener el fondo de reserva acumulado para poder reinvertirlo de esta manera, y en qué plazos puede ocurrir esto, depende en parte, desde luego, de la naturaleza específica de esa empresa. Por otra parte, en qué medida se pueden introducir mejoras de detalle en la maquinaria existente, depende por supuesto de la índole de la mejora y de la construcción de la propia máquina. Sin embargo, Adams demuestra cuánto hay que tener en cuenta este punto, desde un primer momento, por ejemplo en las inversiones ferroviarias. "Toda la construcción tendría que guiarse por el principio que gobierna la colmena: capacidad para extenderse indefinidamente. Todas las estructuras rígidas y rigurosamente simétricas desde un principio, son perjudiciales, en caso de ampliación hay que echarlas abajo" (p. 123).
Esto depende generalmente del espacio disponible. En algunos edificios se puede agregar pisos hacía arriba, en otros se necesita una expansión lateral y por ende más terreno. Dentro de la producción capitalista, al ampliarse gradualmente un negocio se dilapidan, por un lado, muchos recursos y por otro se efectúan muchas ampliaciones laterales de este tipo que son contraproducentes (en parte, en perjuicio de la fuerza de trabajo), porque nada ocurre de acuerdo con un plan social, sino que todo depende de las circunstancias, medios, etc., infinitamente diversos con los que actúa el capitalista individual. De esto se deriva un gran derroche de las fuerzas produtivas.
En la agricultura es donde resulta más fácil la reinversión fragmentaria del fondo de reserva en dinero (es decir, de la parte del capital fijo reconvertida en dinero). [209] Aquí un campo de producción espacialmente dado es capaz de la máxima absorción gradual de capital. Lo mismo ocurre allí donde se verifica reproducción natural, como en la ganadería.
El capital fijo ocasiona costos especiales de mantenimiento. El propio proceso laboral efectúa una parte del mantenimiento; el capital fijo se deteriora cuando no actúa en el proceso laboral. (Véase libro I, cap. VI, p. 196[n] y cap. XIII, p. 423[o]: desgaste de la maquinaria originado por su desuso.) Por eso la ley inglesa considera también expresamente como estrago ("waste")[7] el que las tierras arrendadas no se cultiven según los usos del país. (W. A. Holdsworth, Barrister at Law, [abogado,] "The Law of Landlord and Tenant", Londres, 1857, p. 96.) Este mantenimiento, que surge del uso en el proceso laboral, es un don natural gratuito del trabajo vivo. Y la fuerza de mantenimiento del trabajo es de dos tipos. Por un lado mantiene el valor de los materiales de trabajo transfiriéndolo al producto; por otro lado mantiene el valor de los medios de trabajo, cuando no lo transfiere también a él al producto, manteniendo el valor de uso de estos medios en virtud de su acción en el proceso de producción.
Pero para mantener en condiciones el capital fijo, también se requiere un desembolso positivo de trabajo. De vez en cuando hay que limpiar la maquinaria. Aquí se trata de trabajo adicional sin el cual la maquinaria se vuelve inutilizable; se trata meramente de defenderla de influencias nocivas de los elementos, las cuales son inseparables del proceso de producción, es decir, de mantenerla en un estado en que sea apta para trabajar, en el sentido más literal de la expresión. Por supuesto, el tiempo normal de vida del capital fijo se calcula contando con que se cumplen las condiciones bajo las cuales puede funcionar normalmente durante ese tiempo, al igual que se presupone que, si un hombre vive promedialmente 30 años, también se lava. Aquí tampoco se trata de reposición del trabajo contenido en la máquina, sino de trabajo adicional constante que el uso de ésta hace necesario. No se trata de trabajo que la máquina efectúa, sino de trabajo que se efectúa sobre ella, en el que ella no es agente de producción, [210] sino materia prima. El capital desembolsado en este trabajo, aunque no entra en el verdadero proceso laboral al que el producto debe su origen, forma parte del capital circulante. En la