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CAPITULO XIV

EL TIEMPO DE CIRCULACION
[a]
Todas las circunstancias consideradas hasta aquí, que diferencian los períodos de rotación [1] de distintos capitales invertidos en diversos ramos de la industria, y por consiguiente también los lapsos durante los cuales debe adelantarse capital, surgen en el proceso de producción mismo, tal como sucede con la distinción entre capital fijo y capital circulante, entre los períodos de trabajo, etc. No obstante, el tiempo de rotación del capital es igual a la suma de su tiempo de producción y de su tiempo de curso o de circulación. Se comprende de suyo que duraciones diversas del tiempo de circulación hacen que difiera el tiempo de rotación y por tanto la duración del período de rotación. Esto se percibe de la manera más clara cuando comparamos dos inversiones diversas de capital en las que todas las demás circunstancias que modifican la rotación sean iguales y sólo difieran los tiempos de circulación, o cuando se considera un capital dado con determinada composición de capital fijo y circulante, período dado de trabajo, etc., y sólo se hace variar hipotéticamente los tiempos de circulación.
Una de las etapas del tiempo de circulación y en términos relativos la más decisiva se compone del tiempo de venta, del período en que el capital se encuentra en el estado de capital mercantil. Según la magnitud relativa [304] de este lapso se prolonga o se abrevia el tiempo de circulación y por ende el período de rotación en general. Puede ocurrir que a causa de costos de almacenamiento, etc., se vuelva necesario un desembolso adicional de capital. Desde un principio resulta claro que el tiempo requerido para la venta de sus mercancías terminadas puede variar considerablemente en el caso de los diversos capitalistas que operan en el mismo ramo de la industria; o sea, no sólo tratándose de masas de capital invertidas en distintos ramos de la producción, sino también en lo que respecta a los diversos capitales autónomos que, de hecho, no son más que fracciones independizadas del capital global invertido en la misma esfera de la producción. Bajo circunstancias en lo demás iguales, el período de venta variará para l mismo capital individual con las oscilaciones generales que se den en las condiciones del mercado o con oscilaciones experimentadas por dichas condiciones en el ramo particular de la industria. No nos detendremos más, por ahora, en la consideración de este punto. Nos limitamos a comprobar un simple hecho: todas las circunstancias que generan, en definitiva, la diversidad entre los períodos de rotación de los capitales invertidos en los distintos ramos de la industria, tienen asimismo como consecuencia, cuando éstos operan de manera individual (cuando, por ejemplo, a un capitalista se le presenta la oportunidad de vender más rápidamente que su competidor, cuando el uno aplica más métodos que el otro para reducir los períodos de trabajo, etc.), la diversidad en cuanto a la rotación de los diversos capitales individuales radicados en el mismo ramo industrial.