producción hay que gastar continuamente este trabajo, y en consecuencia su valor debe reponerse también continuamente mediante el valor del producto. El capital desembolsado en él pertenece a la parte del capital circulante que tiene que cubrir los gastos varios generales y que debe distribuirse en el producto de valor conforme a un cálculo promedial anual. Hemos visto[p] que en la industria propiamente dicha los obreros ejecutan gratis este trabajo de limpieza en los momentos de descanso, y precisamente por eso, a menudo también durante el proceso mismo de producción, donde se convierte en la fuente de la mayor parte de los accidentes. Este trabajo no cuenta en el precio del producto. En este sentido, el consumidor lo recibe gratis. Por otra parte de esta manera el capitalista cubre gratuitamente los costos de mantenimiento de su máquina. El obrero paga con su propia persona, y esto constituye uno de los misterios de la autoconservación del capital, que en los hechos representa una reivindicación jurídica del obrero sobre la maquinaria y lo convierten, incluso desde el punto de vista jurídico burgués, en copropietario de ella. En diversos ramos de la producción, sin embargo, donde hay que retirar la maquinaria del proceso de producción para limpiarla y por eso la limpieza no puede hacerse bajo cuerda, como por ejemplo en el caso de las locomotoras, este trabajo de mantenimiento se cuenta entre los costos corrientes y por ende como elemento del capital circulante. Una locomotora hay que llevarla al taller y limpiarla allí después de, a lo sumo, tres días de trabajo, la caldera tiene que enfriarse primero, si es que no ha de dañarse cuando se la lave. ("R. C.", nº 17.823.)
Las verdaderas reparaciones o arreglos requieren desembolsos de capital y trabajo que no están incluidos en el capital originariamente adelantado, y que por ende tampoco, o en todo caso no siempre, se pueden reponer y cubrir mediante la reposición gradual de valor del capital fijo. Si el valor del capital fijo es, por ejemplo, = £ 10.000 y su tiempo global de vida = 10 años, estas £ 10.000, [211] transformadas totalmente en dinero al cabo de diez años, sólo reponen el valor del capital originario de inversión, pero no reponen el capital, o en su caso el trabajo, nuevos, agregados entretanto en reparaciones. Esta es una parte constitutiva de valor suplementaria, que tampoco se adelanta de una vez, sinoconforme a las necesidades, y cuyos distintos tiempos de adelanto son fortuitos por la naturaleza de la cosa. Todo capital fijo requiere tales desembolsos ulteriores, dosificados y adicionales de capital en medios de trabajo y fuerza de trabajo.
Los desperfectos a que están expuestas partes aisladas de la maquinaria son, por la naturaleza de la cosa, fortuitos, y por eso también lo son las reparaciones que esos desperfectos hacen necesarias. Sin embargo, de esta masa se separan dos clases de trabajos de reparación que tienen un caracter más o menos estable y que acaecen en distintos períodos del tiempo de vida del capital fijo: las enfermedades de la infancia y los achaques, mucho más numerosos, de la edad que sobrepasa el período central del tiempo de vida. Por más perfecta que sea la construcción con que una máquina, por ejemplo, ingresa en el proceso de producción, con el uso real se hacen patentes defectos que hay que corregir mediante trabajo suplementario. Por otra parte, cuanto más sobrepasa el período central de su tiempo de vida, es decir, cuanto más se ha acumulado el desgaste normal, cuanto más usado y decrépito se ha vuelto el material de que está hecha, más numerosos e importantes son los trabajos de reparación necesarios para mantener la máquina en actividad hasta el fin de su período medio de vida; de la misma manera que un hombre viejo, para no morir antes de tiempo, tiene que gastar más en médicos y medicamentos que uno joven y robusto. Por tanto, a pesar de su carácter fortuito, los trabajos de reparación se distribuyen en masas desiguales entre los distintos períodos de vida del capital fijo.
De lo precedente, así como del carácter generalmente fortuito de los trabajos de reparación que se hacen sobre la máquina, se infiere:
Por un lado, el gasto real en fuerza de trabajo y médios de trabajo para trabajos de reparación es fortuito, como lo son las propias circunstancias que hacen necesarias estas reparaciones, el volumen de las reparaciones necesarias está desigualmente distribuido entre los distintos [212] períodos de vida del capital fijo. Por otro lado, al calcular el período medio de vida del capital fijo se presupone que a éste se lo mantiene constantemente en un estado en el que resulta eficaz, en parte mediante la limpieza (de la que también forma parte la limpieza de los locales), en parte mediante reparaciones hechas con la frecuencia requerida. La transferencia de valor por desgaste del capital fijo se calcula sobre la base del período medio de vida de éste, pero a su vez este período medio de vida se calcula contando con que se adelanta continuamente el capital adicional requerido para mantener el capital fijo en condiciones.
Por otra parte, es igualmente evidente que el valor agregado mediante este gasto suplementario de capital y de trabajo no puede entrar en el precio de las mercancías al mismo tiempo que el gasto real. Un hilandero, por ejemplo, no puede vender su hilado esta semana más caro que la semana pasada porque esta semana se le haa roto un torno o reventado una correa. Los gastos generales de la hilanderia no se han modificado de ninguna manera por este accidente ocurrido en una sola fábrica. Aquí, como en toda determinación de valor, lo decisivo es el promedio. La experiencia muestra el volumen medio de tales accidentes y de los trabajos de mantenimiento y reparación necesarios durante el período medio de vida del capital fijo invertido en determinado ramo de negocios. Este gasto medio se distribuye a lo largo del período medio de vida y se añade al precio del producto en partes alicuotas correspondientes, y por eso se repone mediante la venta del mismo.
El capital suplementario que se repone de esta manera forma parte del capital circulante, aunque el tipo de desembolso es irregular. Como es sumamente importante curar de inmediato cualquier achaque de la maquinaria, en toda fábrica relativamente importante se encuentra un personal agregado a los verdaderos obreros de la fábrica e integrado por ingeniero, carpintero, mecánico, cerrajero, etc. Su salario constituye una parte del capital variable y el valor de su trabajo se distribuye en el producto. Por otra parte, los gastos requeridos en medios de producción se determinan de acuerdo con aquel cálculo medio y constituyen continuamente, en conformidad con este cálculo, parte de valor del producto, aunque de hecho se los [213] adelanta en períodos irregulares y por ende entran en el producto, o en su caso, en el capital fijo, también en períodos irregulares. Este capital desembolsado en reparaciones propiamente dichas constituye, desde varios puntos de vista, un capital de tipo peculiar, que no se puede ubicar ni dentro del capital circulante ni dentro del capital fijo, pero que entra más bien en el primero por pertenecer a los gastos corrientes.
El tipo de contabilidad no modifica en nada, por supuesto, la conexión real de las cosas sobre las que se lleva esa contabilidad. Pero es importante señalar que en muchos ramos de negocios es costumbre sumar los costos de reparación al desgase real del capital fijo, de la siguiente manera. Supongamos que el capital fijo adelantado sea de £ 10.000, su período de vida, 15 años, el desgaste anual será entonces, £ 666 2/3. Ahora bien, el desgaste se calcula, sin embargo, sólo por diez años, es decir que al precio de las mercancías producidas se le agregan anualmente £ 1.000 en lugar de £ 666 2/3, por desgaste del capital fijo; es decir que se reservan £ 333 1/3 para trabajos de reparación, etc. (Los números 10 y 15 se toman sólo como ejemplo.) Esta cantidad se ha gastado; pues, promedialmente, en reparaciones para que el capital fijo dure 15 años. Desde luego este cálculo no impide que el capital fijo y el capital adicional desembolsado en las reparaciones constituyan categorias distintas. En virtud de este modo de calcular se admitió, por ejemplo, que el presupuesto más bajo de gastos para el mantenimiento y la reposición de barcos de vapor era de un 15 % anual, y por ende el tiempo de reproducción = 6 2/3 años. En la década del 60 el gobierno inglés indemnizó a la Peninsular and Oriental Co., por este concepto, a razón del 16 % anual, lo que como vemos equivale a un tiempo de reproducción de 6 1/4 [q] años. En los ferrocarriles, la duración media de vida de una locomotora es de 10 años, pero incluyendo en el cálculo las reparaciones, se admite un desgaste del 12 1/2 %, lo que reduce a 8 años la duración de vida. Para los vagones de pasajeros y de carga se calcula el 9%, o sea que se supone un tiempo de vida de ll 1/9 años.