Una causa siempre operante en la diferenciación del tiempo de venta, y por tanto en el de rotación en general, es la distancia que media entre el mercado donde se vende la mercancía y su lugar de producción.[b] Durante todo el tiempo de su traslación al mercado el capital se mantiene inmovilizado en la condición de capital mercantil; si la mercancía se produce por encargo, hasta el momento de entrega, y si no es ése el caso, al tiempo de traslación hasta el mercado debe sumársele además el que tarda allí en ser vendida. El perfeccionamiento de los medios de comunicación y de trasporte abrevia en términos absolutos [305] el período migratorio de las mercancías, pero no suprime la diferencia relativa que la migración hace surgir entre el tiempo de circulación de distintos capitales mercantiles, o incluso entre diversas fracciones del mismo capital mercantil que se trasladan a distintos mercados. Los veleros perfeccionados y los vapores, por ejemplo, que abrevian las travesías, las acortan tanto cuando se trata de puertos cercanos como de puertos remotos. La diferencia relativa se mantiene, aunque suela reducirse. Pero, debido al desarrollo de los medios de trasporte y comunicación, las diferencias relativas pueden modificarse a tal punto que no correspondan ya a las distancias naturales. Una vía férrea, pongamos por caso, tendida entre el lugar de producción y un centro principal de población ubicado en el interior, puede hacer que la distancia hasta un punto interior más cercano pero carente de conexión ferroviaria resulte mayor, en términos absolutos o relativos, si se la compara con la que hay hasta el punto naturalmente más alejado, de igual modo, el mismo hecho puede modificar la distancia relativa entre los centros de producción y los grandes mercados, lo cual explica que el cambio en los medios de trasporte y comunicación haya motivado la decadencia de viejos centros de producción y el ascenso de nuevos. (Agréguese a esto la mayor baratura relativa del trasporte para distancias largas que para las breves.) Simultáneamente con el desarrollo de los medios de trasporte no sólo se acelera la velocidad del desplazamiento, reduciéndose con ello la distancia espacial, no sólo se desarrolla la masa de los medios de comunicació, de tal modo, por ejemplo, que muchos barcos zarpan a la vez hacia el mismo puerto y diversos trenes por vías férreas distintas viajan entre dos puntos al mismo tiempo, sino que a lo largo de la semana, por ejemplo en varios días sucesivos, parten distintos barcos mercantes de Liverpool a Nueva York o, a diversas horas del día, salen de Manchester trenes de mercancías hacia Londres. Esta última circunstancia suponiendo un rendimiento dado de los medios de trasporte no altera por cierto la velocidad absoluta ni, por ende, esa parte del tiempo de circulación. Pero cantidades sucesivas de mercancías pueden ser expedidas en períodos consecutivos más breves y llegar así poco a poco al mercado, sin tener que acumularse en grandes masas, como capital mercantil potencial, hasta el momento de su despacho efectivo. Por consiguiente, el reflujo se [306] distribuye también en períodos consecutivos más breves, de tal suerte que constantemente una parte está transformada en capital dinerario mientras que la otra circula como capital mercantil. Mediante esta distribución del reflujo entre varios períodos consecutivos se reduce el tiempo global de circulación y por consiguiente, también, la rotación. En un principio, la mayor o menor frecuencia con que funcionan los medios de trasporte por ejemplo la cantidad de trenes en una vía férrea , de un lado se desarrolla conforme al grado en que un centro de producción produzca más, al grado en que se convierta en un gran emporio productivo, orientado hacia el mercado de salida ya existente y por tanto hacia los grandes centros de producción y de población, hacia los puertos exportadores, etc. Pero, de otro lado, esa particular facilidad del tráfico y de la rotación del capital acelerada por la misma (en la medida en que la rotación está condicionada por el tiempo de circulación), promueve, a la inversa, una concentración acelerada del centro de producción, por una parte, y por la otra de su mercado. Junto a la concentración, acelerada de esa manera, de masas de hombres yde capitales en determinados puntos, progresa la concentración de dichas masas de capital en pocas manos. Al mismo tiempo, vuelven a registrarse alteraciones y desplazamientos a consecuencia de los cambios acaecidos en la ubicación relativa de los centros de producción y de los mercados, cambios que obedecen, a su vez, a las modificaciones experimentadas por los medios de comunicación. Un centro de producción que por estar situado junto a una carretera o canal disfrutaba de una posición privilegiada, se encuentra ahora al lado de un solo ramal ferroviario de mala muerte en el que los trenes no operan más que a intervalos relativamente grandes, mientras que otro punto, antes completamente marginado de las grandes vías de comunicación, se halla ahora en el sitio donde se entrecruzan varias líneas férreas. El segundo lugar prospera, el primero decae. La modificación en los medios de trasporte, pues, genera una diferenciación local en cuanto al tiempo de circulación de las mercancías, a las oportunidades de adquirir, de vender, etc., o distribuye de otra manera las diferencias locales que ya existían. La importancia de este hecho para la rotación del capital se pone de manifiesto en los litigios de los representantes comerciales e industriales de diversas localidades [307] con las direcciones de las empresas ferroviarias.