[214]
En los contratos de alquiler de casas y otros bienes que son para su propietario capital fijo y como tal se alquilan, la legislación ha reconocido en todas partes la diferencia entre el desgaste normal provocado por el tiempo, la influencia de los elementos naturales y el propio uso normal, [por una parte,] y [por otra] las reparaciones ocasionales que son necesarias a veces durante el tiempo de vida y el uso normales de la casa para mantenerla en condiciones. Por regla general las primeras corren por cuenta del propietario, las segundas por cuenta del inquilino. Las reparaciones se dividen además en habituales y sustanciales. Estas últimas constituyen renovación parcial del capital fijo en su forma de uso y también recaen sobre el propietario, si el contrato no estipula expresamente lo contrario. Así por ejemplo, según el derecho inglés:
"De año en año un inquilino [...] sólo está obligado a mantener los edificios en un estado en que resistan al viento y al agua, mientras esto pueda ocurrir sin reparaciones sustanciales; y en general a hacer sólo aquellas reparaciones que se pueden calificar de habituales. E incluso a este respecto deberán tenerse en cuenta la antigüedad y el estado general de las partes respectivas del edificio en el momento en que el inquilino se hizo cargo de él, pues el inquilino no está obligado ni a reponer material viejo y desgastado con otro nuevo, ni a subsanar el deterioro inevitable causado por el transcurso del tiempo y por el uso normal." (Holdsworth, "Law of Landlord and Tenant", pp. 90, 91.)
Totalmente diferente, tanto de la reposición del desgaste como de los trabajos de mantenimiento y reparación, es el seguro, que se refiere a la destucción debida a fenómenos naturales extraordinarios, incendios, inundaciones, etc. Esta destrucción debe repararse a expensas del plusvalor y constituye una deducción del mismo. O, considerado desde el punto de vista de toda la sociedad: debe llevarse a cabo una sobreproducción constante, es decir, una producción en escala mayor que la necesaria para la simple reposición y reproducción de la riqueza existente dejando enteramente a un lado el aumento de la población , a fin de poder disponer de los medios de producción para compensar el daño extraordinario que ocasionan los sucesos imprevistos y las fuerzas de la naturaleza.
En realidad sólo la parte más pequeña del capital necesario para la reposición consiste en el fondo dinerario [215] de reserva. La parte más importante consiste en el ensanchamiento de la propia escala de producción, el cual en parte es ampliación real y en parte pertenece al volumen normal de la producción en los ramos que producen el capital fijo. Así, por ejemplo, una fábrica de máquinas está preparada tanto para el hecho de que cada año se amplíen las fábricas que constituyen su clientela, como para el de que una parte de ellas necesite constantemente reproducción total o parcial.
Al determinar el desgaste, así como los costos de reparación, según un promedio social, se dan necesariamente grandes desigualdades, incluso para inversiones de capital de igual magnitud y que se encuentran en las mismas circunstancias dentro del mismo ramo de producción. En la práctica, para un capitalista la máquina, etc., dura más que el período medio; para otro, menos. Los costos de reparación del uno están por encima, los del otro por debajo del promedio, etc. Pero el recargo de precio de la mercancía determinado por el desgaste, así como por los costos de reparación, es el mismo y se determina mediante el promedio. En consecuencia, en virtud de este recargo de precio uno recibe más de lo que realmente agrega; el otro, menos. Esto, como todas las otras circunstancias que hacen que, siendo igual la explotación de la fuerza de trabajo, difieran las ganancias de los distintos capitalistas en el mismo ramo de negocios, contribuye a dificultar la intelección de la verdadera naturaleza del plusvalor.