(Véase el libro azul, citado más arriba,[c] de la Railway Committee [comisión Ferroviaria].)
Todos los ramos de la producción que por la naturaleza de sus productos dependen principalmente del mercado local, como las cervecerías, alcanzan sus dimensiones máximas en los grandes centros de población. La rotación más rápida del capital compensa aquí en parte el encarecimiento de muchas condiciones de la producción, de los terrenos donde se levantan las fábricas, etc.
Si bien, por una parte, con el progreso de la producción capitalista el desarrollo de los medios de trasporte y comunicación abrevia el tiempo de circulación para una cantidad dada de mercancías, ese mismo progreso y la posibilidad brindada por el desarrollo mencionado promueven, a la inversa, la necesidad de trabajar para mercados cada vez más lejanos, en una palabra, para el mercado mundial. La masa de las mercancías que se encuentran en camino, trasladadas hacia puntos remotos, crece de manera enorme, y por ende aumenta también, en términos absolutos y relativos, la parte del capital social que se encuentra constantemente, y durante lapsos más prolongados, en la fase del capital mercantil, dentro del período de circulación. Con ello se acrecienta también, al mismo tiempo, la parte de la riqueza social que en vez de servir como medio de producción directo, se invierte en medios de trasporte y de comunicación y en el capital fijo y circulante requerido para el funcionamiento de dichos medios.
La mera duración relativa del viaje de la mercancía desde el lugar de producción hasta el de mercado, origina una diferencia no sólo en la primera parte del tiempo de circulación, el tiempo de venta, sino también en la segunda parte, la reconversión del dinero en los elementos del capital productivo, el tiempo de compra. Las mercancías, por ejemplo, se envían hacia la India. Esta operación insume cuatro meses, pongamos por caso. Digamos que el tiempo de venta es = 0, esto es, que la mercancía se envía a pedido y que el comprador la paga al representante del productor en el momento de entrega. La remsión del dinero (la forma en que se lo remita no nos interesa aquí) dura otros cuatro meses. Transcurren por tanto ocho meses, [308] en total, antes que el mismo capital pueda funcionar de nuevo como capital productivo y, con ello, reiniciar la misma operación. Las diferencias así originadas en la rotación constituyen uno de los fundamentos materiales de los diferentes plazos de vencimiento, tal como el comercio de ultramar, por ejemplo en Venecia y Génova, es en general una de las fuentes del sistema crediticio propiamente dicho. "La crisis de 1847 permitió a la banca y el comercio de aquella época reducir los plazos usuales en la India y China" (en lo que respecta al vencimiento de las letras libradas entre esos países y Europa) "de diez meses fecha a seis meses vista, y el paso de veinte años, con su aceleración de la travesía y la introducción del telégrafo, [...] hace necesaria [...] ahora una nueva reducción, pasar de seis meses vista a cuatro meses fecha como primer paso para llegar a cuatro meses vista.[2] La travesía de un velero de Calcuta a Londres, por el cabo de Buena Esperanza, insume término medio menos de 90 días. Un plazo de cuatro meses vista equivaldría a un término de vencimiento, digamos, de 150 días. El plazo usual actualmente en vigencia, seis meses vista, equivale a un término de 210 días, aproximadamente." ("London Economist", 16 de junio de 1866.) Por el contrario: "El plazo usual sigue siendo, en el caso brasileño, de dos y tres meses vista, las letras de Amberes" (sobre Londres) "se libran a tres meses fecha, e incluso Manchester y Bradford giran sobre Londres a tres meses fecha y a plazos más prolongados. Mediante un convenio tácito se otorga así al comerciante una oportunidad suficiente de realizar su mercancía, seguramente no antes pero si en la fecha en que vencen las letras libradas contra él. De ahí que los plazos usuales en la India no sean desmedidos. Productos indios que en su mayor parte se venden en Londres a tres meses de plazo, no pueden, si en el cálculo se incluye algún tiempo para la venta, realizarse en un lapso menor de cinco meses, mientras que otros cinco meses transcurren término medio entre la adquisición en la India y la entrega en el depósito inglés. Tenemos aquí un período de diez meses, cuando las letras libradas contra las mercancías no pasan de siete meses".