El límite entre la verdadera reparación y la reposición, entre costos de mantenimiento y costos de renovación, es más o menos fluctuante. De ahí la eterna discusión, en los ferrocarriles por ejemplo, acerca de si ciertos costos son reparaciones o reposiciones, si hay que cubrirlos a expensas de gastos corrientes o del capital básico. La transferencia de los costos de reparación a la cuenta del capital, en lugar de cargarlos en la del rédito, es el conocido recurso por el cual las direcciones ferroviarias hacen subir artificialmente sus dividendos. Sin embargo, también para esto la experiencia ha suministrado ya las pautas más esenciales. Los trabajos suplementarios durante el primer período de vida del ferrocarril, por ejemplo, "no son reparaciones, sino que se los debe considerar como prte constitutiva esencial de la construcción ferroviaria, y en consecuencia hay que cargarlos a la cuenta del capital [...], puesto que [216] no resultan del desgaste o de la acción normal del tránsito, sino que se deben a la imperfección originaria e inevitable de la construcción ferroviaria". (Lardner, "l. c.", p. 40.) "En cambio, el único método correcto es cargar el rédito de cada año con el deterioro que necesariamente se ha producido para poder ganar dicho rédito, siendo indiferente que la suma se haya gastado realmente o no." (Capitán Fitzmaurice, "Committee of Inquiry on Caledonian Railway", impreso en "Money Market Review", 1868.)[8]
En la agricultura, por lo menos mientras no trabaja aún con vapor, la separación entre reposición y mantenimiento del capital fijo se vuelve prácticamente imposible e inconducente. "Cuando el equipo de aperos agrícolas es completo, pero no excesivamente grande" (cantidad necesaria de instrumentos de labranza y de otros útiles de trabajo y herramientas de todo tipo) "se suele estimar, en un promedio amplio, el desgaste anual y la conservación del conjunto de aperos entre un 15 y un 25 % del capital de adquisición, según la diversidad de las condiciones existentes." (Kirchhof, "Handbuch der landwirtschaftlichen Betriebslehre", Dessau, 1852, p. 137.)
En lo que toca al material rodante de un ferrocarril no se puede distinguir, en absoluto, entre reparación y reposición. "Cuantitativamente, conservamos nuestro material rodante. Sea cual fuere el número de locomotoras que tenemos, conservamos ese número. Si andando el tiempo una se vuelve inutilizable, de manera que es más ventajoso construir una nueva, la construimos a expensas del rédito, acreditándole a éste, desde luego, el valor de los materiales de la vieja máquina que utilizamos... Siempre queda bastante... Las ruedas, los ejes, las calderas, etc., en una palabra, queda una buena parte de la vieja locomotora." (T. Gooch, Chairman [presidente] of Great Western Railway Co., "R. C.", nº 17.327, 17.329.) "Reparar significa renovar; para mí la palabra «reposición» no existe;... una vez que una sociedad ferroviaria ha comprado un vagón o una locomotora, tendría que repararlos de tal manera que puedan seguir circulando eternamente." (17.784). "Calculamos 8 1/2 peniques de gastos de locomotora por milla inglesa[r] de recorrido. Con estos 8 1/2 peniques mantenemos las locomotoras para siempre. Renovamos nuestras [217] máquinas. Si usted quiere comprar una máquina nueva, gasta más dinero del que es necesario... En la máquina vieja siempre se encuentran un par de ruedas, un eje u otra pieza que se pueden utilizar, y esto ayuda a fabricar, a un precio menor, una máquina que es tan buena como una totalmente nueva." (17.790). "Ahora yo produzco una locomotora nueva por semana, es decir, una que es tan buena como si fuera nueva, pues la caldera, los cilindros y el bastidor son nuevos." (17.823. Archibald Sturrock, Locomotive Superintendent [superintendente de locomotoras] of Great Northern Railway, en "R. C.", 1867.)
Lo mismo ocurre con los vagones: "En el transcurso del tiempo se renuevan continuamente las existencias de locomotoras y vagones; una vez se colocan ruedas nuevas, otra vez se hace un bastidor nuevo. Las partes de las que depende el movimiento y que están más expuestas al desgaste se renuevan paulatinamente, las máquinas y los vagones pueden someterse entonces a una serie tal de reparaciones que en muchos de ellos no queda ni vestigios del antiguo material... Aun cuando dejan por completo de ser reparables, se aprovechan piezas de los viejos vagones o locomotoras, y así no desaparecen nunca por entero del ferrocarril. Por eso el capital móvil se halla en reproducción continua; lo que para el conjunto de la vía debe ocurrir de una vez en un momento determinado, cuando se coloca de nuevo toda la via, ocurre paulatinamente, de año en año, con el material rodante. Su existencia es perenne, eslá en continuo rejuvenecimiento" (Lardner, pp. 115, 116.)