("Ibídem", 30 de junio de 1866.) "El 2 de julio de 1866 cinco grandes bancos londinenses que trafican principalmente con India y China, así como el Comptoir d'Escompte parisiense, anunciaron que a partir del 1º de enero de 1867 [309] sus sucursales y agencias orientales sólo comprarían y venderían letras cuyo vencimiento no excediera de cuatro meses vista." ("Ibídem", 7 de julio de 1866.) Esta reducción fracasó, no obstante, y hubo que dejarla a un lado. (Desde entonces, el canal de Suez revolucionó todo esto.)[3]
Se comprende de suyo que al prolongarse el tiempo de circulación de las mercancías aumenta el riesgo de un cambio de precios en el mercado de venta, ya que se extiende el período durante el cual pueden verificarse cambios de precios.
Una diferenciación en cuanto al tiempo de circulación en parte individual, entre los diversos capitales individuales del mismo ramo de la industria, en parte entre diversos ramos según los distintos plazos de vencimiento usuales en ellos, allí donde los pagos no se efectúan al contado deriva de los distintos plazos de pago en la compra y en la venta. Pero aquí no nos detendremos más en este punto, importante para el sistema crediticio.
Del volumen de los contratos de entrega y el mismo se acrecienta con el volumen y la escala de la producción capitalista se derivan, asimismo, diferencias en el tiempo de rotación. El contrato de entrega, como transacción entre comprador y vendedor, es una operación correspondiente al mercado, a la esfera de la circulación. Las diferencias aquí suscitadas en el tiempo de rotación surgen, pues, de la esfera de la circulación, pero repercuten directamente en la esfera de la producción, y lo hacen aun si dejamos a un lado todos los términos de pago y las condiciones del crédito, o sea también en el pago al contado. Por ejemplo, el carbón, el algodón, el hilado, etc., son productos discontinuos. Cada jornada proporciona su cantidad de producto terminado. Pero si el dueño de una hilandería o el propietario de minas se compromete a suministrar masas de productos que exigen, digamos, un período de cuatro o seis semanas de jornadas laborales consecutivas, es exactamente lo mismo, en lo que se refiere al lapso durante el cual hay que adelantar capital, que si en ese proceso laboral se introdujera un período continuo de trabajo de cuatro o seis semanas. Se supone aquí, naturalmente, que toda la masa de producto pedida debe entregarse de una sola vez o que sólo se la paga luego de la entrega completa. De modo, entonces, que cada jornada, tomada por eparado, ha proporcionado cierta cantidad de producto terminado. Pero [310] esa masa de producto terminado nunca es más que una parte de la cantidad que según el contrato se debe entregar. Si bien, en este caso, la parte ya terminada de las mercancías pedidas no se encuentra ya en el proceso de producción, se halla sin embargo en el depósito como capital puramente potencial.
Pasemos ahora al segundo período del tiempo de circulación: el tiempo de compra o la etapa durante la cual el capital se reconvierte, pasando de forma dineraria a elementos del capital productivo. Durante esta etapa debe inmovilizarse durante más o menos tiempo en su condición de capital dinerario, esto es, cierta parte del capital global adelantado debe hallarse sin interrupción en el estado de capital dinerario, por más que esta parte se componga de elementos incesantemente variables. En determinada industria, por ejemplo, es necesario que del capital total adelantado existan n x £ 100 bajo la forma de capital dinerario, de tal manera que mientras todos los componentes de esas n x £ 100 se van transformando continuamente en capital productivo, esta suma se complete, también continuamente, con el aflujo procedente de la circulación, del capital mercantil realizado. Determinada parte de valor del capital adelantado, pues, se encuentra constantemente en el estado de capital dinerario, o sea en una forma que no corresponde a su esfera de producción, sino a la esfera de su circulación.