Este proceso, que Lardner describe aquí en el caso de los ferrocarriles, no es aplicable a una fábrica aislada, pero si sirve como imagen de la reproducción continua, parcial y que se entremezcla con las reparaciones, del capital fijo dentro de un ramo de la industria tomado en su totalidad, o en general dentro de la reproducción total, considerada en escala socia.
He aquí una prueba de cuán amplios son los límites dentro de los cuales direcciones hábiles pueden manipular los conceptos de reparación y reposición para obtener dividendos. Según la conferencia de Richard Price Williams citada anteriormente, diversas sociedades ferroviarias inglesas cargaron promedialmente en la cuenta del rédito, [218] durante una serie de años, las siguientes sumas por concepto de reparaciones y gastos de mantenimiento del conjunto de la vía y de los edificios (por milla inglesa de vía, anualmente):
London £ North Western....... £ 370
Midland...................... £ 225
London & South Western....... £ 257
Great Northern............... £ 360
Lancashire & Yorkshire....... £ 377
South Eastern................ £ 263
Brighton..................... £ 266
Manchester & Sheffield....... £ 200
Estas diferencias provienen sólo en su parte más pequeña de la diversidad de los desembolsos reales; surgen casi exclusivamente de los distintos modos de calcular, según que las sumas de gastos se carguen a la cuenta del capital o a la del rédito. Williams dice francamente: "Se adopta el recargo menor porque este es necesario para obtener un buen dividendo, y se hace un recargo mayor, porque existe un rédito más importante que puede soportarlo".[9]
En ciertos casos el desgaste, y por ende también su reposición, se convierte en una magnitud prácticamente evanescente, de manera que sólo los gastos de reparación entran en cuenta. Lo que Lardner dice en el siguiente fragmento sobre los works of art en los ferrocarriles, vale en general para todas las obras duraderas de este tipo: canales, andenes de carga, puentes de hierro y de material, etc. "El desgaste que se presenta en las obras más sólidas debido a la acción lenta del tiempo, actúa casi imperceptiblemente durante períodos relativamente cortos, sin embargo, al cabo de un período prolongado, por ejemplo de siglos, dicho desgaste debe hacer necesaria una renovación, total o parcial, incluso en las construcciones más sólidas. Este desgaste imperceptible, confrontado con el más notorio que se produce en otras partes del sistema ferroviario [10] puede compararse con las desigualdades seculares y periódicas en el movimiento de los cuerpos celestes. La acción del tiempo sobre las construcciones más resistentes de una red ferroviaria: puentes, túneles, viaductos, etc., proporciona ejemplos de lo que se puede llamar un desgaste secular. El deterioro más rápido y más notorio que se subsana mediante reparaciones o reposiciones [219] en lapsos más breves es análogo a las desigualdades periódicas. En los gastos anuales de reparación se incluye también la reposición de los daños ocasionales que sufre de vez en cuando la parte exterior incluso de las construcciones más [...] duraderas, pero aun independientemente de estas reparaciones, el tiempo no pasa por ellas sin dejar huellas y, por más alejado que esté, llegará necesariamente el momento en que su estado hará necesaria una nueva construcción. Claro está que, desde el punto de vista financiero y económico, este momento puede estar demasiado alejado para tomarlo en consideración en los cálculos prácticos [...]." (Lardner, "l. c.", pp. 38, 39.)
Esto se aplica a todas aquellas obras de duración secular en las cuales, por consiguiente, no hay que reponer de manera gradual, de acuerdo con su desgaste, el capital adelantado en ellas, sino que sólo hay que transferir al precio del producto los gastos anuales medios de mantenimiento y reparación.