Vimos ya que la prolongación ocasionada por el alejamiento del mercado del tiempo en que el capital está confinado en la forma de capital mercantil, provoca directamente un retraso en el reflujo del dinero, y por tanto, asimismo, enlentece la transformación del capital de capital dinerario en capital productivo.
Y hemos visto, además (cap. VI), cómo en lo concerniente a la adquisición de mercancías el tiempo de compra, el mayor o menor alejamiento con respecto a las principales fuentes abastecedoras de materias primas, hace necesario adquirir esas materias para períodos relativamente prolongados y mantenerlas siempre listas para el uso bajo la forma de acopio productivo, o sea de capital productivo potencial o latente, que ese alejamiento manteniéndose en lo demás una escala igual e producción acrecienta la masa del capital que debe ser adelantado de una sola vez y el período por el cual hay que adelantarlo.
[311]
En los diversos ramos de la industria surten efectos sirnilares los períodos más breves o más prolongados en los cuales se vuelcan al mercado masas relativamente considerables de materias primas. Cada tres meses se llevan a cabo en Londres, por ejemplo, grandes subastas laneras que ejercen un influjo dominante sobre el mercado de la lana, mientras que el mercado algodonero se renueva en su totalidad de una cosecha a otra, de manera continua aunque no siempre uniforme. Tales períodos determinan los principales plazos de compra de esas materias primas e influyen también, en particular, sobre las adquisiciones especulativas, que a su vez condicionan adelantos por períodos mayores o menores en esos elementos de producción, tal como la naturaleza de las mercancías producidas ejerce su influjo sobre la mayor o menor duración del período durante el cual los especuladores retienen intencionalmente el producto bajo la forma de capital mercantil potencial. "El agricultor, pues, hasta cierto punto debe convertirse en especulador y, según las condiciones del momento, postergar la venta de sus productos..." Siguen algunas reglas de tipo general.[d] "Con todo, lo que más gravita en la colocación de los productos es la persona, el producto mismo y la localidad. El que por su destreza y buena suerte (!) está provisto de suficiente capital de explotación no habrá de ser objeto de reproche si, por ser desusadamente bajos los precios, retiene su cosecha durante un año, pero en cambio, el que carezca de capital de explotación o en general (!) de espíritu especulativo, tratará de obtener el precio medio corriente y por ende tendrá que vender apenas se le presente la oportunidad y todas las veces que se le presente. Mantener más de un año la lana en depósito no hará otra cosa, casi siempre, que deteriorarla, mientras que los cereales y las semillas oleaginosas pueden conservarse algunos años sin detrimento de su condición natural ni de su calidad. Los productos que están sujetos habitualmente a grandes alzas y bajas en intervalos breves como por ejemplo las semillas oleaginosas, el lúpulo, las cardenchas y otros similares son retenidos convenientemente durante los años en que el precio está muy por debajo de los precios de producción. Donde menos posible es la demora es en el caso de los objetos que ocasionan costos diarios [312] de mantenimiento, como el ganado de engorde, o que están expuestos a la descomposición, como las frutas, papas, etc. En muchas comarcas el precio de un producto desciende en ciertas estaciones, término medio, a su nivel más bajo, y por el contrario alcanza el más alto en otras fechas; así, por ejemplo, en no pocos lugares el precio del trigo es más bajo en San Martín que entre Navidad y Pascua. Igualmente, en más de una región hay no pocos productos que sólo se pueden vender bien en determinados momentos, como ocurre con la lana, por ejemplo, en los mercados laneros de las zonas donde el comercio de ese textil suele paralizarse, etc." (Kirchhof, p. 302.) Cuando se examina la segunda mitad del tiempo de circulación, durante la cual el dinero se reconvierte en los elementos del capital productivo, no sólo se tiene en cuenta esta conversión, considerada en sí misma; no sólo el tiempo que el dinero tarda en refluir, según la lejanía del mercado en que se vende el producto, sino también, ante todo, el volumen en que una parte del capital adelantado debe encontrarse constantemente bajo la forma de dinero, en el estado de capital dinerario.