Aunque, como hemos visto, una parte comparativamente considerable del dinero que refluye para reponer el desgaste del capital fijo se reconvierte a su forma en especie cada año, o incluso en espacios de tiempo más breves, todo capitalista individual necesita, sin embargo, un fondo de amortización para la parte del capital fijo a la cual la fecha de reproducción sólo le llega de una vez y al cabo de años, y que entonces debe reponerse en su totalidad. Una parte constitutiva considerable del capital fijo excluye por su naturaleza la reproducción fragmentaria. Además, allí donde la reproducción se cumple de manera fragmentaria, de tal suerte que, a intervalos relativament breves, se agregan existencias nuevas a las deterioradas, se necesita una acumulación previa de dinero de volumen mayor o menor según el carácter específico del ramo de producción, antes de que pueda verificarse esta reposición. Para hacerla no alcanza una suma cualquiera de dinero; se requiere una suma de dinero de determinado volumen.
Si consideramos esto meramente presuponiendo la circulación simple de dinero, sin tener en cuenta para nada el sistema crediticio que sólo hemos de examinar más adelante [s] el mecanismo del movimiento es el siguiente: [220] en el primer libro (cap. III, 3, a)[t] se mostró que, cuando una parte del dinero existente en una sociedad está siempre en barbecho como tesoro mientras otra actúa como medio de circulación o en su caso, como fondo inmediato de reserva del dinero directamente circulante cambia sin cesar la proporción en que la masa global de dinero se distribuye entre tesoro y medio de circulación. Ahora bien: en nuestro caso el dinero que tiene que estar acumulado como tesoro en un volumen considerable en manos de un capitalista comparativamente importante, se vuelca de una vez a la circulación al comprar el capital fijo. A su vez, vuelve a distribuirse en la sociedad como medio de circulación y como tesoro. Mediante el fondo de amortización, en el cual, conforme al desgaste del capital fijo, el valor de éste refluye a su punto de partida, una parte del dinero circulante vuelve a constituir tesoro por un tiempo más o menos prolongado en manos del mismo capitalista cuyo tesoro, al comprar el capital fijo, se había separado de éI y transformado en medio de circulación. Es una distribución continuamente cambiante del tesoro existente en la sociedad, que alternativamente actúa como medio de circulación y luego vuelve a separarse como tesoro de la masa del dinero circulante. Al desarrollarse el sistema crediticio, desarrollo que necesariamente corre paralelo con el de la gran industria y el de la producción capitalista, este dinero no actúa como tesoro, sino como capital, pero en manos no de su propietario, sino de otros capitalistas, a disposición de los cuales se lo ha puesto.


[a]

a En el manuscrito (IV, p. 53), esto es un subtítulo precedido de la cifra "2" Debajo, entre paréntesis, y capital de explotación". (R 589/1.)
[b] b Véase en la presente edición, t. I, vol. 1, p. 241 y ss.
[c] c Las palabras "o fluido" (oder flüssiges) fueron agregadas por Engels. (R 590/1.)(30)
[1] [30] Capital circulante o fluido.--Engels seguramente, agrega las palabras "o fluido" para prevenir al lector, porque en las páginas siguientes Marx utiliza el término "flüssiges Kapital" sin explicar que se trata de un sinónimo de "zirkulierendes Kapital" ("capital circulante"). Es probable que Marx haya empleado de tanto en tanto el adjetivo "flüssig" (lieeralmente, "fluido") para evitar la confusión de Adam Smith entre "capital circulante" y "capital de circulación". "Flüssiges Kapital" proviene del inglés "floating capital" ("capital circulante"): véase, por ejemplo, la cita del "Economist" que figura en los "Grundrisse", ed. cit., p. 616, o el apartado 1 del cap. XXXI del tercer tomo de "El capital".-- 191.
[d] d Véase, en nuestra edición, t. I. vol. 1, p. 220.
[e] e Véase en la presente edición t. I. vol. 1, pp. 215-220.
[2] 20 Las dificultades que presenta la definición del capital fijo y del circulante, han llevado al señor Lorenz Stein a pensar que esta diferenciación sólo sirve para hacer más fácil la exposición.
[3] {F.E. Hasta aquí, manuscrito IV. A partir de aquí, manuscrito II.}
[f] f Engels omite las líneas finales del manuscrito IV. Lo que sigue es del manuscrito II (p. 35 y ss.), en el que aparece un subtítulo ("circunstancias que modifican la rotación del capital") y el siguiente pasaje, igualmente dejado a un lado por Engels: "El análisis del proceso de valorización nos ha mostrado que los diversos elementos del capital productivo contribuyen de diferentes maneras a crear el valor del producto. Antes debíamos descifrar esta creación de valor y en particular la producción del plusvalor. Ahora, de lo que se trata es de examinar cómo esta participación de los elementos del capital productivo en la formación del valor influye sobre la rotación del capital. [...]" Sigue un parágrafo "a) El capital fijo". (R 595/2.)
[g] g Párrafo precedido en el manuscrito (II, p. 35) del subtítulo "b) El capital circulante". (R 596/1.)
[h] La versión literal sería: "sino también un plusvalor excedente".[Nota del editor]
[i] i En el manuscrito (II, p. 36), en vez de "circulante o fluido" ("zirkulierendes oder flüssiges") Marx escribió "fluente" ("fliessendes"). (Cfr. R 597/1.)
[j] j Véase, en esta edición, t. I, vol. 1, pp. 203-214.
[k] k Aquí y en otros lugares en el original figura el adjetivo "flüssiges" (literalmente, "fluido"), que Marx usa como sinónimo de "circulante".
[l] l En la 1ª edición, "rotación" en vez de "conversión".
[m] m Traducimos literalmente. El sentido tiene que ser: "se desgastan tanto que hay que reponerlos todos los años".
[4] 22 Las citas señaladas con las letras "R. C." se han tomado de: "Royal Commission on Railways. Minutes of Evidence taken before the Commissioners. Presented to both Houses of Parliament", Londres, 1867. - Las preguntas y respuestas están numeradas, y esos números se transcriben aquí.
[5] [31] (W) Marx cita aquí la conferencia de Williams "On the Maintenance and Renewal of Permanent Way...", publicada en la Money Market Review del 2 de diciembre de 1867.-- 205.
[6] [32] (W) En Lardner. "Railway Economy - A Treatise on the New Art of Transport", se lee: aproximadamente el 8 %. Si la renovación fuera exactamente del 8 %, en el texto debería decir: "en el curso de 12 1/2 años".-- 207.
[n] n Véase en la presente edición, t. I, vol. 1, pp. 248-251.
[o] o Ibídem, vol. 2, p. 492.
[7] [33] Waste.--La traducción que Marx da de waste (Beschädigung) o la nuestra (estrago) son sólo aproximativas. Waste, en esta acepción, es el perjuicio causado inbncional o involuntariamente por el inquilino o arrendatario o, para decirlo con palabras dd jurisconsulto británico sir Frederick Pollock (1845-1937), "todo acto inconsulto de un arrendatario [...] que tienda a la destrucción de la finca arrendada o, de alguna otra manera, al daño del patrimonio".-- 209.
[p] p Véase, en la presente edición, t. I, vol. 2, p. 509, n. 176.
[q] q 1ª y 2ª ediciones: "6 1/3".
[8] [34] (K) La cita proviene del número de la Money Market Review publicado el 25 de enero de 1868, artículo "The Caledonian Railway. The Director's Reply", en el que se considera el informe del capitán Fitzmaurice.-- 216.
[r] r 1 milla inglesa = 1,609 km.
[9] [35] En TI 184 esta frase, que Marx había tomado de la conferencia mencionada en la posnota 31, no figura entre comillas, lo que hace suponer que no se trata de una cita textual.-- 218.
[10] [36] Las palabras "confrontado con el más notorio que se produce en otras partes del sistema ferroviario" no figuran en el original inglés, tal como se reproduce en TI 184.-- 218.
[s] s Esto es, en las secciones IV y V del tomo III de "El Capital".
[t] t Véase, en la presente edición, tomo I, vol. 1, p. 159 y ss.







subir