Prescindiendo de toda especulación, el volumen de las adquisiciones, en el caso de las mercancías que deben estar en disponibilidad permanente como acopio productivo, depende de los períodos de renovación de ese ácopio, o sea de circunstancias que a su vez dependen de las condiciones vigentes en el mercado y que por tanto difieren en el caso de las diversas materias prmas; por eso es necesario aquí, de tanto en tanto, adelantar de una sola vez cantidades de dinero relativamente considerables. Según sea la rotación del capital, el dinero refluye con mayor rapidez o lentitud, pero siempre fraccionadamente. Una parte del mismo se vuelve a gastar, con igual continuidad, en períodos relativamente breves, o sea la parte reconvertida en salarios. Pero otra parte, la que se reconvierte en materias primas, etc., debe acumularse durante lapsos relativamente considerables, en calidad de fondo de reserva, sea para compras, sea para pagos. De ahí que exista bajo la forma de capital dinerario, aunque varíe el volumen en que existe en cuanto tal.
Veremos en el capítulo siguiente cómo otras circunstancias, ya surjan del proceso de producción o del de circulación, requieren esa preexistencia bajo forma dineraria de [313] determinada porción del capital adelantado. Pero hemos de advertir, en general, que los economistas son muy proclives a olvidar que no sólo una parte del capital necesario en una empresa recorre alternativa y constantemente las tres formas de capital dinerario, capital productivo y capital mercantil, sino que siempre diversas porciones de ese capital poseen al mismo tiempo esas formas, por más que la magnitud relativa de dichas porcioncs varíe constantemente. Sobre todo la parte que olvidan los economistas es la que existe constantemente como capital dinerario, pese a que esta circunstancia es, precisamente, muy necesaria para la comprensión de la economía burguesa, y aunque por tanto se haga notar también, como tal, en la práctica.


[a]

a En el manuscrito de Marx (II, p. 84), este texto se halla encabezado por el siguiente subtítulo: "e) La diferencia en el tiempo de circulación". Engels dio el mismo título a dos capítulos diferentes, el V y el XIV. (R 660/1 y 663/1.)
[1] [55] Literalmente, "períodos de circulación [Umlaufsperioden]". Se trata, con seguridad, de un lapsus. Véase más adelante, en este mismo párrafo, a partir de donde dice: "no obstante, el tiempo de rotación", etc.-- 303.
[b] b En la 1ª y 2ª ediciones, "lugar de venta".
[c] c Véase, en el presente volumen, la p. 180
[2] [56] Las palabras "de seis meses vista a cuatro meses fecha, como primer paso para llegar a cuatro meses vista", no figuran entre comillas en el original inglés, tal como se lo presenta en TI 256.-- 308.
[3] [57] Kautsky conjeturó acertadamente que este paréntesis debía ser de Engels, puesto que el canal de Suez se había inaugurado en noviembre de 1869 y Marx redactó este manuscrito ya el año siguiente, en 1870 (véase K 275). Rubel (662/1) confirma que la frase es de Engels. Llama la atención el hecho de que Kautsky --que tenía acceso a los originales de Marx y había publicado el libro IV de "El capital"--, como editor de los tomos II y III no haya creído necesario compulsar los manuscritos del autor, ni siquiera en casos de duda como éste.-- 309.
[d] d Frase de Engles.







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